Tipo de Publicación: Ensayo
Recibido: 08/02/2021
Aceptado: 05/05/2021
Autor: Teresa Pacheco-Méndez
Licenciatura
en Sociología (UNAM-México)
Doctorado
en Pedagogía (UNAM-México)
Universidad
Nacional Autónoma de México
CDMX,
México
https://orcid.org/0000-0003-2498-7113
E-mail: kat@unam.mx
INTERNACIONALIZACIÓN O EVALUACIÓN
INSTITUCIONAL DE LA INVESTIGACIÓN SOCIAL
Resumen
En este ensayo se revisan algunas de las particularidades de sentido atribuidas al
fenómeno de la internacionalización de la investigación social y los fines
institucionales de su evaluación, diferenciando algunos de los rasgos que dicho
fenómeno adquiere en la región latinoamericana. El abordaje no se limita al
marco institucional y a los criterios de organización y funcionamiento que
históricamente han regulado a la actividad de investigación, sino se propone
efectuarlo desde una perspectiva donde el carácter de internacional radique en
las posibilidades de las comunidades académicas para ocupar posiciones en
aquellos espacios donde las preguntas son planteadas, y donde tienen lugar los
debates de importancia mundial. Con este objetivo se delinea tal propuesta
en función de dos ejes de análisis: a) las consecuencias interpretativas sobre
el vínculo entre internacionalización de la investigación y la evaluación
institucionalizada; b) la noción de internacionalización fundada en la
naturaleza innovadora del conocimiento, y su correlato con las transformaciones
y nuevas demandas del entorno social.
Palabras
Clave: Investigación, internacionalización, ciencias sociales, evaluación.
INTERNATIONALIZATION OR INSTITUTIONAL
EVALUATION OF SOCIAL RESEARCH
Abstract
This essay reviews some of the particularities and
meaning attributed to the phenomenon of the internationalization of social
research and the institutional purposes of its evaluation, differentiating some
of the features that this phenomenon acquires in the Latin American region. The
approach is not limited to the institutional framework and the criteria of
organization and operation that have historically regulated the research
activity, but rather it is proposed to do so from a perspective where the
international character lies in the possibilities of the academic communities
to occupy positions in those spaces where questions are posed, and where
debates of global importance take place. With this objective, such a proposal
is outlined based on two axes of analysis: a) the interpretative consequences
on the link between internationalization of research and institutionalized
evaluation, and b) the notion of internationalization based on the innovative
nature of knowledge, and its correlation with the transformations and new
demands of the social environment.
Keywords: Research, internationalization, social sciences, evaluation.
Aunque
diversos en cuanto a sus objetivos, existen en el caso de Latinoamérica
numerosos estudios realizados en torno temas de internacionalización,
influencias internacionales, o proyección internacional de la investigación
social (Calvo, Elverdín, Kessler y Murillo, 2019; Carrasco y Saperas, 2014;
Paz, 2014; Reyes y Suriñachi, 2012; Beigel y Salatino, 2015; Ortiz, 2017, y
muchos otros).
En
el centro de atención de tales acercamientos destacan los actores sociales
quienes, respaldados por detentar las correspondientes certificaciones locales,
regionales y nacionales, propias de sus respectivos entornos y maquinarias de
evaluación institucional, aspiran proyectar o proyectarse en el escenario
internacional. Esta tendencia se corresponde con el arraigo que guardan las
actividades de investigación con prácticas de evaluación propias de los
sistemas de educación superior de la región, de sus esquemas organizativos, y
de su lógica de funcionamiento de tipo burocrático y jerárquico.
Las actividades de evaluación de
la ciencia en los países de América Latina responden más a una racionalidad
burocrática que resulta -implícita o explícitamente- funcional al contexto de
una ciencia globalizada e interpenetrada por necesidades públicas y privadas de
los centros hegemónicos de producción de conocimientos, que por la
consideración acerca del papel de dichos conocimientos en las sociedades en
donde ellos se producen (Kreimer, 2000, p. 59).
