Tipo de Publicación: Ensayo
Recibido: 10/06/2021
Aceptado: 01/07/2021
Autor: Loida
Betancourt Hernández
Lic.
Educación Integral
Universidad
Nacional Abierta (UNA)
Msc. en
Lingüística
Universidad
Pedagógica Experimental Libertador (UPEL)
Barquisimeto
- Venezuela
https://orcid.org/000-0002-0873-2703
E-mail: loidabet47@gmail.com
PERSPECTIVA
UTOPICA FEMINISTA: LEGADO VENEZOLANO
Resumen
A
partir de la distinción de la perspectiva utópica, como el debate político de
trascendencia futura, el presente ensayo aborda el
análisis crítico de las distintas etapas del feminismo eurocentrista y las
luchas feministas en el contexto latinoamericano, con el propósito de exponer
el pensamiento utópico del feminismo venezolano, de acuerdo con los aportes de
tres venezolanas que conforman un legado de lucha como baquía orientadora de
las nuevas generaciones. Dado la amplitud del debate se considera el
pensamiento de Boaventura de Sousa en relación de la construcción de una
epistemología y método propio que se adecue a la realidad venezolana y
latinoamericana. La información se obtuvo a través de consulta bibliográfica y
documental. Se concluye que el desafío del feminismo
actual persiste en percibir las opciones que posibiliten la construcción de una
teoría intersectorial de bases ancestrales y en articulación con el feminismo
latinoamericano.
Palabras
clave: Perspectiva utópica, legado de
lucha, baquía, bases ancestrales, feminismo.
FEMINIST UTOPICA PERSPECTIVE:
VENEZUELAN LEGACY.
Abstract
Based on the distinction of utopian perspective, such
as the political debate of future significance, this article addresses the
critical analysis of the different stages of Eurocentrist feminism and feminist
struggles in the Latin American context, with the aim of exposing the utopian
thinking of Venezuelan feminism, according to the contributions of three
Venezuelans who make up a legacy of struggle as a guiding bath of the new
generations. Given the breadth of the debate, Boaventura de Sousa's thinking of
the construction of an epistemology and his own method is considered to be in
ac addition to Venezuelan and Latin American reality. The information was obtained
through bibliographic and documentary consultation. It is concluded that the
challenge of current feminism persists in perceiving the options that enable
the construction of a cross-sectoral theory of ancestral bases and in
articulation with Latin American feminism.
Keyword: Utopian
perspective, legacy of struggle, bath, ancestral foundations, feminism.
La perspectiva utópica feminista en este ensayo, se enfoca
en la
realidad vivida, sentida y
proyectada desde la experiencia (lo dado) de mujeres, en un pensamiento
orientador y baquiano del recorrido reorganizador y generador de nuevos valores de prácticas social para la
convivencia colectiva.
A través de una breve descripción histórica de las distintas
etapas del feminismo hasta el legado de luchas venezolanas se trata de explicar
la evolución política y social, desde la base, del pensamiento utópico como
instrumento de feminización institucional y social, que además de las mujeres
también favorezca a los hombres y a la sociedad en general.
En este sentido, es posible decir que las mujeres han
logrado transcender las injusticias políticas y sociales en la conformación de
una ideología feminista, la cual constituye un invaluable aporte para que las
nuevas generaciones puedan seguir avanzando en la construcción de una sociedad
más justa, más equilibrada.
Los procesos más trascendentales del feminismo han sido
clasificados como “olas”, que no es otra cosa que la descripción histórica de
las etapas cumbres que han generado una significativa experiencia a las mujeres
en la lucha contra la opresión patriarcal.
Se considera oportuno mencionar
aquí como dato curioso, que antes de la caracterización de las “olas”
feministas, la humanidad ya revestía a la mujer de gran poder social y político
a través de comedias y narrativas, como el reflejo de una realidad solapada. Un
ejemplo lo representa la comedia de Lisítrata, la cual encierra una
crítica femenina vinculada a la política de la antigua Grecia a través de las
necesidades básicas de los hombres.
Esta comedia reviste la
protesta de las mujeres, cansadas de engendrar los hijos para verlos morir en
la guerra, y al mismo tiempo expone el poder que puede llegar a tener la mujer
sobre el hombre en determinado momento y necesidades humanas. Según la refiere
López (2006), Lisítrata ha sido considerada como la primera heroína
femenina, promotora de la abstinencia sexual de las mujeres con sus esposos,
como una estrategia para obligarlos ponerle fin a la guerra.
Por otro lado, pone en
perspectiva la unión femenina como una poderosa herramienta de lucha para el
logro de objetivos comunes, en Lisítrata
el propósito era ver crecer a los hijos en paz; sin embargo es una
experiencia aplicable desde otras estrategias y a otros objetivos en función
del bien social común. Esta comedia sirve de referencia de la longeva
concepción de las relaciones de poder entre los sexos, así como la importancia
que han tenido las mujeres en las distintas dimensiones sociales de la
humanidad y su capacidad de reducir el poder de los hombres cuando la necesidad
de convivencia así lo ha demandado.
