Tipo de
Publicación: Ponencia
Recibido: 01/10/2020
Aceptado: 20/10/2020
Autor: Maholy Pastora Amaro Meza
Lcda. En
Educación Integral
MSc. En Ciencias de la Educación
Doctorante en Educación
Universidad
Nacional Experimental “Simón Rodríguez”. (UNESR)
Barquisimeto-
Venezuela
https://orcid.org/0000-0003-0017-3641
E-mail: amaromaholy@gmail.com
La
profesión docente, como un legado de trascendencia moral, se ha visto opacada
por procesos masificadores que han disminuido su alcance, pues si bien es
cierto que se incrementaron las estadísticas, no fue así con la verdadera
finalidad del ser maestro. La llamada educación bancaria fue el detonante para
que estudiosos como Gardner (1983) o Goleman (1996) se adentraran en el estudio
de las formas de aprendizaje y determinaran que la inteligencia es múltiple y
nos conectamos mediante la racional y la emocional. Sin embargo, algunos
autores como Zohar y Marshall (2001) se dedicaron a
determinar cuál era el punto que unía ambas inteligencias y demostraron un
puente entre ambas: la Inteligencia Espiritual (IES), que permite establecer un
proceso racional con preguntas sustanciales que conectan las emociones. Por
ello, esta ponencia propone una comprensión del funcionamiento de las
inteligencias, su vínculo con la educación superior venezolana y los aportes
que pueda ofrecer la IES a la formación de futuros docentes. El proceso
reflexivo es el hilo conductor de esta ponencia, derivando conclusiones de mi
experiencia docente como formadora de futuros maestros, en contraste con lo
planteado por los teóricos sobre el cuestionamiento de la labor docente desde
la cotidianeidad.
Palabras clave: Educación Superior, inteligencia espiritual, formación del
profesorado.
The teaching
profession, as a legacy of moral significance, has been overshadowed by mass
processes that have diminished its scope, because although it is true that the
statistics were increased, it was not like that with the true purpose of being
a teacher. The so-called banking education was the trigger for scholars such as
Gardner (1983) or Goleman (1996) to delve into the study of forms of learning
and determine that intelligence is multiple and we connect through the rational
and emotional. However, some authors such as Zohar and Marshall (2001)
dedicated themselves to determining what was the point that united both
intelligences and demonstrated a bridge between the two: Spiritual Intelligence
(IES), which allows establishing a rational process with substantial questions
that connect the emotions. Therefore, this presentation proposes an
understanding of the functioning of intelligences, their link with Venezuelan
higher education and the contributions that the IES can offer to the training
of future teachers. The reflective process is the guiding thread of this presentation,
deriving conclusions from my teaching experience as a teacher of future
teachers, in contrast to what has been raised by the theorists about the
questioning of the teaching work from everyday life.
Keywords: Higher
Education, spiritual intelligence, teacher training.
El
creciente interés por comprender los procesos de pensamiento del ser humano nos
invita a adentrarnos en los tres componentes que conducen y permiten
interactuar con la distinción de ser social. Dentro de este caminar, mucho se
ha escrito y pensadores como Good y Brophy (1983) hablan
de un acomodo que se define como uno de los principales atributos del ser
humano en su vida adulta, ya que se van haciendo ajustes hasta adaptarse al
entorno que rodea al ser humano. Es así como surge una teoría que ha mantenido
su vigencia pues señala que no todos nos adaptamos y nos acomodamos de la misma
manera.
Por
otro lado, Gardner (1983) propuso un modelo de comprensión de la mente humana
donde la inteligencia no puede definirse como un conjunto fijo, sino como una
red de capacidades autónomas pero interrelacionadas, que se dan en mayor o
menor medida según los individuos y estas capacidades o características tienen
que ver con la predisposición genética y el contexto histórico-social de los
seres humanos. Es decir, Gardner plantea que la capacidad de afrontar las
situaciones (Inteligencia) se determina por las necesidades biopsicológicas
de cada persona y se acentúa conforme a la creatividad, el marco cultural y la
escala de valores. Todo este compendio de características para determinar cómo
acciona y piensa cada persona, se consolidó aún más cuando Goleman (2010),
fortaleció lo expresado por Gardner y profundizó en lo que se llamó
Inteligencia Emocional, cuya definición se centra en las capacidades y
habilidades psicológicas para la gestión de sentimientos, entendimiento y
control de las emociones propias y ajenas.