Ligados
a este contexto de pertenencia, investigadores e investigación se regulan bajo
la pauta de lo que el anterior autor define como la “tradición científica” -o
el habitus del campo científico ya desarrollado por Bourdieu (2003), asentada en la construcción de sistemas
colectivos de identificación donde son puestas en juego las relaciones
interpersonales entre diferentes generaciones de científicos; son sistemas
configurados como espacios de producción simbólica y material donde se
construyen y reconstruyen procesos cognitivos y sociales.
Algunos
de estos procesos son:
…formas
de organización, jerarquías, relaciones de poder, posicionamiento respecto del
resto de la comunidad científica, red de relaciones internacionales,
preocupaciones temáticas, posicionamiento político, relaciones con contextos
institucionales, la concepción del uso técnico de la investigación científica,
relaciones entre otros científicos y técnicos (Kreimer, Ob. Cit. p. 173).
En
esta construcción y reconstrucción de procesos cognitivos y sociales propios de
la tradición científica, de su particular internacionalización, y de su
socialización, interviene de manera decisiva la esfera gubernamental
promoviendo acciones de formación y actualización, intercambios de información,
desarrollo de proyectos, foros y publicaciones académicas, todos ellos como
instrumentos de legitimación de una singular competencia científica.
Una
tendencia que ha acrecentado el interés por obtener un número cada vez mayor y
diversificado de datos que arrojen claridad sobre los beneficios obtenidos de
la ciencia y su gestión. Se trata de una evaluación no solo de colectivos
científicos sino también de las políticas puestas en marcha sobre dicha
materia, condición que le imprime a la práctica evaluativa un nuevo estatus
institucional por el simple hecho de surgir “…como una necesidad de la
administración de los recursos entre individuos, grupos e instituciones
enteramente profesionalizados […] cuyas prácticas han adquirido la legitimidad
similar a las de otras políticas públicas” (Kreimer, Ob. Cit. p. 62).
El
factor que aparece aquí como común denominador en los programas de evaluación
de la investigación social en la región latinoamericana es el representado por
los artículos. La publicación de artículos, considerada
como uno de los indicadores centrales de la productividad, obedece más al
interés por contar con un indicador “objetivo” para medir el funcionamiento de
toda la estructura institucional de la investigación y de la comunidad
científica que la sostiene, más que por evaluar las prácticas científicas y los
procesos de producción del conocimiento social.
Incluso, y tal como lo señala Oregioni (2014):
En el caso de las ciencias sociales, se
tiende a modificar el formato de publicación: de publicar en libros se pasó a
publicar en revistas indexadas a nivel internacional y en idioma inglés, ya
que, si bien en este campo temático los libros son más citados, no están
indexados y por lo tanto no se contabilizan en ninguna base de datos.
El artículo publicado
se convierte así en el elemento más importante y de mayor peso y trascendencia
para "tasar" la productividad de una comunidad científica, llegando a
ser reconocido como vehículo fundamental de comunicación y socialización del
conocimiento. Incluso -como bien
lo señala Oregoni (2014)- se han internacionalizado los criterios de evaluación
de la productividad científica, otorgando un mayor puntaje o ponderación a
quienes publican artículos en revistas reconocidas a nivel internacional,
“alterando los patrones originales de producción y divulgación de conocimiento
propios del campo.”
Convertido
en el eje de la productividad científica, el artículo pasa a ser uno de los
principales objetos de la evaluación, un proceso altamente regulado por las
instituciones pero que en la práctica descansa, paradójicamente, en una
inter-subjetividad de puntos de vista y de coyuntura. Esto promueve un
comportamiento proclive a un ideal de competencia científica más preocupado por
acercarse a discursos y lenguajes institucionales y administrativos, que por
asimilarse a la complejidad experimentada por los individuos y su mundo social.
