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1(1632)
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1(1633)
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12
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1(1634)
Tipo de Publicación: Artículo Científico
Recibido: 01/11/2024
Aceptado: 02/12/2024
Publicado: 30/12/2024
Código Único AV: e403
Páginas: 1 (1632-1649)
DOI: https://zenodo.org/10.5281/zenodo.14802015
Autor:
Eduardo Saffirio Suárez
Abogado
Magister en Ciencia Política
Doctor (E) en Filosofía Política
https://orcid.org/0009-0009-6702-7797
E-mail: esaffirio@corp.umc.cl
Afiliación: Universidad Miguel de Cervantes
País: Chile
Resumen
Este documento aborda la problemática de la fragmentación y polarización
partidista en el sistema político chileno, así como la calidad de la política.
A pesar del reciente rechazo de dos proyectos constitucionales, algunos
sectores políticos y económicos han propuesto 24 reformas parciales para
enfrentar los problemas más urgentes del sistema político chileno. El
enfoque principal de estas propuestas es reducir la fragmentación del
sistema de partidos mediante barreras legales. Sin embargo, el documento
argumenta que confiar exclusivamente en la ingeniería política para
solucionar problemas multicausales es insuficiente. La fragmentación
partidaria es un síntoma de la desinstitucionalización de los partidos, y los
problemas de eficacia decisoria también se deben a la polarización y a la
pérdida de calidad de la política. Finalmente, se discute cómo las
instituciones del sistema político chileno, diseñadas para un modelo de
democracia consensual, interactúan con prácticas y comportamientos que
priorizan la competencia y el conflicto. El análisis concluye que cualquier
reforma política efectiva debe abordar integralmente estos factores para
mejorar la eficacia decisoria del sistema político chileno.
Palabras Clave:
Reforma, política, fragmentación, polarización
partidista, calidad política.
Abstract
This document addresses the problem of fragmentation and partisan polari-
zation in the Chilean political system, as well as the quality of politics. De-
spite the recent rejection of two constitutional projects, some political and
economic sectors have proposed 24 partial reforms to face the most urgent
problems of the Chilean political system. The main focus of these proposals
is to reduce the fragmentation of the party system through legal barriers.
However, the document argues that relying exclusively on political engi-
neering to solve multi-causal problems is insufficient. Party fragmentation
is a symptom of the deinstitutionalization of parties, and problems of deci-
sion-making effectiveness are also due to polarization and the loss of quality
of politics. Finally, it is discussed how the institutions of the Chilean politi-
cal system, designed for a model of consensual democracy, interact with
practices and behaviors that prioritize competition and conflict. The analysis
concludes that any effective political reform must comprehensively address
these factors to improve the decision-making effectiveness of the Chilean
political system.
Keywords:
Reform, politics, fragmentation, polarization, partisan.
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Revista Aula Virtual, ISSN: 2665-0398; Periodicidad: Continua
Volumen: 5, Número: 12, Año: 2024 (Continua -2024)
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1(1635)
Introducción
En el contexto de los recientes rechazos a dos
proyectos de reformas constitucionales en Chile,
surge nuevamente la discusión sobre la necesidad de
modificar el sistema político. Diversos actores,
tanto en sectores de derecha como de
centroizquierda, han propuesto un paquete de 24
reformas parciales que, en su criterio, abordarían
algunos de los problemas estructurales más urgentes
del país. Uno de los ejes de esta propuesta se centra
en reducir la fragmentación del sistema de partidos,
sugiriendo para ello la implementación de barreras
legales que limiten la proliferación partidaria.
Este artículo se propone analizar críticamente
la efectividad de estas reformas, que se sustentan en
una gran confianza en la denominada "ingeniería
política" como solución a problemas complejos y de
naturaleza multicausal. En efecto, si la
fragmentación del sistema de partidos responde en
gran medida a la pérdida de institucionalidad de los
mismos, resulta cuestionable que modificaciones en
el sistema electoral puedan, por solas, revertir
dicha tendencia.
A su vez, los problemas asociados a la baja
eficacia en la toma de decisiones políticas no
derivan exclusivamente de la fragmentación
partidaria; otros factores como la polarización y la
disminución en la calidad del debate político
también desempeñan un papel relevante.
