Tipo de Publicación: Ensayo
Recibido: 18/01/2021
Aceptado: 05/05/2021
Autor: Belén
Fiallos Quinteros
Licenciada
en Historia del Arte
Posgrado
en Relaciones Culturales Internacionales.
Formación
sobre Políticas, Gestión Cultural Exterior
y Cooperación
Cultural Internacional en el Espacio Iberoamericano.
Doctor en
Ciencias sobre Arte
Universidad
de las Artes (ISA)
La Habana
– Cuba
https://orcid.org/0000-0003-3136-4643
E-mail:
belen.fiallos@gmail.com
La política
pública cinematográfica en ecuador
Resumen
En este ensayo se aborda la implementación de la política pública
cinematográfica en Ecuador, en el marco temporal de 2006 año en la que se
aprueba la Ley de Fomento al Cine, hasta 2016 fecha en la que se deroga dicha
Ley y se sustituye por la Ley Orgánica de Cultura. Para este análisis, se
partió de una breve introducción sobre los antecedentes de la política pública
cultural en Ecuador. Por otro lado, se describió el proceso de creación de la
Ley de Fomento al Cine, se analizó el funcionamiento del Fondo de Fomento
Cinematográfico y su evolución a través de las convocatorias del Consejo
Nacional de Cinematografía (CNCINE). Para finalizar, se
indagó sobre los aciertos y desaciertos de la Ley de Fomento al Cine, con el
apoyo de testimonios de cineastas y especialistas del sector.
Palabras Clave: Política cinematográfica, ley
de cine, consejo de cinematografía, fondo de fomento, fondos concursables.
THE PUBLIC CINEMA POLICY IN ECUADOR
Abstract
This text research about the implementation of the
public cinema policy in Ecuador from 2006 in this year was approved the Ley de Fomento al Cine, until 2016, when the law was revoked and
replaced by the Ley Orgánica de Cultura.
In order to achieve the analysis, it was departed from a brief introduction
concerning previous public cultural policy in Ecuador. On the other hand, it
described the creation of the Ley de Fomento al Cine,
it was analyzed the operation of Fomenting Film Fund and the evolution of the
cinema fund through the callings for the cinema development made by National
Cinema Council. Finally, the article researched about the successes and the
fault of the Ley de Fomento al Cine, with the support
of filmmakers and specialist in the matter.
Keywords: Cinema
policy; law for cinema, national cinema council, fomenting film fund, competitive
fund.
En
Ecuador, la formulación, implementación y evaluación de las políticas
culturales no ha sido una constante y como en el resto de América Latina estas
políticas han tardado en ser formalizadas (Fuertes & Mastrini,
2014). La primera aplicación de una
política pública en materia de cultura se manifestó en el año 1944 con la
creación de la Casa de la Cultura del Ecuador (Rodríguez, 2015), en la década
de los setenta se incorporó por primera vez el término de política cultural en
informes, estrategias de planificación estatal y en casos excepcionales, en
discursos políticos (Tinajero, 2011).
A
partir de la década de los años 80 del siglo XX, la división cultural del Banco
Central del Ecuador, fue la institución encargada de coordinar el trabajo de
las instituciones culturales del país y distribuir estímulos estatales para el
fomento de la actividad cultural, aunque el procedimiento para la distribución
de fondos ha sido sumamente criticado por el sector debido a su carácter de
mecenazgo y el excesivo clientelismo.
En
el campo del cine, De la Vega (2016) advierte que la financiación por parte del
Estado para el desarrollo de proyectos hasta el año 2006 fue esporádica. La
autora, destaca tres mecanismos que fomentaron la producción cinematográfica, que sin llegar a ser una política pública, constituyeron un
ejemplo de acciones para el fomento del cine: el Decreto del Registro Oficial
104; el Sistema de financiamiento del fondo audiovisual del Banco Central y los
Créditos del Fondo Nacional de Cultura (FONCULTURA).