Es necesario destacar
que existe una particularidad dentro de la inteligencia emocional y, está
enfocada en los elementos que la componen, es decir, comprender que la
inteligencia intrapersonal tiene que ver con el manejo de mis emociones y ser
capaz de regularlas cuando las expongo, mientras que la interpersonal tiene una
implicación en las emociones de otros, saber aceptarlas y reaccionar ante las
acciones de otros. Siendo este un elemento destacado, ya que como seres humanos
nuestra naturaleza es biopsicosocial y conforme a nuestras creencias,
principios y valores se ejercerá un proceso de acción y reacción. En este punto
es cuando recurrimos a la Inteligencia Espiritual (IES), descrita por Zohar y Marshall (2001) como la inteligencia primordial,
que permite afrontar y resolver problemas de significados y valores para ver en
nuestra vida un contexto más amplio y significativo y, a su vez, determinar qué
acción es más valiosa para nuestra vida.
Siendo entonces un
punto ascendente en el peldaño que va más allá de la cotidianeidad, y asumo
desde la postura laboral, específicamente como formadora de docentes en
formación esa necesidad de afrontar de una manera distinta los procesos de
construcción deontológica, pues indudablemente los cambios en la postmodernidad
han comprometido los niveles de instrucción y sobre
todo, las conexiones emocionales y espirituales.
Hablar de
espiritualidad, en muchos casos genera aversión porque se asocia con
religiosidad u orígenes teológicos, sin embargo, no es el caso de la inteligencia
espiritual, Zohar (ob.cit)
menciona que los seres humanos somos esencialmente espirituales porque
cuestionamos sobre asuntos sustanciales, el espíritu definido por la Real
Academia Española, se señala como el alma racional y, el idealismos de Hegel (1993) afirma que el
espíritu supera lo natural, lo sensorial y se eleva a sí mismo en el proceso de
autoconocimiento, por tanto, la inteligencia espiritual se traduce como la
capacidad de discriminar, de manera creativa, la comprensión del sentido moral
para atemperar los cánones con compasión y comprensión y establecer un límite
sobre estos.
La
formación de los maestros en la actualidad parece distante de lo que las
necesidades sociales intrínsecamente reclaman, sin embargo, está surgiendo una
postura para contrarrestar ese clamor que muchos de los estudiantes han
planteado, en el informe de la United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization
(UNESCO) en 1996 la Educación encierra un
tesoro, se abordan los cuatro pilares básicos de la educación: Aprender a
Ser, Aprender a Convivir, Aprender a Hacer y Aprender a Conocer, y dos de ellos
son aspectos íntimamente ligados a una concepción más humana y cercana de la
que han venido ejecutando en algunas casas de educación superior, pues para
establecer relaciones vinculantes con nuestros pares debemos practicar el Ser y
el Convivir.
Algo semejante ocurre
con el reconocimiento de los factores afectivos, emocionales y motivacionales en
el proceso de aprendizaje, ya que destacadas investigaciones en educación
emocional hacen evidente lo imperativo del papel que juegan las actitudes positivas, de aceptación y auto eficacia,
en el favorecimiento del control emocional de los maestros y la realización de
las tareas académicas con mejor expectativa de logro
por parte de los estudiantes, es decir, mientras más influencia se ejerza desde
el proceso educativo, será mayor el resultado a la contienda directa contra las
necesidades sociales donde predominan las tensiones emocionales, los conflictos
familiares, la violencia intrafamiliar e intraescolar
entre otras tantas, convirtiendo a la educación desde la inteligencia
espiritual en una herramienta efectiva para la consolidación de factores
relacionales que contribuyan a una renovación de las practicas docentes, ya que
las virtudes del ser humano se consolidan no en lo racional, no en lo emocional
pero si en lo espiritual.
Siendo esto un aporte
sustancial en un mejor resultado de los procesos educativos para contrarrestar
los efectos del fracaso escolar, las dificultades de aprendizaje y la
indisciplina, pues al establecer vínculos socio afectivos en la relación
maestro-estudiante se genera un clima empático, valorativo, donde el refuerzo
esté en un lugar preponderante para la transformación personal.
Es necesario resaltar
que la formación de formadores es un proceso que genera continuidad,
sistematización y organización, por lo que se vuelve trascendental explorar
alternativas para la construcción de un proceso de formación del profesorado
acorde con las necesidades educativas de las demandas sociales actuales, donde
se modifiquen cánones preconcebidos del maestro dador de clase, por
alternativas que favorezcan a la transformación personal e inclusive,
institucional de las universidades cuyo propósito es la formación del
magisterio.
La formación
profesional de los seres humanos se ha ido construyendo con su interés de
aprender novedades sobre el mundo, algunos estudios históricos coinciden en
señalar a la edad media como el inicio de la educación universitaria, que
estaba segregada a los hijos de artesanos y comerciantes que buscaban obtener
instrucción contratando profesores para aprender con ellos, es decir, la misión
de la universidad desde su génesis ha sido la educación aunque en muchos de sus
periodos históricos perdió autonomía o limitó su alcance a élites. Su evolución
la ha llevado a convertirse en el espacio académico de promoción científica,
que ha trascendido a la enseñanza para incorporar a la investigación y a la
extensión y, en muchos de los casos, la institución donde se asumen posturas
críticas ante el acontecer social, político, económico o cultural.