Finalmente, esta reflexión concluye señalando una
contradicción fundamental en el sistema político
chileno: mientras que las estructuras e instituciones
responden a un modelo de democracia de consenso,
las dinámicas y conductas de sus actores reflejan, en
cambio, un enfoque marcado por la competencia y
el conflicto. Sin duda, que lo importante es que lo
que se conoce hace décadas en la teoría se aplique
en el análisis, pues como escribió Taagepera (2017):
El sistema electoral afecta a la política,
pero también son producto de la polí-
tica, después de una reverencia inicial a
esta causalidad bidireccional… (los
analistas) tratan las leyes electorales
como causas de los sistemas de partidos,
en lugar de resultado (de ellos) (p. 679).
De esta forma, el sistema electoral no es por
solo suficiente para determinar la reducción perma-
nente del número de partidos del sistema (Cotta et
al, 2018, p. 289). Se sabe que la fragmentación de
los partidos ha aumentado en las últimas décadas
que este no es solo un fenómeno chileno, donde en
las últimas décadas ha aumentado la cantidad de
partidos. El uso de índices cuantitativos y cualitati-
vos llevarían a cifras de fragmentación superiores a
los 11 partidos, por la baja fuerza relativa del apoyo
electoral a cada partido, que es un elemento o com-
ponente muy importante (Blonde, 1972).
Pruebas del aumento general de la fragmenta-
ción, se encuentran -por ejemplo- en un libro re-
ciente de Katz y Mair (2022). Dichos autores entre-
gan una serie de datos de lo que ocurre en muchas
de las democracias occidentales.
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1(1636)
País
Año 1
Año 2
N.º efectivo
de partidos
electorales
año 1
N.º efectivo
de partidos
electorales
año 2
N.º
efectivo
partidos
parlamen
tarios
año 1
N.º efectivo
partidos
parlamentari
os año 2
Australia
2001
2016
3,44
4,47
2,49
3,07
Austria
2002
2013
3,02
5,15
2,88
4,59
Bélgica
2003
2014
8,84
9,62
7,03
7,82
Canadá
2004
2015
3,78
3,33
3,03
2,50
R, Checa
2002
2013
4,82
7,61
3,67
6,12
Dinamarc
a
2001
2015
4,69
5,86
4,48
5,57
Estonia
2003
2015
5,42
5,14
4,67
4,72
Finlandia
2003
2015
5,65
6,57
4,93
5,84
Francia
2002
2012
5,22
5,27
2,26
2,83
Alemania
2002
2013
4,09
4,81
3,38
3,51
Grecia
2004
2015
(S)
2,66
4,51
2,19
3,24
Hungría
2002
2014
2,94
3,22
2,21
2,01
Islandia
2003
2016
3,91
6,08
3,71
5,09
Irlanda
2002
2016
3,94
6,57
3,38
4,93
Italia
2001
2013
6,32
5,33
5,30
3,47
Letonia
2002
2014
6,78
5,60
5,02
5,13
Lituania
2004
2016
5,78
6,79
5,46
4,42
Luxembur
go
2004
2013
4,26
4,85
3,81
3,93
Países
Bajos
2003
2012
4,99
5,94
4,74
5,70
N.
Zelanda
2002
2014
4,17
3,27
3,76
2,96
Noruega
2001
2013
6,18
4,87
5,35
4,39
Polonia
2001
2015
4,50
4,45
3,60
2,75
Portugal
2002
2015
3,03
3,59
2,50
2,86
Eslovaqui
a
2002
2016
8,87
7,31
6,12
5,67
Eslovenia
2004
2014
6,02
5,33
4,90
3,97
España
2004
2016
3,00
5,03
2,53
4,16
Suecia
2002
2014
4,51
5,41
4,23
4,99
Suiza
2003
2015
5,44
5,83
5,01
4,92
Reino
Unido
2001
2015
3,33
3,92
2,17
2,53
EE.UU.
2002
2014
2,15
2,14
2,00
1,96
Tabla 1. Número efectivo de partidos en las primeras elec-
ciones después de 2000 y en las últimas elecciones antes de
2017
Fuente: Katz y Mair (2022), p. 280.