Al
no contar con una política cinematográfica en esos años, la concesión de los
estímulos estatales fueron procesos que se negociaban clientelarmente, sin
ningún tipo de criterio establecido. León (2017, s.p.)
señala que el Banco Central “financiaba o auspiciaba proyectos
cinematográficos, pero no había una política clara y era un proceso sumamente
discrecional”; y De la Vega (2016) añade que la financiación pública estaba
caracterizada por “la entrega arbitraria de recursos, a través del uso de
capital social y el aprovechamiento de redes individuales” (p. 126).
Específicamente,
en el campo cinematográfico, la precariedad y ausencia de políticas públicas
para el sector, añadida a la falta de cohesión del gremio, condicionaron
seriamente el desarrollo de una industria cinematográfica en el país. Es por
ello, que el cine ecuatoriano ha evolucionado en términos artesanales
(Luzuriaga, 2014) y en su mayor parte con el apoyo de financiamiento privado,
proyectos de autogestión, convenios de coproducción y cooperación
internacional.
En
Ecuador, la actividad productiva cinematográfica (Getino,
2006) se ha caracterizado por producciones aisladas, desde 1924 hasta 1999, se
filmaron solo diecisiete largometrajes financiados por empresas extranjeras. A
finales de la década de los setenta y en los ochenta destaca la producción de
cortometrajes y documentales, esta vez, apoyados en su mayor parte por iniciativas
privadas y estatales. A partir de la década de los noventa hasta 2004, de la
mano del llamado Joven Cine Ecuatoriano (Alemán,
2003), gracias a las facilidades que brindan las nuevas tecnologías y el
espacio digital, la producción cinematográfica asciende a un largometraje
anual.
Sin
embargo, es importante señalar que, no obstante, este pequeño paso adelante de
la producción cinematográfica ecuatoriana, (Cordero, 2000):
Tener
una ley de cine o un apoyo estatal ayudaría mucho a minimizar el riesgo
implícito en esta actividad, pero en las condiciones tan variables que tienen
nuestros países, esta ley debe ser de alguna forma también auto-sustentable,
de manera que logre perdurar (pp. 20-21).
En
efecto, desde 2006, con la aprobación de la primera Ley de Fomento al Cine y la
creación del Consejo Nacional de Cinematografía (CNCINE), se incrementó la
producción cinematográfica y el reconocimiento de las películas ecuatorianas extendiéndose
a nivel nacional e internacional.
Un
momento significativo para iniciar el estudio de la política pública
cinematográfica en Ecuador, es el instante en el que los creadores empezaron a
organizarse para reclamar el fomento y la protección a la industria
cinematográfica por parte del Estado. Este instante se inicia en la década de
1980, de la mano de la Asociación de Cineastas del Ecuador (ASOCINE), “espacio
aglutinador de propuestas para la lucha Pro Ley de Cine, objetivo permanente
del gremio” (Álvarez, 2014, p. 352). Estos cineastas se organizaron para exigir
el reconocimiento de la actividad cinematográfica y la creación de un marco
legal para el fomento del cine.
La
Ley de Fomento al Cine, se aprobó en el año de 2006, durante el gobierno de
Alfredo Palacios, estuvo conformada por doce artículos, los cuales dotaron de
facultades al CNCINE, organismo público creado por disposición de la propia
Ley, para encargarse del fomento de la producción cinematográfica a través de
la gestión del Fondo de Fomento Cinematográfico, con el fin de asegurar su
desarrollo en el país. Esta Ley, tuvo una vigencia de diez años. El 30 de
diciembre de 2016 la Asamblea Nacional Ecuatoriana aprobó la Ley Orgánica de
Cultura, lo cual implicó la derogación de diecisiete leyes, entre ellas, la de
Fomento al Cine.
El
proceso de creación de una Ley de Fomento al Cine (Ley de Cine, 2006) se
extendió casi por treinta años y marcó una forma de gestionar la cultura
durante ese tiempo. La ex viceministra de Cultura Ana Rodríguez explica que la
Ley de Cine fue: “producto de una demanda del sector, más que de una
comprensión o una iniciativa desde lo público, como sucede a veces en muchos
sectores que no son considerados de gran relevancia o estratégicos” (2017).