En el Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels
(1982) relató la preponderancia que tuvieron las mujeres hasta la aparición de
los metales y el dominio que sobre los mismos lograron los hombres en función
de las necesidades de trabajo y producción.
Según este relato, el dominio
de los metales propició la división del trabajo, porque le permitió al hombre
desarrollar estrategias para acondicionar y ampliar su campo productivo,
establecer la propiedad privada en la que se incluía, además de las tierras y
los rebaños, las mujeres, niños/niñas y ancianos (as).
En esta obra, Engels (Ob. Cit)
da a entender que el poder de la mujer solo es minimizado con la fuerza física
del varón y la capacidad productiva que esta fuerza puede generar en
comparación con la capacidad física y
productiva de las mujeres.
La obra de este autor ha sido
cuestionada en distintas oportunidades por las feministas, en este ensayo es
referida solo para tratar de entender como la historia ha revestido el poder
femenino desde la antigüedad, y como el sistema patriarcal, al mismo tiempo, ha
tratado de invisibilizarlo durante siglos a través de cuentos, leyendas y
narrativas entre otras formas enajenantes de dominación.
Aunque la participación de las
mujeres en el quehacer social de la humanidad en tan longevo como la del
varón, no es hasta el periodo de la
ilustración que se logra un avance real innegable.
Ese avance constituyó una
significativa experiencia política organizada en la Declaración de los Derechos
Humanos de las Mujeres y las ciudadanas, propuesta por Olympes de Gouges en
1791.
Las mujeres del XVIII, según
explica Varela (2008) solo querían tener derecho a la educación, al trabajo
remunerado, derechos matrimoniales y a los hijos, por lo que consideraron
oportuno organizarse para declararlos, tomando en cuenta los valores
democráticos y de inclusión social que propugnaba los revolucionarios
franceses.
Sobre el particular Piva (2015)
explica que dicha declaración no fue aprobada a pesar de que las mujeres
proponían su inclusión social y política en los mismos términos establecidos
por los revolucionarios en la declaración de los Derechos de los hombres y los
ciudadanos.
Por el contrario, solo logró
exponer una serie de circunstancias deshumanizantes de las mujeres, al punto
que sus aspiraciones de igualdad con los hombres son consideradas, por estos,
como una falta tan grave que justificó la pena de muerte de su principal
proponente, y con esa horrenda acción lograron apartar a las mujeres del poder
político y social de aquel momento histórico.
De acuerdo con Varela (Ob. Cit.)
la muerte de Olympes de Gouges, además del encarcelamiento y persecución que
sufrieron otras participantes de esa primera ola feminista, dejó atadas de pies
y manos a las mujeres, pero no así sus pensamientos, pues ya tenían una
experiencia política propia con la que era posible continuar construyendo una
realidad diferente a la que conocían.
Esa experiencia política se fue
fortaleciendo en la medida en que se organizaban en otras luchas, como la que
emprendieron a favor de la abolición de la esclavitud, y que les permitió
comprender que su condición de mujer ante el mundo no era muy diferente a la
realidad de los esclavos.
Esa experiencia fue muy
importante porque logró poner en perspectiva la condición de las mujeres ante
sí mismas y ante el mundo. No solo les permitió generar nuevas estrategias de
luchas para la conquista de sus derechos sociales y políticos, sino que,
además, las fortaleció como seres sociales capaces de lograr sus propios
objetivos.
En este orden, Varela (Ob. Cit.)
refiere el congreso esclavista celebrado en Londres en 1840, lo que significó
una nueva injusticia que vivenciaron las mujeres por medio de las
representantes de Estados Unidos. No fueron reconocidas como delegadas y el
congreso se negó a recibirlas, por ser mujeres.
Durante su trayectoria de
lucha, las mujeres sufren traiciones y desengaños que las hacen comprender que
debían ser ellas mismas las que libraran sus propias batallas, al darse cuenta
que hasta los mismos esclavistas, con los que habían hecho causa común, no
apoyaron su demanda por los derechos a la participación política y social en
igualdad de oportunidades que los hombres.
Con perseverancia y apegadas a
procesos pacíficos lucharon hasta lograr que se aprobara la reforma de la
Constitución de Estados Unidos, y en 1920 las mujeres votaron por primera vez.
Ese proceso se le conoce como el feminismo sufragista, pero también es considerado
como la segunda “ola” del feminismo.
Poco a poco las mujeres logran
abrirse paso en un mundo hasta entonces concebido solo para los hombres, y la
experiencia adquirida les permite establecer la base necesaria para la
consolidación del feminismo como movimiento social y político desde la
concientización y carácter humanístico, de mujeres y hombres como sujetos de
derechos en igualdad de condiciones indistintamente de las naturales
diferencias biológicas.