Katz y Mair (2022) señalan textualmente que:
(…) la fragmentación en cuanto a los
votos recibidos ha aumentado en 20 de
los 30 países, mientras que la fragmen-
tación con respecto a los escaños parla-
mentarios ha aumentado en 19. Además,
de los 10 que no experimentaron un au-
mento de la fragmentación electoral, 5
se encontraban ya entre los 6 que tenían
los niveles más altos de fragmentación
al principio de este periodo.
Por ello el número de partidos, aumentó en 19
de estas mismas democracias. En la Tabla 2 re-
afirma el aumento de la fragmentación partidista.
1960
1980
1990
2000
20
10
2020
*
Alemania
(SPD+CDU/CSU)
86
85
77
68
60
50
Austria
(OVP+SPO)
91
84
60
55
51
59
Países Bajos
(Pdva+VVD+CD
A)
83
82
69
65
51
34
Reino Unido
(Laborista+Conser
vador)
90
72
75
70
72
78
Tabla 2. Distribución media de votos de los partidos mayori-
tarios por década: Alemania, Austria, Países Bajos y Reino
Unido
Nota: base a Katz y Mair (2022). Las cifras de la última co-
lumna son del autor. Considera las elecciones de 2021(Ale-
mania), 2019 (Austria y Reino Unido) y 2023 (Países Bajos).
Como se ve, la distribución media de los votos
de los partidos mayoritarios considerados por déca-
das en Austria, Alemania, Países Bajos y Reino
Unido muestra la concentración del voto en los par-
tidos más relevantes del sistema entre 1960 y 2010.
El único caso en que esas cifras no han seguido ca-
yendo de manera relativamente significativa es el
del Reino Unido, donde laboristas y conservadores
obtenían el 72% de los votos el año 2010 y alcanzan
un 78% en 2019. A propósito de los datos de la Ta-
bla conviene destacar que los seis partidos políticos
más votados en Chile obtuvieron en conjunto el
53,34% de los votos. Veamos ahora la situación del
aumento de la volatilidad electoral comparada con
el aumento de la fragmentación.
ISSN: 2665-0398
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1(1637)
Figura 1. Volatilidad y número de partidos en treinta países
(18322019)
Fuente: Caramani (2020, p. 237)
En la Figura 1, se observa el aumento de la
volatibilidad (señalada por la línea continua del grá-
fico) y del índice de fragmentación (en barras) en
treinta países durante casi doscientos años. Como
vemos, la volatilidad se encuentra en su nivel más
alto y la fragmentación actual sólo fue superada en
1916 y 1946, en plena Primera Guerra Mundial y
recién finalizada la Segunda. Por lo tanto, es notorio
el aumento de la fragmentación en muchísimas de-
mocracias, incluyendo a países que han intentado re-
ducirla vía el empleo de sistemas electorales despro-
porcionales, como fue el caso de Italia (Della Porta,
2008, p. 176).
Esto ocurre porque la fragmentación es un fe-
nómeno multicausal. Es decir, su magnitud no de-
pende solo de las instituciones políticas, ni de las
electorales, aunque ellas puedan ser factores concu-
rrentes de relevancia. Pero, hay otros elementos
incidentes en el fenómeno algunos de estos son los
siguientes:
El número y la fuerza e intensidad de las líneas
de conflictos, fracturas societales o clivajes, suscep-
tibles de ser politizados y de orientar la competencia
electoral por la acción de “emprendedores políticos”
que quieren aprovechar la reducción de las barreras
de entrada y los cambios en las estructuras de opor-
tunidades de sociedades más diversificadas en es-
tructuras y actores y más plurales culturalmente
(Marsh & Stokes, 1997).
Hoy la variedad de clivajes antiguos y nuevos
susceptibles de politizarse y ordenar aspectos rele-
vantes de la competencia política, ya no son solo los
cuatro clásicos que teorizaron Lipset y Rokkan en
1967 (Lipset y Rokkan, 1992) y a los cuales habría
que sumar simplemente los tres clivajes que agregó
Arend Lijphart en los años 80 del siglo pasado:
apoyo al régimen democrático, dimensión interna-
cional, materialismo versus post materialismo (Li-
jphart, 1987).