Por
la importancia que reviste, se considera necesario mencionar el hecho de que
las dinámicas generadas por los cineastas para lograr un marco legal y una
institucionalidad para el cine, se desarrollaron en un contexto caracterizado
por un Estado indiferente con la cultura. En efecto, la importancia de esta
Ley, además de su innegable relevancia jurídica, tuvo que ver con su proceso de
construcción generado por el sector (Noriega, 2017):
La Ley
de Cine fue fundamental para este país, porque politizó de una manera muy
sencilla, pero clara, la relación del sector del cine con un Estado neoliberal
que generaba solamente relaciones clientelares. Entonces, esa ley fue oportuna,
necesaria y nos indicó que en el campo de la cultura se podía hacer política
pública desde los sectores interesados.
La
Ley de Cine fue calificada como un instrumento rudimentario al no estar acorde
con las exigencias del contexto y mercado cinematográfico contemporáneo. Sin
embargo, Serrano (2016) precisa que, con la emisión de la ley se consiguió
garantizar tres aspectos: una persona jurídica de derecho público para definir
políticas para el sector, la obligación del Estado de fomentar la producción
nacional a través de políticas públicas y el mecanismo por medio del cual
debían ser entregadas las ayudas.
La
política pública cinematográfica en Ecuador: El Fondo de Fomento
Cinematográfico
En
2006, la Ley de Cine estipuló la creación de un fondo destinado a fomentar el
desarrollo del cine ecuatoriano, desde esa fecha, las personas naturales o
residentes en el país pudieron acceder a las ayudas convocadas por el CNCINE
para la ejecución de proyectos en las distintas fases de producción
cinematográfica.
El
Fondo de Fomento Cinematográfico (FFC), fue la primera política pública para el
fomento de la producción cinematográfica en Ecuador, con el objetivo de, a
través de concursos:
Ofrecer
créditos o premiar la escritura, preproducción, producción, posproducción,
coproducción y exhibición de obras cinematográficas ecuatorianas y otras
actividades como publicaciones, festivales, muestras, talleres de capacitación
y becas de estudio que contribuyan a fortalecer la cultura cinematográfica de
la sociedad ecuatoriana (Ley de Fomento al Cine, Art. 18).
Jorge
Luis Serrano, primer director del CNCINE, señala la difícil labor que fue
diseñar la metodología para la asignación del FFC y configurar la primera
convocatoria de los fondos concursables:
El
primer año fue particularmente duro, en el que se corría el riesgo de que la
Ley quedase como letra muerta si no se daban los pasos necesarios. El
desarrollo de las convocatorias sería determinante pues, a partir de esa
primera experiencia, se definiría el procedimiento del concurso que, con
algunas variaciones, persiste hasta el día de hoy (2017).
Desde
el año de 2007, el CNCINE convoca a concurso para las ayudas no reembolsables
en mérito a la calidad de proyectos presentados ante un jurado de expertos. Por
disposición de la Ley de Cine, las convocatorias debían ser abiertas, respetar
los principios de transparencia, la no discriminación e igualdad. Además, las
asignaciones, premios y/o subvenciones a las que se destine el FFC, son concedidos
mediante concurso, convocado de manera pública con sujeción a una planificación
anual (Reglamento de la Ley de Fomento al Cine Nacional, 2006). Estas
convocatorias: “aseguraron un nuevo modelo de gestión pública, el concurso es
fundamental para la asignación de los fondos, no es una asignación a dedo, que
es lo que ocurría antes con el clientelismo” (Granda, 2017).
El
primer paso para el acceso al concurso consistió en la presentación de un
certificado de nacionalidad de las películas expedido por la institución, este
requisito, es una de las primeras medidas de fomento que se ha adoptado dentro
de las políticas cinematográficas (Harvey, 2005) para asegurar los recursos
nacionales y el acceso de los creadores nacionales al financiamiento público.
En
segundo lugar, los concursantes debían cumplimentar un formulario, que, por sus
características el documento fue calificado como un procedimiento
extremadamente largo y complicado, Granda precisa que: “por la dificultad que
tienen los formularios, es difícil que un indígena, un afro-ecuatoriano,
alguien de la Amazonía, un montubio, los cumplimente exitosamente. Esto, sumado
a la burocracia existente y los controles del dinero, dificulta todo el
proceso” (Granda, Ob. Cit.).