El surgimiento
del marxismo coincide con las luchas de las sufragistas (1840) lo que al
momento fue esperanzador para el pensamiento crítico y político del feminismo
porque coinciden en la visión y explicación de la estructura de un sistema
social en relaciones de dominantes y dominados, sin embargo, Marx no logró
explicar la dominación de los hombres a las mujeres.
En ese sentido Varela (Ob. Cit.) sostienen que el feminismo
ya venía explicando el sometimiento y dominación del hombre a la mujer en
términos de la cultura patriarcal, que no solo afectaba a las mujeres en su
cotidianidad, sino también a hombres, niños, mujeres y niñas en condición de
esclavitud.
En palabras de este
autor, es esta la razón por lo que el feminismo y el marxismo, a pesar de su
acercamiento polemizaban; no había claridad en las ideas de Marx en las que el
feminismo se pudiera sustentar para la construcción de alternativas
emancipadoras
El feminismo va más allá de un
simple movimiento de mujeres o de un posicionamiento intelectual y político,
implica la toma de conciencia ante la situación de sometimiento de un sistema
que las oprime, las discrimina y las invisibiliza.
Así lo explica Jelin (2020) y
aclara que el feminismo involucra la vivencia que se manifiesta en las
decisiones de vida de las mujeres en su relación de pareja, socialización con
los hijos e hijas, su desarrollo profesional y la forma de interactuar con sus
pares, varones/mujeres.
Pero esta vivencias y maneras
de relacionarse de las mujeres y su entorno no es estandarizada, las
experiencias de vida de las personas están relacionadas con el contexto social
y cultural en el que se desenvuelve, por lo tanto varían de un pueblo a otro,
de una sociedad a otra.
Contexto
Latinoamericano.
Cuando
se habla de la historia del feminismo latinoamericano, es importante entender
que el contexto social y cultural tiene dimensiones propias, vinculadas a una
ideología política en la que las mujeres se identificaron como revolucionarias
y marxistas.
Pasó
algún tiempo para que las mujeres de esta parte del mundo llegaran a considerar
el feminismo, como ideología emancipadora con la cual hacer frente al
patriarcado, aunque luchaban por la emancipación social y política de los
pueblos.
Esto
se debe a que, a diferencia del feminismo eurocentrista, las mujeres
latinoamericanas se vieron inmersas en los procesos revolucionarios armados,
por lo que no era extraño que asumieran el marxismo cómo bandera de lucha ante
la opresión política y social a la que estaban sometidos algunos de los pueblos
latinoamericanos.
Sin
embargo, la aparición del Segundo sexo (1949) obra se Simone de Beauvoir propicia la apertura del debate que conlleva a una mayor explicación
y aceptación del feminismo, como corriente ideológica y revolucionaria y
emancipadora de las mujeres.
Aunque Simone de Beauvoir no se asumió como
militante de ningún movimiento social o político, su obra estableció las bases
para lo que posteriormente se denominó como la tercera “ola” del feminismo, y
su pensamiento se constituyó en una especie de manifiesto con el que las
mujeres del mundo logran identificarse en la demanda de sus reivindicaciones
sociales y políticas.
A pesar de la influencia del pensamiento de
Beauvoir en los movimientos de mujeres, hay que reconocer que las estrategias
emancipadoras no son aplicables como un recetario médico para la cura de un mal
común de la humanidad.
Cada
sociedad enfrenta problemáticas distintas en la que inciden las creencias y
costumbres particulares. La realidad social, cultural y política de cada región
del mundo, no puede ser globalizada en teorías o métodos ajenos a la manera de
pensar y sentir de las personas de un contexto cultural determinado.
Al respecto hay que señalar que, si bien los movimientos
sociales latinoamericanos se identificaron con el marxismo y más tarde con la
teoría crítica, de tradición marxista surgida de la Escuela de Fráncfort,
Boaventura De Sousa (2006) aclara que ni el marxismo, ni la teoría crítica
eurocentrista pueden ser la bandera de lucha de los movimientos sociales
latinoamericanos, incluyendo el movimiento de mujeres.
A consideración del referido autor, estas teorías no ofrecen
alternativa metodológicas ni explicativas que puedan aportar solución a las
problemáticas sociales de la región, y expone que “ya es hora de asumir una
epistemología propia que pueda dar cuenta de las necesidades de los actores
ignorados y sometidos a una episteme dominante” (p. 53).
Desde esta perspectiva cabe la reflexión sobre la necesidad
de una teoría feminista fortalecida desde una episteme que articule lo dado con
lo actual, adecuándose a una metodología que genere las estrategias para
conocer y expandir el conocimiento nuevo enraizado en la cultura
latinoamericana.
Algunas estudiosas del tema, como Luxan y Azpiazu (2012)
consideran que todo método y estrategia que se apoye en la epistemología
feminista, son métodos feministas siempre y cuando develen las relaciones de
género, den cuenta de las desigualdades que surgen de esas relaciones y contribuyan
a la solución de las mismas.
Sin negar la importancia de los métodos y estrategias que
hasta el momento han contribuido en los
estudios de género, no se puede obviar lo dicho por Boaventura de Sousa en
función del fortalecimiento del feminismo regional.