Periodo
Divisiones
Sociales
Materias De
Los
Conflictos
Tipos De
Partido
Siglo
XIX
(primera
mitad)
Centro vs
periferia
Centralización
territorial
Nacionales vs
regionales
Estado vs Iglesia
Secularización
Religiosos vs
laicos
Siglo
XIX
(segunda
mitad)
Ciudad vs campo
Desarrollo
industrial,
protección del
ingreso
Liberales vs
agrarios
Empresarios vs
obreros
Burgueses vs
obreros
Siglo
XX
(inicios)
División interna
de la clase obrera
Reforma,
revolución o
reacción
Socialistas vs
comunistas
Reacciones de
derecha
Fascistas
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1(1638)
Siglo
XX
(finales)
Valores
materialistas vs
postmaterialistas
Vieja y nueva
economía
Verdes y
libertarios vs
tradicionalistas
Establishment vs
anti-
establishment
Vieja y nueva
política
Nuevos
partidos
(populistas,
territoriales,
antieuropeos)
Pro-Europa vs
anti-Europa
Crisis del
Estado
Tabla 3. Estructura de las fracturas sociales (Cleavages) y
partidos
Fuente: Capano et al., (2014, p. 154)
En la Tabla 3, adaptada del libro de los italia-
nos Capano, Piatoni, Raniolo y Verzicheli, que
existe más de una decena de fracturas sociales sus-
ceptibles de estructurar la competencia política,
pese a que el cuadro deja fuera la dimensión de
apoyo al régimen de Lijphart. Entre las divisiones
clásicas teorizadas por Lipset y Rokkan parte de la
división estado-iglesia y capital-trabajo. A ella se
agrega la separación socialdemócratas y comunistas
y luego el clivaje generado por la derecha.
A todos ellas se incorporan ahora los clivajes
materialismo-post materialismo, que han dado ori-
gen, a los verdes y libertarios en la izquierda y se
adicionan nuevos temas a la dimensión internacio-
nal que Lijphart teorizó, pues hoy no solamente se
cuentan con partidos antiglobalización como nuevo
dato. Estos partidos expresan, el clivaje establish-
ment versus antiestablishment, además han surgido
partidos “anti casta”.
Señalemos, a propósito del dinamismo, el nú-
mero de clivajes, que actualmente la fisura centro-
periferia está adquiriendo nuevas configuraciones
como etno-nacionalistas que están tensionando fuer-
temente sistemas políticos como el español y el del
Reino Unido. De igual modo, partidos etno-regiona-
listas han tenido efectos relevantes -hoy día menos
visibles- en la política italiana (Cotta, Della Porta,
Morlino, 2018, p. 369).
Asimismo, las sociedades actuales son más
complejas y también más “líquidas” y menos “sóli-
das” por cambios sociales y antropológicos. Así
ocurre con la pérdida en mercados del trabajo más
heterogéneos y precarizados, en el aumento de la re-
levancia del estatus y en la individuación socioló-
gica (De Nardis, 2020, p. 9).
A lo anterior se adiciona lo cultural y la bús-
queda de gratificaciones inmediatas, la pérdida de
orientación histórica-cultural y la compresión de lo
espacio-temporal, el cortoplacismo como lo señala
Di Gregorio (2024) en una obra a cargo de Mazzo-
leni.
El aumento de la velocidad del cambio y de
los avances tecnológicos que han alterado las pautas
de participación y socialización política, han impac-
tado en la capacidad de encuadrar tiempos, estilos,
contenidos y lógica de la política, en medios como
televisión y los audiovisuales que surgen vía el desa-
rrollo técnico. Estas transformaciones incluso faci-
litan la creación de nuevos partidos, llamados digi-
tales o ciber partidos (Ignazi, 2021; Katz, 2020).
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1(1639)
En parte debido a lo anterior, hoy día también
se observa una diversificación de electorados y pú-
blicos. La complejidad social hace que las variables
que pueden condicionar y explicar el voto sean dis-
tintas y numerosas. Existen pocas dudas que el fe-
nómeno va en aumento, de allí la llamada “política
de las emociones” y el creciente porcentaje de elec-
tores que deciden su voto el mismo día de la elec-
ción o incluso en el momento de ejercer el sufragio.
Como se desprende de lo dicho, la individua-
ción sociológica, la secularización, pluraliza los es-
tilos de vida y facilita la llamada desintermediación,
que debilita a partidos, comunidades y asociaciones
de todo tipo e incluso a los medios de comunicación
tradicionales. Ya por excepción se encuentran en
muchas democracias identidades colectivas fuertes,
que respondan a ideologías sólidas y a grupos de re-
ferencia compactos (Della Porta, 2002, 2009 y
2017). Las identidades que surgen son más bien
reactivas, defensivas y de actuación esporádica.