En ello juega un papel importante el hecho, falsamente entendido, de que
“Publicar en inglés y ser citado a escala transnacional [es lo que] asegura el
reconocimiento entre los pares… [revelando] la esencia del trabajo intelectual”
(Ortiz, Ob. Cit. p. 8).
En
aras de ajustar los lineamientos de política y la asignación de recursos
financieros para la investigación, y entre la creciente y competitiva demanda
por obtenerlos, los mecanismos de evaluación dan un mayor peso y relevancia a
criterios tales como: la productividad del investigador reflejada en el número
de citas recibidas sobre trabajos publicados en medios internacionales, la
respectiva evaluación por pares, la indexación de las revistas donde se
publica, la formación de futuros investigadores, entre otros indicadores de
igual o menor peso. Con ello, la
aspiración a internacionalizar la investigación sólo a través de las políticas
de evaluación ha permitido a “los científicos sostenerse y reproducirse en el
sistema de investigación… [convirtiéndose] …en un mecanismo de control y
disciplinamiento de las prácticas de producción de conocimiento” (Oregioni, Ob.
Cit.).
En
este rubro, las ciencias sociales se han enfrentado con cierta dificultad al
reto de ocupar un espacio, aunque limitado, en el sistema de citación mundial
más reconocido, el conformado por el ISI- Web of Knowledge (Wok)
y la Web of Science (WoS). Instrumentos a los que se les suma Scorpus con el
mismo patrón selectivo de sus predecesores. Otras herramientas regionales de
medición de la circulación de la producción científica son hoy en día Dialnet,
AJOL, RedALyC, SciELO y Latindex principalmente; todos ellos priorizando la
indexación de las revistas por encima de lo innovador y original que, desde el
punto de vista cognitivo y social, resulte el contenido del artículo en
cuestión.
En
términos generales, para ser considerado publicable el artículo se ve sometido
a la “revisión de pares”, un sistema ampliamente reconocido y validado como el
proceso donde se decide cuándo un producto intelectual merece ser reconocido
socialmente como novedoso, pertinente y riguroso "científicamente".
Al formar parte del sistema -ya sea como editor, evaluador-par o autor-, se
acepta el contar con capacidades, experiencias y capitales culturales comunes,
aunque no siempre son compatibles ni consensuables.
Es
decir, por un lado, los acuerdos suelen darse entre autoridades y funcionarios
institucionales, investigadores, y entidades pertenecientes al mercado
editorial impreso y digital; pero, por otro, las diferencias suelen ser más
frecuentes entre editores, autores y “pares” donde el desacuerdo se enfoca regularmente
en la arbitrariedad y ambigüedad de criterios en los que descansa el desarrollo
de tal proceso de evaluación.
En
este último caso, el argumento central es que, si al “par” académico se le
designan funciones institucionales que con frecuencia poco coinciden con las
condiciones particulares de su origen y formación social, institucional y
cognitiva, también es cierto que el “par” (Pacheco, 2017).
…es
solo un integrante más de ese conglomerado institucional caracterizado por una
enorme heterogeneidad de intereses, compromisos y creencias que en conjunto,
mediatizan y condicionan su mirada y su capacidad para distinguir, o al menos
aproximarse, al horizonte de conocimiento sobre el mundo social (p. 57).
A
resumidas cuentas la evaluación de un investigador, o de todo un colectivo de
investigadores – e incluso hasta de un sistema- va ajustándose a pautas
institucionalizadas provenientes tanto de las entidades y organismos públicos
nacionales e internacionales que la instrumentan, como de la regulación propia
establecida por cada campo de conocimiento especializado. Lo que esto deja en
claro es que, la cada vez mayor la incidencia de la política pública en materia
de ciencia y tecnología, provoca, en el caso de las ciencias sociales, mayores
dificultades para mantenerse a un nivel medianamente competitivo y compatible
con el interés y la necesidad por la indagación propiamente sociohistórica.