El feminismo, como ideología política y social requiere de
una teoría y método propio con el que se pueda insertar el conocimiento nuevo
en las raíces profundas del feminismo latinoamericano y los pueda
transversalizar en el quehacer social e institucional de los pueblos.
Existe importantes referentes históricos en Latinoamérica de
mujeres que han aportado al fortalecimiento onto-epistémico, del pensamiento
dialógico con capacidad explicativa de la condición de las humanas y de
aceptación del pensamiento de la otra y del otro en la búsqueda de un
equilibrio social más igualitario.
En este sentido, es posible decir que las mujeres han
asumido, de manera integral, las luchas de todos en un amplio espectro de
diversidad y pluralidad, sustentadas en sus propias realidades y no en reflejos
de realidades fuereñas.
Pensamiento
utópico venezolano
Hablar del legado histórico y cultural venezolano, que ha
servido de base al feminismo regional sustentado en las raíces culturales de
género y de clase sobre el cual se ha venido construyendo una nueva sociedad
más recíproca desde la misma esencia humana, es reconocer la rebeldía de
mujeres que se negaron aceptar la sumisión como una opción de vida.
En este orden de ideas, las luchas de las mujeres en
Venezuela se encausan en el pensamiento utópico femenino, que ha podido
vincular lo dado con lo nuevo para visionar un futuro por construir con base de
equidad como garantía de igualdad de oportunidades culturales, políticas y
sociales sin que el sexo sea una limitante del desarrollo intelectual y
creativo de mujeres y de hombres.
En este sentido, es necesario comprender que la práctica de
la equidad es un gran compromiso social de todos, desde la conciencia utópica y
liberadora que aporte a la construcción pragmática de las relaciones humanas en
todas las dimensiones sociales, basadas en dialogicidad y dinamismo coherentes con la misma esencia humana.
No se trata de un pensamiento solo de mujeres por las
reivindicaciones de sus derechos, se trata de un modo de construir realidades
sobre la base de la reciprocidad entre los hombres y las mujeres para el
establecimiento del equilibrio social.
Es por eso que el pensamiento utópico, en función de la
crítica feminista debe ser orientado al desmontaje de las desafiantes
injusticias limitadoras del bienestar de las mujeres, de los hombres mismos, y
de la construcción de nuevas formas de concebir la realidad social.
La perspectiva utópica, como lo explica Centeno (2005)
entendida como “el debate político de trascendencia futura, es capaz de
visionar la realidad social desde un contexto particular” (p. 4), en este caso
desde la realidad latinoamericana y especialmente, la venezolana.
En este mismo orden, el pensamiento utópico permite entender
y comprender la presencia histórica de las mujeres que han gestionado los
cambios y construido circunstancias idóneas para que las nuevas generaciones no
duden en proseguir con su legado.
Sobre el particular Bosch, Ferrer y Alzamora (2006),
explican que “es un proceso que se camina poco a poco en busca de la salida del
laberinto patriarcal pero que ya
existe una base para seguir avanzando”
(p.28).
Al respecto es oportuno citar a Galiano (2016), quien
refiere la utopía desde el pensamiento de Fernando Birri de la siguiente
manera:
Ella
está en el horizonte –dice Birri- me acerco dos pasos y ella se aleja dos
pasos, camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá, por mucho
que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve,
para caminar (p.19).
Es pertinente mencionar la importancia de preservar la
memoria histórica en relación a como se fueron humanizando las sociedades del
mundo; en su mayoría son el producto de
proceso de luchas, muchas veces a través históricas guerras.
En esos procesos conformadores de sociedades las mujeres han
tenido destacada participación, pero en un paralelismo cultural también han tenido que luchar por su
visibilización en el escenario humano y por el reconocimiento de sus derechos al igual que los varones en
el contexto social y político.
Desde esta perspectiva es posible destacar un legado de
lucha feminista de tres mujeres venezolanas, que de alguna manera, han
constituido las bases del pensamiento utópico para que otras sigan forjando la
construcción de una sociedad más igualitaria entre hombres/mujeres, sin perder
de vista la esencia cultural como legado de lucha.
La experiencia de vida de cada una de estas mujeres en
distintos procesos del siglo XX, son representativas de la experiencia vivida
por muchas otras que pudieron trascender en la consolidación de las bases del
feminismo venezolano y que hoy se proyecta en Latinoamérica como un ejemplo de
fuerza política y social transformadora.
A través de un hilo cronológico se trata de explicar aquí el
pensamiento utópico del feminismo venezolano, y como se ha venido consolidando
sobre lo dado en la construcción de nuevas realidades sociales y políticas con
una destacada participación femenina.
Teresa de la Parra (1899-1936), vivió en una época signada
por un marcado dominio varonil, sin embargo, no solo logró abrirse camino y
destacar en el mundo literario, sino como mujer ante el mundo en las primeras
décadas del siglo XX.