De allí que el electorado fiel o de pertenencia
y aumenta el electorado de opinión. El cambio de las
dimensiones competitivas y sus contenidos es otro
efecto de la mediatización política, el desarrollo de
los medios audiovisuales e internet (Mazzoleni,
2010; De Nardis, 2020) que priorizando en la
agenda pública aspectos parciales, buscan comuni-
car y socializar bajo sus lógicas y no la de los parti-
dos. Estas dinámicas facilitan que hoy día encuen-
tren terreno abonado manifestaciones y actores
centrados en movimientos de objetivo único, mu-
chas veces con características de protesta disruptiva.
La competencia electoral ahora basada en
asuntos puntuales, por ejemplo: aborto, migracio-
nes, corrupción, control de la inflación, ley y orden,
les otorga margen a los partidos, quienes proponen
una dinámica agenda temática y más inestables de
la competencia política (Colomer, 2017).
Se ha destacado que la forma actual que ad-
quiere la comunicación política es fruto de cambios
relevantes en los dispositivos tecnológicos, que los
coloca en una posición asimétrica favorable con re-
lación a los partidos políticos. La lógica de la tele-
visión supone y requiere audiencias masivas, con-
virtiéndola en un medio que privilegia la diversión
y el entretenimiento y donde los contenidos más se-
rios a comunicar, como dijimos, con suerte pueden
estar relacionado o recaer sobre asuntos puntuales,
los llamados issues, parte esencial de una agenda
pública dinámica y variable. Estas características de
la agenda política, segmenta a las audiencias y favo-
rece la fragmentación, ya no solo mediática, sino
que también social y política de los públicos y de los
actores.
Se agrega a lo ya dicho el enorme desarrollo e
impacto de internet que polariza lo político y pro-
mueve la conformación de “mini públicos”, nichos
y audiencias tribalizadas de alta diversificación y
que no actúan entre si -no interaccionan- generando
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1(1640)
muchas veces las opiniones ajenas y fanáticas de las
opiniones coincidentes.
A su vez, lo negativo de la política, favorece
los estilos populistas de comunicación y afecta la ca-
pacidad de respuesta de la democracia, impulsando
también la desafección y el desencanto con la polí-
tica, además, incide en la volatilidad electoral.
En efecto, los fenómenos políticos actuales
como la segmentación, fragmentación polarización
se encuentran vinculados estrechamente a modifica-
ciones radicales en el intercambio político. (De Nar-
dis, 2020: cap.12).
Pero el desanclaje social induce a la desinsti-
tucionalización, por la merma en la fortaleza del
vínculo con los grupos sociales de referencia y los
votantes- también se explica por sus propias dinámi-
cas de funcionamiento: los discursos, junto con
prácticas extendidas de profesionalización excesiva
y donde los partidos se centran únicamente en el lo-
gro de cargos burocráticos, en desmedro de los ob-
jetivos de representación social y de acción pública
viable (Katz, 2020; Caramani 2020; Hofmeister
2021).
Wolinetz (2007) ha realizado un gran aporte a
estos temas explicando lo que puede ocurrir cuando
los partidos sólo estructuran los cargos, olvidando
las tareas de representación social y de impulsión de
políticas públicas. Su aporte al tema se resume en la
Tabla 4.
Indicadores
Partidos
orientados a
las políticas
Partidos
orientados a los
votos
Partidos
orientados a los
cargos
Debate político interno
Porcentaje de
tiempo
empleado en las
reuniones del
partido
Alto
Bajo
Bajo
Carácter del
debate
Intenso,
prolongado,
centrado en el
tema
Pro forma, difuso,
descentralizado
Pro forma,
difuso,
descentralizado
Alcance y grado
de implicación
Extensivo; la
mayor parte de
los niveles del
partido
involucrados
comité político;
compartimentado
Confinado al
liderazgo o
comité político;
compartimentado
Consistencia de
las posiciones
políticas
asumidas
Alta
Media-baja,
tendente a
cambiar en
función de las
instrucciones del
líder; estructura
de oportunidad
electoral
Media-baja
Campañas electorales
Importancia de
las políticas
Alta
Variable
Baja
Determinación
de estrategias
las políticas
Políticas
desarrolladas para
ajustarse a la
estrategia,
maximizar votos
Variable
preferencia por
las estrategias de
bajo riesgo
Utilización de
nuevas técnicas
electorales
Media-baja
Alta
Media-baja
Infraestructuras
de base.