El
control del poder detentado por la política gubernamental y poder cognitivo
salvaguardado por quienes se encuentran mejor posicionados dentro de las
comunidades científicas, aseguran en la región latinoamericana el mantenimiento
de una tradición científica caracterizada por un desigual y jerarquizado
reconocimiento de los logros y avances en materia de conocimiento
diferencialmente alcanzados.
Tales
asimetrías se ven aún más reforzadas por una evaluación que surge del interior
del medio académico como resultado “… de una mentalidad productivista que
encuentra en las instituciones universitarias y de investigación el lugar de su
realización plena. Su generalización a escala transnacional la transforma en un
sentido común planetario, un conocimiento a prueba de cualquier duda o
cuestionamiento” (Ortiz, Ob. Cit. p. 9).
Los
prestigios adquiridos por un reducido número de investigadores que, al obtener
un resultado exitoso en la evaluación efectuada por uno o varios sistemas de
evaluación local, ven favorecido su contacto con colegas de instituciones,
grupos y redes de investigación del extranjero; sin embargo, ello no significa
que automáticamente adquieran la suficiente competencia para intervenir en el
debate científico internacional, aunque si la detentan para contar con un mayor
liderazgo y poder en la estructura jerárquica de su entorno local-nacional.
El factor internacional en la
investigación social
Entendida
la internacionalización de la investigación como instrumento de política y como
componente institucional, las ciencias sociales encaran un doble desafío;
además ver limitado su alcance e impacto al ámbito de lo local-nacional, se
enfrentan a la exigencia de proveer, en el corto y mediano plazo, un amplio
conocimiento sobre un mundo social cada vez más complejo y sujeto a profundas y
constantes transformaciones.
A
diferencia de la lógica de entendimiento donde lo internacional es sinónimo de
“lo mejor” y cuya pretensión es el ser reconocido en lo local, Forbes y Abrams
(2004) anteponen otro razonamiento referido más bien al interés por realizar
una investigación de competencia internacional, es decir, que sea del domino de
los fenómenos mundiales.
Para
los autores, la investigación en ciencias sociales si bien no requiere de un
costoso equipo -como infraestructura indispensable de investigación-, su
demanda si lo es más de recursos humanos que materiales. Consideran como su
tarea prioritaria la puesta al día de las teorías sociales sobre la educación,
la justicia social, el trabajo o la vida familiar, etc., es decir, sobre
aquellos ámbitos comprometidos directamente con el bienestar social.
Ante
tal cometido Forbes y Abrams (Ob. Cit.) estiman se requiere de una enorme
inversión en formación, material e instalaciones que respalden la constitución
de una considerable fuerza de expertos; un conjunto de científicos sociales
que, diseminado en distintos países, generen nuevos conocimientos y palíen el
particularismo, sin dejar de reflexionar sobre las arraigadas problemáticas
acerca de las diferencias culturales, políticas y sociales. La clave para dar
curso a una empresa de tal alcance consiste en desarrollar una buena percepción
sobre aquello que debe hacerse a nivel internacional, sin dejar de identificar
cómo este proyecto contribuye al logro de objetivos nacionales (p. 254-255).
Con
la formulación de problemas de interés internacional se abre paso a la
concreción de
…proyectos
y programas de investigación [constituidos como] los verdaderos núcleos de los
esquemas organizacionales en red con los que opera la ciencia moderna: grupos y
centros de investigación entrelazados que tejen conversaciones en busca de
respuestas a las preguntas que les ocupan” (Londoño, 2017).
Pensar
en aquello que puede hacerse a nivel internacional sin perder de vista las
circunstancias locales-nacionales, plantea incógnitas sobre las posibles miradas
y los potenciales alcances de estas ciencias. No obstante, explorar
alternativas y pistas en esta dirección, multiplicaría las posibilidades para
que cada vez más comunidades científicas de distinta procedencia se posicionen y
se inserten en el entramado científico internacional con elementos,
perspectivas y acercamientos propios.