En
los últimos años, las peculiaridades sociales hacen una redefinición de la
misión de la universidad, que a decir de Picón (1994), se ha vuelto una
organización tan distintiva que incorpora los recursos de su entorno, los
procesa, los reincorpora y se re energiza para mantenerse con el tiempo. Por su
parte, la universidad venezolana se mantiene como una de las instituciones más
importantes en la responsabilidad de impulsar el desarrollo del país y más allá
de las críticas que pueda recibir, se le reconoce como un bien social que a decir de Tünnermann (2000) los cambios a los que
pueda ser sometida deben ser consensuados y asumidos con responsabilidad, sobre
todo en países del tercer mundo.
La
masificación de la educación en Venezuela, trajo consigo una serie de
transformaciones que evolucionaron la concepción inicial de la formación de
formadores, y estudios de la Universidad Central de Venezuela (UCV) o de la
Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), han dejado en evidencia
la necesaria reestructuración de aspectos éticos y pedagógicos, pues hubo una
masiva incorporación de personal profesional no docente que cuestionaría las
prácticas deontológicas propias de quien, por vocación o convicción, asumió la
docencia como carrera, pues si bien la universidad no puede garantizar el
resultado final de sus egresados, si puede intervenir directamente en su
formación para minimizar los efectos posteriores a su egreso.
En
tal sentido, Calzadilla (2004) expone que la transformación de la educación
superior requiere de la participación protagónica y pedagógica de los
formadores de docentes, de manera activa, crítica y reflexiva, pues su
complejidad demanda de procesos cognitivos, de análisis que garanticen la
formación integral del futuro docente y mediante aspectos éticos, se construya
una persona moralmente humana, autónoma y con responsabilidad social.
Y
es justo en este punto cuando la inteligencia espiritual destacaría su aporte
al proceso formativo, pues son muchos las modificaciones que la educación
pedagógica ha sufrido en Latinoamérica y la reconstrucción de ese proceso de
formación debe asumirse desde lo innovador, pero con una mirada a lo
trascendente, lo sustancial.
En un acercamiento
hacia esa conexión trascendental se consolidan los vértices de la inteligencia
espiritual, definida por Wolman (2003) como la capacidad humana para hacer
preguntas sobre el significado de la vida y para experimentar simultáneamente
la perfecta conexión entre cada uno de nosotros y el mundo en que vivimos,
mientras que para Vaughan (2012), esta inteligencia tiene a parte de la
trascendencia, una conexión que abre el corazón, ilumina la mente, e inspira el
alma. Por lo tanto, su vinculación con la práctica de la docencia se vuelve
necesaria, importante y trascendente.
Porque toda persona
que ha tenido un maestro, lo recuerda y trasciende en sus pensamientos y
emociones (según el efecto generado) y ha sido tal el impacto en la
reconstrucción del ser humano, que Buzan
(2008) explica que en la IES se puede despertar en nosotros hasta de 10
formas: una visión global y de la vida; tener un propósito de acción,
desarrollar la compasión, la caridad y la gratitud; descubrir el poder de la
risa y de vivir con actitud de entusiasmo, amor ilimitado, sentido de aventura,
confianza y sinceridad; así como, reconocer la importancia de la paz, los
rituales espirituales y el poder del amor, resumiendo así, las maneras más
idóneas de llegar al estudiantado en la educación superior y sobre todo a
aquellos que se están formando para ser docentes, ya que la educación
venezolana, sobre todo el sector universitario ha sido llamado a dar respuestas
a la sociedad, y reclama un docente crítico, con conciencia social y con competencias
transformadoras que se adapte al proyecto de país que las políticas actuales
demandan.
No obstante, asumir posturas ante las
políticas educativas en Venezuela es contundentemente perturbador pues se
asocian con las posturas partidistas, desvirtuando los sentidos que puedan
otorgársele al acto educativo e invita a la reformulación de acciones de
liderazgo donde se promueva la despartidización de la educación superior y las
políticas que la rijan.
Más allá de las implicaciones al transmitir
conocimiento, motivar el aprendizaje, evaluar logros o renovar métodos, el
nuevo panorama mundial sitúa al docente en un desafío de trascendencia moral:
su contribución con la integridad. Comprender la profesión desde la ética
inscrita en esa búsqueda permanente de afirmarnos como individuos y como
sociedad y procurar la coexistencia con los otros, reconocernos y estimarnos
como ciudadanos, nos conduce hacia nuevas realidades que deben inducirnos hacia
la reflexión ética sobre la cotidianeidad, el encuentro entre iguales, la
democratización de los intereses compartidos que sustenten en la otredad y la
autonomía del ser.