Mínimas o a
disposición de los
líderes o cargos
Mínimas o a
disposición de los
líderes o cargos
Tabla 4. Partidos orientados a los votos, posibles indicadores
Fuente: Wolinetz (2007, p.149)
Las distinciones y aportes de Wolinetz ayudan
a comprender el caso chileno donde todas las etapas
de la llamada disconformidad con los partidos (Los-
che, 2006): partiendo por la deslegitimación hasta
llegar a la desinstitucionalización, pese a que ello
fue advertido tempranamente por Mainwaring,
Montes y Ortega (2001), Huneeus (2014), Altman y
Luna (2016), entre otros.
Las crisis económicas y sociales, evidenciadas
desde el año 2008 en adelante, encontraron así
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terreno fértil – actuando como acelerantes – (Wolf,
2023; De Nardis, 2020: cap. 11) para potenciar la
crítica y el rechazo de los partidos políticos históri-
cos con nuevos partidos populistas de derecha e iz-
quierda, que se presentan como contrarios al orden
establecido, impuesto y sostenido por partidos es-
cleróticos, producto de una estatalización perversa,
incluso cartelizada según algunos autores, y por el
abandono de las tareas de representación y trabajo
programático (Kitschelt y Wang, 2014).
Como sintetiza certeramente Ignazi (2021), el
pacto fáustico de los partidos del establecimiento
con el Estado alimentó el descontento de la ciuda-
danía para con ellos. La aceleración de la dimensión
temporal que provoca transformaciones a nivel tec-
nológico que impacta en todas las esferas, globali-
zada y comunicada en línea y al instante, dificulta la
permanencia de muchos actores colectivos antiguos,
no solo los partidos -pensemos, por ejemplo, lo que
ocurre también con las iglesias y su pérdida de pro-
tagonismo relativo en la esfera pública, en la cultura
y en la socialización- y facilita la aparición de múl-
tiples partidos y otros actores nuevos que desafían
real o presuntamente al establecimiento político (De
Nardis, 2020).
En las últimas dos décadas no solo han sur-
gido muchos actores colectivos de protesta, también
hemos conocido los “partidos piratas”, los partidos
de nicho e incluso los partidos empresas (Katz,
2020) al servicio de caudillos y outsiders cuyas
carreras políticas solo votantes desafectos, indigna-
dos y despolitizados que también han personalizado
su voto, como lo vemos expresado en la recurrente
frase “yo voto por personas y no por partidos”. Pa-
radójicamente las transformaciones adaptativas de
acuerdo a Panebianco (2000) lleva de vuelta al par-
tido de notables weberiano, ahora en contextos de
democracias no censitarias ni excluyentes, sino que
de ciudadanía potencialmente extendida.
La situación actual de los partidos políticos se
ven afectados por las características y situaciones
indicadas, su estabilidad y capacidad funcional, per-
sonalizando el liderazgo, volviéndolo preeminente y
sin contrapesos, en desmedro de la organización
partidaria (Mazzoleni, 2010). Estos fenómenos ge-
neran problemas severos para la marcha de los sis-
temas políticos, pues la tendencia a la “lideraliza-
ción” unida a la mayor facilidad para surgir y expre-
sarse que poseen hoy los movimientos sociales de
protesta, los recursos económicos, mediáticos y el
conocimiento experto y los grupos populistas y ra-
dicales. Estos últimos cambian las agendas políticas
y la dirección de la competencia, en muchas demo-
cracias, provocando inclusos cambios enormes en
sistemas políticos otrora estables.
La solidez de las coaliciones de gobierno y de
oposición y la previsibilidad del comportamiento
estable dotado de capacidades decisorias en siste-
mas políticos que hoy, además, son multinivel, pues
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no operan solo en el nivel nacional, sino que tam-
bién en el supranacional (Capano, et al., 2014).