El
condicionante socio-histórico al que se ve sujeta la investigación representa,
un componente propio y esencial del conocimiento de lo social en general, y de
las disciplinas sociales -formalmente constituidas- en particular. La
trayectoria experimentada por estas últimas ha dado lugar al agrupamiento de
comunidades con una diversa capacidad para expandirse territorial,
organizacional e institucionalmente; una condición que habla de distintas y muy
variadas tradiciones, racionalidades, así como de su potencial transnacional e
internacional.
Por
racionalidades y tradición científica coincidimos con Kreimer (Ob. Cit. p. 172)
cuando puntualiza que “…más que racionalidad, lo que la ciencia instituye son
racionalidades, lógicas apropiadas a determinados contextos…”, y que tradición
científica se refiere a todo “aquello que se pone en juego en las relaciones
interpersonales entre las diferentes generaciones de científicos”. De ahí que el
factor que interviene en la internacionalización del conocimiento deviene
precisamente de la condición interpretativa propia de las ciencias sociales y
en este sentido su “…grado de internacionalización varía significativamente…en
función de las características cognitivas y organizativas de las mismas”
(López, 2016, p. 111).
Considerados
desde esta perspectiva, conceptos tales como racionalidad y tradición atienden
a: la historicidad del conocimiento social, a su forma estructurada en
disciplinas, a sus formas de organización y regulación, y a su adecuación con
el mundo institucional de la investigación. Racionalidad y tradición son
conceptos pensados en términos de una narrativa de reconstrucción, de
producción y de autonomía, en lugar de ser confinados a una retórica cerrada,
determinista y causal.
Mención
especial merece la práctica de las ciencias sociales en la región
Latinoamericana donde su principal contribución responde al interés y esfuerzo
por comprender y solucionar las diversas problemáticas sociales propias del
entorno inmediato. En este caso, además de las racionalidades y tradiciones que
respaldan al desarrollo de estas ciencias, cobran mayor peso referentes tales
como el bienestar y la demanda social.
Su
relevancia no sólo radica en su trascendencia dentro de la narrativa de estas
ciencias en la región, sino también como medios para
poner en tela de juicio la viabilidad y pertinencia de los recursos teóricos y
metodológicos provenientes de otras regiones donde, si bien la producción de
las ciencias sociales es predominante, ésta se despliega sobre la base de distintas
condiciones históricas, culturales y sociales.
Sin
ser exclusivo de las ciencias sociales latinoamericanas, las nociones de
“demanda social” y “bienestar social” forman parte constitutiva y promotora del
avance de estas ciencias. Ambos términos suelen desempeñarse como punto de
partida y vía de acceso a la problematización de lo percibido a primera vista
como un universo cerrado, inmediato y objetivado de la experiencia social, o
bien como un decurso de acontecimientos continuos y homologables a todo tipo de
sociedad.
Lejos
de estas percepciones ancladas en lo local-nacional, ambas nociones se
despliegan en todo contexto y coyuntura como posibilidades para el desarrollo
de la investigación social con proyección internacional. Para allanar el camino
hacia tal reconceptualización, Castel (2006) invita a pensar y a entender el “bienestar
social” como un
…
sistema de expectativas de la sociedad respecto de los problemas cotidianos que
actualmente la solicitan… [para, con ello,] intentar comprender lo que
problematiza la gente… cuestiones que se imponen a la atención…porque perturban
la vida social, dislocan el funcionamiento de las instituciones, amenazan de
invalidación categorías enteras de sujetos sociales (p. 92).
Planteada
en estos términos, la demanda social queda lejos de todo intento reductor,
cuantitativo y objetivista que desdibuje y aplane la complejidad de la
coyuntura y del entramado social. En lugar de ello se adentra, con el andamiaje
metodológico propio de estas ciencias, en la complejidad de la vida social,
deslindando “… detrás de la demanda estratos de significaciones y etapas de
constitución cuya articulación produce la configuración actual de un problema”
(Castel, Ob. Cit. pp. 96-97).