Dicho de esta manera puede parecer fácil pero en realidad,
según lo explica de la Parra (1930) fue muy cuestionada por su condición de
mujer escritora, incluso se le llegó a acusar de plagio, porque se suponía que
las mujeres carecían de capacidad intelectual para irrumpir en un escenario
hasta entonces, considerado solo para hombres.
En 1930, fue invitada a Colombia para dar una serie de
conferencias en la que debía hablar sobre su propia vida, su vocación literaria
y sobre sus libros, oportunidad que aprovechó para exponer su visión del papel
de las mujeres en la historia de Venezuela, con lo que deja clara su ideología
feminista, a pesar de los estereotipos sociales que determinaban el quehacer de
la mujer de la época.
Dedicó su conferencia a la
Influencia de las mujeres en la
formación del alma americana, y la estructuró en tres abordajes para
referirse a las mujeres de la conquista, las mujeres de la colonia y las
mujeres de la independencia, tratando de rescatar, como ella misma lo explicó,
su papel histórico sin importar si el mismo era pasivo o activo.
Afirmaba que su feminismo era moderado, pero eso no le
impidió expresar su punto de vista sobre lo que debería ser los nuevos derechos
de la mujer moderna y no dudó en expresar su pensamiento sobre lo que
significaba la emancipación de las
mujeres.
Por expresar su pensamiento fue seriamente cuestionada y sus
obras fueron consideradas como un mal ejemplo para las jóvenes, aunque en las
mismas solo exponían la realidad que vivían y padecían las mujeres de la época
y así lo refiere en la conferencia.
Explica que Mamá Blanca reviste la sumisión de las abuelas,
de las mujeres de los guerrilleros o de los hombres “verbosos”, mientras que
Ifigenia destaca el drama de las mujeres inmersas en un orden social
establecido, que les niega el derecho de escoger por sí mismas con quien
casarse, así como el derecho de expresar su pensamiento.
Al referirse al paso de la contemporalidad, después de la
Independencia expresa que los derechos de las mujeres deben ser conquistados
por medio de la educación y aprovechamiento de las fuerzas del pasado a través,
de lo que denominó, evolución noble en vez de revoluciones bruscas y
destructoras, con lo que se desmarca del movimiento sufragista. Con estas
ideas, Teresa de la Parra deja clara la necesidad de la educación femenina para
el fortalecimiento de la capacidad intelectual y productiva de la mujer como
una herramienta de lucha incuestionable.
Para la tercera década del siglo XX, el feminismo seguía
siendo cuestionado como movimiento de mujeres, por lo que de la Parra prefiere
la moderación, pero con gran firmeza sostiene sus ideas emancipadoras. Por otro
lado, considera que las mujeres tienen la responsabilidad de asumirse fuertes,
libres ante sí mismas y sanas de hipocresía; pero ante todo deben ser
conscientes del peligro de ser mujer y al mismo tiempo ser útil a la sociedad, lo que no implica que
necesariamente deban ser madres de familia, como lo prescribían los estereotipos
sociales del momento.
Propugnaba la importancia de la independencia económica por
medio del trabajo remunerado que le permita a la mujer colaborar con el hombre
y no percibirlo “ni enemigo ni candidato explotable, sino compañero y amigo” (p
21), en condiciones de reciprocidad mujer/hombre.
El pensamiento de Teresa de la Parra, giró en torno de la
visibilización de las mujeres en un plano de igualdad con los varones,
generadora de su propia economía y colaboradora del hombre como compañera y
amiga, un ser social productivo independiente y capaz de sobreponerse al
peligro de la sumisión.
Aunque esta mujer no llegó a participar en ningún movimiento
feminista, ni se identificó en militancia política, su capacidad intelectual le
permitió librar duras batallas para abrirse camino desde su condición de mujer.
El pensamiento de Beauvoir es posterior al de la Parra, sin embargo,
llegan a coincidir en muchos aspectos, especialmente en la crítica a ciertos
comportamientos de mujeres que contribuían con su propia enajenación.
Para Teresa de la Parra (Ob. Cit.) el verdadero peligro de
la virtud femenina no son los libros ni las universidades, sino más bien la
frivolidad con que las niñas casaderas y las señoras mal casadas tratan de
distraerse, mientras “que encausadas hacia el estudio y al trabajo podrían
haber sido mil veces nobles y santas” (p.21).
Por su parte, de Beauvoir (Ob. Cit.) expresa que “no se nace
mujer, se llega a hacerlo” (p.109), frase con la que reviste el carácter de
lucha de las mujeres contra la sumisión. Establece la diferencia entre nacer
biológicamente femenina y el convertirse en mujer, libre, emancipada, lo que a
su parecer se logra a través de luchas constantes para vencer la
discriminación, encasillamiento y las restricciones a la educativa. Ambas coinciden en la educación como
estrategia clave para sobreponerse a la sumisión, y el trabajo productivo y
remunerado para conquistar la independencia económica.