Por
su parte, la realizadora audiovisual indígena Patricia Yallico
afirma que el formulario fue una traba en el proceso de selección, ya que:
Nosotros,
como comunidad, tenemos una realidad, una mirada diferente a la blancomestiza. Si comparamos la experiencia de directores
como Sebastián Cordero, por ejemplo, él tiene una larga experiencia a nivel
nacional e internacional, sabe cómo manejar proyectos, tiene relaciones y una
gran red, nosotros solo tenemos la comuna. Entonces, creo que es una
competencia dispar y sumamente complicada. Yo pude estudiar, pero hay muchos
compañeros que no han podido, y tienen buenas ideas. Para algunos realizadores
indígenas, la mayoría, es muy complicado llenar los formularios. Ahora hay más
soltura, pero al inicio fue muy difícil. De ahí viene la necesidad de
categorizar las ayudas del Fondo (2017).
Sin
embargo, el exministro de Cultura Ramiro Noriega (2017), señala que se
ejecutaron programas para difundir información con las instrucciones sobre cómo
completar los formularios de aplicación:
Desde
el Ministerio de Cultura creamos una escuela itinerante con un programa en el
cual técnicos, especialistas, artistas llevaban la cultura a varias localidades
del país. Uno de los objetivos fue instruir a la gente sobre cómo llenar los
formularios de la convocatoria del CNCINE, para que esas localidades puedan
postular y hacer uso de estos fondos.
Debe
anotarse que estas acciones no fueron suficientes, ya que la complejidad de los
formularios, como se señaló antes, significó un grave problema en esta etapa de
selección para una gran parte de los realizadores. El procedimiento para
participar en el concurso, fue calificado por alguno de ellos como excluyente,
ya que no todos los aspirantes a los fondos tenían los mismos recursos y la
experiencia necesaria para participar en igualdad de condiciones.
Los
proyectos admitidos en el concurso debían pasar por una doble valoración: la
primera de manera individual de acuerdo a la categoría a la que se hubieran
presentado y bajo los criterios de selección establecidos en las bases del
concurso y la segunda a través de sesiones de pitch (metodología basada en
entrevistas), para valorar y seleccionar los proyectos presentados. Los
proyectos ganadores eran los que obtenían el puntaje más alto y el comité de
selección debía presentar un dictamen anunciando el ganador con el puntaje
alcanzado, criterios de selección y monto asignado.
Para
finalizar, interesa mencionar que, para consignar las ayudas a los proyectos,
el CNCINE requería una garantía por el total del recurso asignado, León (2017)
advierte que “es grave solicitar una garantía para que te adjudiquen los
fondos, si no la tienes, no puedes concursar, es difícil que los cineastas
populares la consigan. Entonces, esa garantía es inconstitucional”.
Como
valoración final de este apartado, se puede afirmar que si la política cultural
no es un ejercicio de administración, como plantea Vich (2014) y una de las
obligaciones del Estado es fomentar la producción cinematográfica y proteger la
diversidad cultural (Convención, 2005), se puede concluir, que el Consejo
Nacional de Cinematografía debe implementar políticas que aseguren su acceso a
los Fondos concursables a un sector amplio de la ciudadanía y aquellos menos
visibilizados. De esa manera se pueden crear condiciones que garanticen los
derechos culturales de la ciudadanía y la protección y promoción de la
diversidad de las expresiones culturales, según se dispone en la Constitución
de la República del Ecuador (2008).
Evolución
del Fondo de Fomento Cinematográfico
En
el marco temporal establecido la asignación de fondos del FFC varió anualmente,
el incremento fue resultado de gestiones administrativas eficaces o disminuyó
debido a recortes presupuestarios. Las categorías de las convocatorias se
mantuvieron sin grandes modificaciones, aunque hubo un incremento de la
asignación de los fondos a proyectos de posproducción y finalización de
largometrajes de ficción. En menor medida, se distribuyeron ayudas para el cine
no profesional, la educación, la exhibición, la distribución, la realización de
cortometrajes y la investigación; sin embargo, no ha sido un crecimiento
importante, y sigue prevaleciendo el fomento a la producción.