De
la misma manera este autor delimita la demanda social, la noción del bienestar también
requiere reformularse y distanciarse de las diversas interpretaciones que
condicionan su alcance y posibilidades. Estas últimas van desde el adjudicarle
y proyectarla en un sentido amplio y utilitario -que bien puede descansar en
componentes tanto subjetivos (felicidad, deseos, expectativas, etc.) como
cuantitativos (ingresos, posesiones, bienes materiales, etc.)-, hasta aquellos
enfoques fundados en aspiraciones individuales y colectivas de tipo libertario
e igualitarista de oportunidades para su logro. A diferencia de tales giros
interpretativos -y siendo más afines con la idea de demanda social formulada
por Castel -, Actis Di Pasquale (2015) define al “logro
de bienestar social” como “… aquello que una persona consigue hacer, ser o
estar y que es fundamental tanto para su ser individual como para su
implicación recíproca con la sociedad” (p. 20). De este modo, el bienestar
social de las personas está dado y se resuelve desde el momento en que se
comprenda que son ellos mismos los participantes activos -en las distintas
etapas de su vida- de la acción social y del desarrollo de la sociedad.
Lo
que a primera vista aparenta ser un hándicap cultural, coyuntural y de contexto
inmediato para poder pensar en la posible internacionalización de los productos
de investigación social generados en la región de Latinoamérica -o de cualquier
otra- es, en estos casos, reconceptualizado y resignificado -gracias a la
herramienta teórica y metodológica de las ciencias sociales- dentro del
discurso científico social, transformándolos en mecanismos prácticos para colocar
los productos de la investigación social en el centro del debate internacional.
Reflexiones finales
La
importancia que en la actualidad cobra el estudio sobre la internacionalización
del conocimiento de las ciencias sociales, responde a la necesidad de
actualizar y reorientar el trabajo de investigación realizado por aquellos
actores sociales que se han visto confrontados de manera sistemática a los
distintos modelos y estrategias de evaluación institucional.
Sin
duda el interés de todo investigador por mantenerse actualizado sobre los
avances mundiales en su campo de especialidad, por colaborar con investigadores
de prestigio reconocido por su comunidad de origen o también, por formar parte
de equipos de investigación altamente respaldados por organismos
internacionales o por gobiernos extranjeros, representan motivos para
proyectarse más allá de las propias fronteras geográficas. Tales inquietudes no
dejan de traducirse en lo local-nacional en ventajas que además de favorecer,
benefician la imagen y el reconocimiento de todo investigador en su entorno
social y cognitivo inmediato.
Queda
apuntada y pendiente la tarea de resignificar conceptos propios y de
reflexionar sobre la vigencia de categorías de análisis producidos por las
ciencias sociales Latinoamericanas. Sin embargo, y aun cuando la generación de
conocimientos comprometidos con la demanda social y con el bienestar social contribuya
de manera significativa a contrarrestar la tendencia al particularismo temático-nacional
en la investigación, a las ciencias sociales de la región aún les queda
enfrentar otros desafíos que, sin socavar su autonomía (de estado y de mercado)
y su espíritu incluyente, las posicionen en el centro de los debates sobre
temas de relevancia mundial.
Algunos de los
desafíos a que hacemos referencia y sobre los que habrá que profundizar son los
siguientes: a) el denominado por Ortiz (Ob. Cit.) como la desterritorialización
del capital lingüístico de las ciencias sociales, es decir, cuando el idioma
inglés adquiere una posición central como factor determinante en la
internacionalización de la producción científica, desplazando con ello a las
lenguas nacionales; b) la relativa operatividad de la actual estructura
disciplinaria del campo de lo social frente a la diversidad y complejidad de la
demanda derivada de las profundas transformaciones y crisis sociales e
institucionales; c) el cuestionamiento sobre la funcionalidad/desdibujamiento
de fronteras cognitivas, geopolíticas e ideológicas en el avance y desarrollo
del pensamiento social, y d) la necesidad de reexaminar los marcos normativos
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internacionalización.
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