Asumir la educación, centrada en los principios de
la IES es considerar una ética social afirmada desde la alteridad, cuyo proceso
de interacción para la construcción o aseveración de la integridad es la
interacción con su interior y con los semejantes desde una perspectiva
histórica comprensible o común, ya que sólo desde la lógica social se puede
producir esa transformación tan anhelada y tan relevante para la nueva
generación de maestros.
La reflexión y el cuestionamiento constante en la
búsqueda de la verdad, del valor, de lo trascendental, es lo que le da ese
proceso decisivo a la educación desde la libertad, la autodeterminación y la
capacidad permanente de plantear preguntas morales que permitan avanzar en
nuestro quehacer, fomentar la autonomía del sujeto y
por ende, del aprendizaje, bien decía Melchin (1993)
se puede vivir con las preguntas correctas pero con las respuestas equivocadas.
Postura Conclusiva
La criticidad a la que está expuesta la educación
permite que como docentes formadores de formadores asumamos una postura que,
parafraseando a Nietzsche, nos permitamos tener un por qué y un para qué para
crear nuestros propios cómo. Y es que ese síndrome de la sociedad de la
información nos conduce a apretar el paso en más programas de formación de
profesores, diplomados, maestrías, innovaciones técnicas; pero no hay un cómo
hacer para conseguir la receta secreta para educar en, para y desde la libertad
y la integridad.
No se trata de apretar el caminar, ni de aceptar
trabajos, ni de concluir cursos y extensiones, se trata fundamentalmente de
entender que no hay recetas más que volver al inicio, al génesis, a la exégesis
de la docencia: La reflexión de la práctica docente desde la cotidianeidad,
encontrar el sentido de nuestra propia existencia, recapacitar y asumir, como
futuros docentes, el compromiso de educar desde la libertad, cuestionando el
sentido de lo que enseña, cómo lo enseña y para qué lo enseña, es decir, asumir
la enseñanza desde el proceso más intrínseco que lo brinda la inteligencia
espiritual.
Por ello, y a manera de conclusión, podría invitar
al lector a cuestionarse sobre la formación y la reflexión diaria del proceso
de enseñanza que aplica, el educar desde las emociones, desde la afectividad,
desde la conexión con el Yo, desde la conciencia del mundo en el que vivimos y
la humanización para la verdadera enseñanza, no la del contenido programático,
sino la de la realidad progresiva, la sensibilización, la relevancia y la
pertinencia de nuestra propia vida donde el valor existencial del individuo y
del colectivo nos inviten al contacto intimo con nuestro interior para que el
proceso de reflexión se traduzca en autenticidad, integridad y testimonio,
promoviendo así, la educación por contagio, como dijo Savater (1997) “La
principal asignatura que le enseñan a los hombres entre sí es en que consiste
ser hombres”
Buzan,
T. (2008). El poder de la Inteligencia
Espiritual. 10 formas de despertar tu genio espiritual. Madrid: URANO, S.A.
Calzadilla,
R (2004). Formación de formadores:
Crítica de la razón pedagógica.
X jornadas de investigación educativa. UCV-Facultad de Humanidades y
Educación.
Gardner,
H. (1983). Estructuras de la Mente. La
Teoría de las Inteligencias Múltiples. México, FCE.
Goleman,
D. (2010). La Inteligencia Emocional.
México D.F.: Zeta.
Good, T. Brophy, J. E. (1983). Motivación. En T. Good y J.E. Brophy: Psicología
educacional. México:
Interamericana.
Hegel, G.W.G. (1993). Fenomenológica del espíritu. México: FCE.
Melchin, K. (1993). Decisión
moral y preguntas morales. vol. 11, núm. 2, Boston. Boston College.
Picón, G. (1994). El
proceso de convertirse en universidad. Serie investigaciones
educativas. FEDEUPEL. Caracas-Venezuela.
Savater,
F. (1997). El valor de educar. Barcelona:
Ariel Ed.
Tünnermann, C. (2001). Universidad y sociedad Balance histórico y
perspectivas desde América Latina. Editorial Hispamer.
Wolman,
R. (2003). Pensar con el alma: Cómo
Evaluar y Desarrollar la Inteligencia espiritual con el Método PsychoMatrix. Barcelona: Obelisco.
Zohar,
D. Marshall, I. (2001). Inteligencia
Espiritual. La inteligencia que permite ser creativo, tener valores y fe. Barcelona: Plaza & Janés Editores
S.A.