En este
mismo orden, se hace referencia a otras
de las mujeres que ha dejado un amplio
legado al feminismo venezolano. La maestra Argelia Laya (1926-1997),
considerada como la madre del feminismo venezolano y una de las mujeres más
importantes del país, no por una posición de clase privilegiada, por el
contrario, su vida estuvo signada por luchas sociales y activismos políticos
que generaron cambios trascendentes a favor de las mujeres y las niñas.
Se puede decir que Laya se hizo mujer (de Beauvoir) en la fraga cultural, política y
social en la que le correspondió luchar no solo desde su condición de mujer
sino también, desde su condición de afrodescendiente.
Algunos elementos biográficos son necesarios aquí, para
explicar aspectos que fortalecieron la vida de Laya ante las injusticias
sociales y ayudan, además, a la comprensión de su pensamiento feminista, mucho
más radical que el de Teresa de la Parra y más acorde con el pensamiento de
Simone de Beauvoir.
De acuerdo con Mora (2016), a esta mujer le tocó vivir en
tiempo de dictadura, su padre participó en la resistencia contra el dictador
Juan Vicente Gómez, y su madre la preparó
para que defendieran su condición de afro descendientes, así como su
condición de mujer.
La capacidad humana de Laya se pierde de vista, y su esencia
feminista impregnó cada espacio social y político en los que le correspondió
actuar como maestra, política y luchadora social.
De acuerdo con Carioso (2014), Laya representa el punto de
referencia máxima de la lucha de las mujeres venezolanas, en torno a ella se
aglutinaron las feministas y las políticas que combatieron durante la del siglo
XX, entre otras causas, por la visibilización de la situación de dominación que
sufrían las mujeres.
En la década del 60, en Venezuela, se lograron importantes
avances en derechos e igualdad de género gracias a su capacidad de lucha
manifestada en la creación de organizaciones sociales, “peleas” en el Congreso
(como se denominaba el poder legislativo) foros universitarios, desde su
convicción de que “ninguna tribuna de las pocas que se conseguían para la época
debía dejarse vacías” (p. 8). El pensamiento feminista de Laya, estuvo muy
vinculado a la revolución y el establecimiento de un sistema social más
igualitario y justo para las mujeres.
Como lo explica Mora (Ob. Cit.) fue una férrea luchadora
contra el analfabetismo femenino, la discriminación educativa, el derecho de
las mujeres embarazadas a conservar su trabajo, la creación de las
guarderías, abogó por la abolición de
los estereotipos de género de los espacios sociales que enajenaban más a las
mujeres que a los hombres, la despenalización del aborto, entre otros aspectos
que contribuyeron al fortalecimiento de
la igualdad y equidad de género.
Por otro lado, fue propiciadora del avance de las mujeres
venezolanas en la conquista del voto, la iniciación a la participación
política, así como el derecho al estudio y al desarrollo social sin que la
maternidad fuera un obstáculo indistintamente de la condición civil de la
mujer. Todos estos logros, entre otros, permitieron la conformación de una base
sobre la cual las mujeres de las nuevas generaciones han podido seguir
construyendo el feminismo actual, desde su propia realidad social y política.
En concordancia al orden cronológico, es pertinente referir
aquí a María León, política venezolana, luchadora por la causa de las mujeres y
las acusas de los grupos más vulnerables. Nació en Caracas en 1937 y en la
actualidad es un testimonio viviente de la capacidad de lucha desde la
convicción social y política como ciudadana en reciprocidad con el hombre.
Conocer la evolución de María León ante la historia, es sin
duda conocer las luchas de tantas mujeres venezolanas que no han tenido
oportunidad de contarle al mundo su experiencia, las vividas, las sentidas;
pero que a través de esta aguerrida mujer, es posible reconocerse en un plano
humano de reconstrucción de nuevos saberes feminista para la consolidación de
una sociedad más justa e igualitaria.
María León, como ella misma lo ha comentado, sufrió el
maltrato físico y verbal por parte de su esposo, comprendió a tiempo que no era
una convivencia justa, logró separarse e inicia las luchas propias y las de
otros como militante política y activista social bajo la dirección de María
Laya.
Vivenció distintos actos de violencias políticas que la
llevaron a unirse a la guerrilla; pero como ella misma cuenta, no se analizaba
que el papel de la mujer, aún en tiempos de guerrilla seguía siendo el de la
sumisión. Fue entrenada, conjuntamente con otras compañeras para ejercer el rol
de maestras y enfermeras y estar en contacto con las familias campesinas, por
ser mujeres era lo que les correspondía hacer.
Llegó a estar en situación de riesgo con sus compañeras, lo
que las obligó a unirse al campamento de los hombres donde recibieron igual
entrenamiento y fue allí donde comprendió, que más allá de ser mujer era una guerrillera
en igualdad de condiciones y como tal los hombres la pudieron apreciar.