Según
datos del CNCINE (2009, 2015) y EGEDA (2016, 2017), en las convocatorias de
2006-2016, se distribuyó un total de $ 9.423.718 USD a 410 proyectos. El
crecimiento cuantitativo del FFC no fue significativo, se mantuvo alrededor de
los $ 600.000 USD, a excepción del periodo 2013-2015 que aumentó
considerablemente, sin embargo, en 2016 el financiamiento se redujo debido a un
importante recorte presupuestario.
En
el periodo 2007-2016 se estrenaron en salas de cine comercial 84 películas
ecuatorianas, entre largometrajes de ficción y largometrajes documentales,
todas financiadas por el CNCINE y el Ministerio de Cultura y Patrimonio, lo que
representa un promedio de alrededor de nueve obras por año. Esta cantidad resulta
significativa si se atiende que antes de 2006 se estrenaba un promedio de una
película cada dos años.
En
función de lo planteado, se puede acotar, que estos estímulos no han sido
suficientes para fortalecer la actividad cinematográfica del país, ya que si
partimos de que la realización de una película en Ecuador puede costar como
promedio $ 500.000 USD y la asignación de una ayuda del CNCINE para la
categoría de producción de largometrajes de ficción oscila entre los $ 45.000
USD y $ 70.000 USD, dicha financiación es diminuta, Sarmiento (2017) sostiene
que:
Con un
fondo tan pequeño, inferior al millón de dólares, es realmente muy difícil que
una política de fomento pueda plantearse objetivos muy variados. Para fomentar
el cine industrial o el cine de gran público estamos hablando de presupuestos
importantes y creo que esa es una línea a la que no ha renunciado este Consejo
y es importante apoyar.
En
un marco caracterizado por la concentración oligopólica, el cine se ha
convertido en una de las industrias más dependientes de las políticas públicas,
debido a las altas inversiones que genera y a los reducidos mercados a los que
se enfrenta; en este escenario, cobra mayor importancia las políticas para
garantizar su fomento, con medidas como la desgravación fiscal, la cuota de
pantalla, los incentivos a la inversión privada, etc. Todas ellas inexistentes
en el país.
Un
recurso fundamental de la política cinematográfica son los incentivos para la
inversión privada en el desarrollo de los proyectos. En Ecuador, no existen
estímulos estatales para la desgravación fiscal para promover el mecenazgo
cultural, por esta razón, este mecanismo es casi nulo. Existen producciones
cinematográficas realizadas con capital privado, pero ha sido resultado de la
autogestión y no como parte de una política pública, Cueva (2017):
Hay
muy poca inversión privada para la cultura en general y el cine en particular.
Existen auspicios y apoyos puntuales privados que han financiado una parte
importante de la producción cinematográfica ecuatoriana, generalmente, las
negociaciones son iniciativas de la producción de la película, muchas veces la
inversión es a través de canjes. Sin embargo, es algo que falta por
trabajar.
La
actividad cinematográfica en el país, está determinada por una política pública
defensiva (Getino, 2006) que no cubre las grandes
inversiones que implica su desarrollo, por lo tanto, el financiamiento estatal
para el fomento del cine es insuficiente. Sarmiento señala que es necesario:
“aumentar el fondo para que sus estímulos realmente tengan un impacto social y
no tenga una repercusión marginal” (2017).
El
desafío del Estado ecuatoriano consiste entonces, en tomar decisiones para
formular e implementar políticas cinematográficas a través de mecanismos como
normativas, planes, programas y proyectos dirigidos al fomento y protección
para cada uno de los eslabones de la cadena de valor, así, se puede generar una
verdadera industria, estimulando la potencialidad económica del cine y su
posibilidad como emisor de la identidad y memoria de los pueblos.
Aciertos
y desaciertos de la Ley de Fomento al Cine en Ecuador
Al
realizar un balance sobre el efecto de la Ley de Cine en sus diez años de
vigencia, podemos afirmar que contribuyó de una manera positiva al desarrollo
cinematográfico en el país, sin embargo, interesa señalar varias dificultades
que limitaron el fortalecimiento del cine ecuatoriano.
En
efecto, uno de los problemas fundamentales de la Ley de Cine radica en que no
estipuló la procedencia de los recursos que alimentarían al FFC; por lo tanto,
fue un fondo sujeto a decisiones políticas y a límites de ejecución temporales.
Esta inestabilidad, unida a los recortes presupuestarios no garantizó la
implementación de una política cinematográfica sólida y sostenible, además
limitó el acceso de una gran parte de la comunidad a los concursos.
La
Ley de Cine según Cueva (2017):
No
tomó en cuenta las etapas previas y posteriores al rodaje de una película, se
logró inyectar una buena cantidad de dinero en la producción de películas, sin
embargo, no se hizo el suficiente esfuerzo para cubrir todas las necesidades de
la cinematografía en su complejidad, que no es solamente producir películas.
Por
otro lado, terminó siendo poco actual, pues no incorporó exigencias de los nuevos
contextos, por ejemplo, Internet, el espacio digital y a una multiplicidad de
prácticas que, por sus características, pueden ser más relevantes que el cine,
León (2017):
La
televisión y la publicidad, por mencionar algunas, son prácticas actuales que
van adquiriendo importancia, yo diría más que el cine y tiene que ver más con
la producción audiovisual social. La Ley no las toma en cuenta y se restringe
solamente al cine.
En
el articulado de La Ley de Cine no se incluyeron a las pequeñas producciones,
como son los grupos de cineastas populares, parte de las llamadas pequeñas
cinematografías (Ledo, 2013). Según el
criterio de Granda (2017): “la Ley de Cine es como un médico que da un
diagnóstico, sin revisar al paciente. La Ley es excluyente, tiene una atención
desigual para los diferentes colectivos del sector, las razas e incluso el
género”.
El
último aspecto que interesa destacar según Roldós (2017) es que:
La Ley no garantizó el seguro social de los
cineastas. Tampoco contempló otras formas de fomento y de incentivo para el
cine, como el privado. En su articulado, no estaban estipulados convenios
regionales, binacionales, etc. La Ley se quedó corta.
No
obstante, las limitaciones abordadas, la Ley de Cine fue un instrumento
jurídico eficaz, que cumplió con los objetivos planteados en el momento de su
formulación: crear una institucionalidad y un fondo de fomento para el cine. El
FFC contribuyó al crecimiento de la curva de producción, “no solo conformado
por fuentes nacionales, sino que permitió el acceso a fuentes y espacios
binacionales o regionales” (Serrano, 2015, p. 64), ofreciendo la posibilidad de
generar redes, crear prestigio y difundir nuestras historias.
La
política pública es fundamental para el fomento de la industria del cine, sin
embargo, las medidas implementadas por el Estado ecuatoriano para el desarrollo
de la actividad cinematográfica hasta el año 2006, posibilitaron un desarrollo
mínimo de la producción del cine, ya que las asignaciones de fondos no
respondieron a convocatorias públicas y estuvieron caracterizadas por
estrategias individuales, prácticas asistencialistas y clientelares.
La
Ley de Cine, constituyó una conquista importante del sector cinematográfico,
creó una institucionalidad y generó una política pública, el Fondo de Fomento a
la Cinematografía para el desarrollo del cine en el país, generando un impacto
positivo y cumpliendo su ciclo. A pesar
de ello, tuvo varios límites: se centró en el fomento de la producción descuidando
los otros eslabones de la cadena de valor y no fue actualizada para atender a
las exigencias que surgieron en el nuevo contexto económico, social y cultural.
Con
la creación del FFC y la implementación de la política pública para el fomento
cinematográfico, la producción en el país experimenta un crecimiento
cualitativo y cuantitativo, aunque no sucede lo mismo con las audiencias,
trasciende fronteras y construye prestigio en varios festivales, evidenciando
así, la importancia y necesidad del apoyo estatal para garantizar el desarrollo
cultural.
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