En una entrevista
conducida por Arriaran (s/f), María León explicó que las mujeres sufragistas
dieron origen al feminismo; pero que su lucha se diferenció de los obreros porque ellos luchaban por sus
necesidades inmediatas, en cambio las mujeres luchaban por los derechos humanos
y políticos, los propios
y de las niñas, pero también por los de otros grupos con los que habían
hecho causa común. Por otro lado, explicó, que el movimiento de
mujeres para ese momento era mal visto por el movimiento de los obreros… “para
nosotras las revolucionarias hablar de feminismo era un insulto, porque toda
esa rebeldía irreverente nos causaba estupor”.
Es posible entender, de acuerdo a la explicación histórica
hasta ahora analizada, que para Argelia Laya y María León, así como para muchas
otras mujeres que se asumieron revolucionaras marxistas, el feminismo no era
una opción de lucha hasta mediados del siglo XX.
Tal como lo ha explicado León, todo esto cambió a partir de
la publicación de la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo que permitió abrir el debate, y las feministas
lograron acuñar el término como género y es con ese término que logra entrar a
las ciencias sociales; Explica que como feminismo no hubiera entrado nunca por
los prejuicios, diversidad de expresiones y movimientos con que se
manifestaban.
Para esta activista política y
social, la corriente del feminismo se define como la satisfacción de las
necesidades prácticas y estratégicas de las mujeres que se alimentan del
feminismo académico y político, por lo que el enfoque actual supera todo lo
anterior. Aclara que el enemigo del
feminismo no son los hombres, sino el patriarcado.
Así mismo reconoce que ha sido
una lucha de clase exacerbada de más de 100 años, contra una cultura de más de
10 mil años de historia de clases; pero que se ha comenzado a construir una
nueva sociedad más igualitaria que ha venido sustituyendo a la clase dominante,
lo que significa una lucha tremenda que involucra la política, la religión y el
feminismo.
Desde esta perspectiva María
León está convencida que feminismo regional debe ir de la mano de las luchas de
género, las luchas de clase, y las luchas étnicas, considera que ésta última es
vital porque si negara las raíces indígenas y afrodescendiente se rompe la
herencia de luchas.
Al analizar los tres referentes
del feminismo venezolano, es posible entender que el pueblo mujer tiene mucho
que contar, muchos saberes que compartir, muchas experiencias vividas, sufridas
y condensadas como baquías para el pensamiento utópico feminista sobre el cual
la generación actual puede seguir aportando en la construcción de nuevas formas
relacionantes y de reciprocidad del hombre y la mujer.
Esta baquía muestra el recorrido
a partir de Teresa de la Parra, fortalecido por María Laya y otras que le acompañaron,
como María León quien en la actualidad representa la vinculación ideológica de
las raíces ancestrales con nuevas alternativa emancipadoras desde Venezuela. Es
necesario tener presente que la utopía es un proyecto que se ejecuta a partir
de lo dado, de lo que hasta ahora se ha construido teniendo en cuenta lo que
puede darse en el futuro desde la consideración de la fuerza del pasado.
Sobre el particular Cerutti y
Mondragón (2006) consideran que hay que tener en cuenta las capacidades para
percibir las opciones, las posibilidades y las situaciones desde las cuales
construir el futuro; así mismo aclaran que “las opciones guardan un movimiento
con la vida cotidiana que es la base de la necesidad de pensar la realidad ya
constituida de procesos con diferentes ritmos temporales y escalas espaciales”
(p.38).
Desde esta perspectiva, las
mujeres venezolanas siguen considerando las opciones en función de la
cotidianidad sociopolítica y en base a las necesidades del equilibrio que la
sociedad actual demanda, tomando lo dado como referente de luchas en la
construcción de las nuevas realidades.
En este orden de ideas se
considera como lo dado el pensamiento y las acciones de quienes han precedido
las luchas femeninas y han conformado un legado que se ha mantenido en el
tiempo como un faro alumbrando el camino que otras siguen en la construcción y
fortalecimiento del femenino venezolano. Este pensamiento del feminismo criollo,
contrastado con el pensamiento de Simone de Beauvoir, guarda coincidencias
englobantes de la perspectiva de género, a pesar de las diferencias
contextuales.
El legado aquí referido fue vivido y sentido por
sus protagonistas, no es el caso de Beauvoir; sin embargo se perciben elementos
comunes de propiedad sensibilizadora y cultural
ubicados en la dimensión política y social desde la que se
logra visibilizar un conjunto de situaciones
vinculadas a las luchas feminista
para la emancipación, a través de
procesos y espacios diferentes como lo señalan Cerutti y Mondragón (Ob. Cit.).
En ese sentido se rescata de
Teresa de la Parra la necesidad de educación
que les pueda brindar a las jóvenes oportunidades diferente al
matrimonio, como la única alternativa de subsistencia y confort en una época dominada por los prejuicios
sociales y de dominio de las mujeres.
De María Laya se rescata la
concreción y la acción alfabetizadora, la garantía al derecho de permanencia en
el sistema educativo regular de las adolescentes embarazadas, así como el derecho a la educación de todos y
todas sin discriminación alguna.
De María León se rescata la
sensibilidad social y la lucha por los Derechos Humanos, en especial por los
derechos de las mujeres, la importancia que le concede al estudio y la investigación como clave para la
comprensión de los procesos sociales en los que la mujer actual tiene un papel
protagónico, así como la adecuación del feminismo al momento histórico.
Por su parte, Simone de
Beauvoir (Ob. Cit, p.414) percibe la emancipación de la mujer desde su propia
valoración del ser mujer. Estaba
convencida que, si las niñas eran educadas en iguales condiciones de sus
hermanos y con los mismos juegos abordarían sin reticencia todas sus empresas,
al igual que los varones, con un pensamiento libre para el porvenir adulto.
Se observa la coherencia del
pensamiento utópico que ha orientado el femenino venezolano en un tejido histórico y de profundas raíces
culturales que han servido de baquía para el transitar de las nuevas
generaciones y que al mismo tiempo coincide con el pensamiento de otras
estudiosas del feminismo. La principal coincidencia radica en la importancia
que se le otorgan al estudio y la formación de la mujer como elemento
emancipador femenino, pero también para la libertad social en general.
Por otro lado hay que
reconocer, que a pesar de los logros feministas las mujeres aún deben enfrentar
el gran desafío de la despatriarcalización institucional y fortalecimiento de
la educación, como estrategia emancipadora. Indistintamente de la
profesionalización y el desarrollo
intelectual que puedan lograr las mujeres,
hay que recordar lo dicho por María
León (Ob. Cit.), “el enemigo no es el
hombre, es el sistema patriarcal”.
En el contexto venezolano, es posible decir que
no es suficiente que se establezcan principios y valores rectores en la Ley
Orgánica de Educación (2009), como la igualdad entre ciudadanos y
ciudadanas sin discriminación alguna, la emancipación, justicia social e
igualdad de género, entre otros. Se requiere, además, de una epistemología que
permita transversalizar el género en el sistema educativo como estrategia de socialización con equidad real para la
igualdad de oportunidades indistintamente del sexo.
Aunque el Estado venezolano
cuenta con una Ley Orgánica del Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de
Violencia (2014), tampoco es suficiente mientras no se logre la
despatriarcalización de la institucionalidad
y la sensibilización de los actores internos y externos del quehacer educativo,
de manera tal que la socialización de los ciudadanos, desde las primeras
edades, se desarrolle con equidad y reciprocidad de forma natural.
Conclusiones
En el ámbito social y político,
es innegable la participación y protagonismo de la mujer venezolana, así como
el goce y disfrute de la inclusión y garantías constitucionales y el respaldo que el Estado brinda a los programas sociales orientados al
bienestar de las mujeres.
Sobre lo dado han logrado la
consolidación de espacios políticos de relevancia, así como en la ciencia y la
salud, la tecnología, en el área de seguridad ciudadana entre otras sin que la
condición de ser mujer sea una limitante para el desarrollo intelectual
femenino.
Desde esta perspectiva, el pensamiento utópico feminista se ve reflejado
en el debate político y en la realidad social que trasciende hasta el
continente en la consolidación de la unión de las mujeres para la construcción de una plataforma con
marcado énfasis en la despatriarcalización social.
En este mismo orden, es posible
reflexionar, que si bien es cierto que
la utopía sirve para caminar, también es cierto que existen metas logradas que
van conformando un nuevo legado para que otras mujeres sepan que hacer en el
ahora y en el futuro inmediato para construcción y fortalecimiento de la
reciprocidad humana.
De igual manera hay que
reflexionar sobre las metas que aún no se han logrado, porque si bien hay que
reconocer que hoy día las mujeres son visibilizadas e incluidas, no es menos
cierto que la desigualdad de género sigue siendo un flagelo que perturba la
convivencia intrafamiliar e institucional.
Parafraseando a Simone de
Beauvoir, la mujer se hace en la medida en que se reconozca en sus capacidades
para la construcción de realidades como la otra en el plano social, y rechace
la condición de segundo sexo. Así como la mujer venezolana ha contribuido en la
conformación de bases feministas, es
justo reconocer lo dado por las mujeres de las primeras olas, al igual
que las luchas vividas y sentidas por tantas otras de esta parte del mundo, entre ellas la
guatemalteca Roberta Menchú quien ha construido un legado de lucha desde su condición de mujer indígena
en la defensa los Derechos
Humanos de sus pueblos teniendo como bandera sus raíces culturales.
Es innegable la persistencia de dominación y
la discriminación hacia las mujeres de manera muy marcada y recurrente en
algunos países de la región; pero aun así el feminismo, como filosofía de vida,
como corriente ideológica integracionista sigue su caminar hacia la
consolidación teórica, política y social como en reciprocidad hombres/mujeres.
Desde esta perspectiva, se
puede decir que el desafío que enfrenta
el femenino actual es, precisamente, percibir las opciones que
posibiliten la construcción de una teoría intersectorial de bases ancestrales
que articulen con los intereses
feministas latinoamericanos.
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