La situación de inestabilidad también se
agrava pues la función de coordinación y de estruc-
turación del mundo político que los partidos históri-
camente han cumplido, hoy está muy disminuida
cuando no desapareciendo (Katz, 2020; Clark, et.,
2017). Volatilidad política y electoral, desconfianza
y desafección ciudadana, se unen así a la pérdida de
eficacia decisoria, colaborando al desprestigio de
los gobiernos y dificultando aún las hiperpluralistas
democracias contemporáneas (Della Porta, 2009).
Figura 2. Funciones de los partidos políticos
Fuente: Hofmeister (2021, p.41)
Como se observa, en la Figura 2 las funciones
que los autores destacan como propias de acuerdo a
Hofmeister, 2021; Clark, et., 2017), hoy día se ven
reducidas progresivamente solo a la de competencia
electoral. Es decir, los partidos están cumpliendo
cabalmente una sola función, los partidos, es una ta-
rea igual de importante que tratar de disminuir los
índices de fragmentación y, como diremos al final,
del índice de polarización.
Métodos
En el estudio se empleó una metodología des-
criptiva con el propósito de lograr una comprensión
minuciosa y exacta. En particular, se buscaba exa-
minar y detallar el efecto de la reforma política,
fragmentación y polarización partidista y calidad. A
su vez, la investigación se fundamentó en un enfo-
que documental, que implicó la recopilación y el
análisis meticuloso de diversos documentos, infor-
mes, estudios anteriores y cualquier otra fuente re-
levante sobre el tema (Hernández-Sampieri & Bap-
tista, 2014). Se consultó una amplia gama de mate-
riales, incluyendo artículos científicos, informes de
organismos oficiales, registros históricos y literatura
especializada.
El proceso metodológico incluyó la identifica-
ción y selección de documentos relevantes en rela-
ción de la reforma política, fragmentación y polari-
zación partidista y calidad para asegurar la pertinen-
cia y calidad de los documentos escogidos. Se llevó
a cabo una revisión sistemática de la literatura para
cumplir con el propósito del estudio.
Resultados y Discusión
Los sistemas electorales que carecen de im-
portancia al momento de la fragmentación
Funciones de
los partidos
políticos
Agregación (recopilación) y
articulación (comunicación) de
intereses políticos
Representación
Participación en
la competencia
política
Formación de gobierno
Movilización y
socialización de
los ciudadanos
Legitimación del
orden
democrático
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partidista; pero su aumento o disminución depende
de variados factores y, probablemente, enfrentarla
hoy día puede resultar más complejo dado que los
partidos se han debilitado al perder su rol de repre-
sentación, disminuida su capacidad de agregación
de intereses por una baja en la calidad de su delibe-
ración programática.
Respecto de la reforma política es muy impor-
tante, primero, tener presente que los sistemas elec-
torales son complejos y están compuestos por al me-
nos cuatro elementos: el tipo de lista, la regla de
asignación de escaños, la magnitud del distrito y la
existencia o no de barrera legal (Nohlen, 1994).
Por ello, no parece razonable poner énfasis
solo en las barreras legales mientras se permite -fa-
cilitándolos- los pactos electorales. Esto es incon-
gruente y contradictorio. Tampoco es certero enfati-
zar sobre las asambleas para proponer la reducción
de escaños que se eligen por distrito o por circuns-
cripción. Como señala Nohlen (2012) solo Lijphart
releva la variable tamaña de las asambleas, encon-
trando una relación estadística significativa, pero de
pequeña magnitud, entre dicha variable y la despro-
porcionalidad (Lijphart, 1995).
En cuadros de opinión donde ya existe mucho
sentimiento anti político puede ser tentador realizar
propuestas de disminución del número de escaños
en las asambleas representativas, sin embargo, los
senadores y diputados que existen en Chile
actualmente es el mismo que existía en 1973,
cuando se quebró la democracia por la dictadura.
Es importante dejar claro que la magnitud de
los distritos en Chile que regulan la elección de con-
gresistas, no es técnicamente alta. En efecto, los que
escogen cinco escaños, son pequeños, medianos
aquellos que eligen hasta diez y grandes aquellos
que eligen sobre once escaños o más. En Chile ac-
tualmente la cantidad de diputados va de tres a cinco
escaños, y solo algunos distritos podrían conside-
rarse medianos. Lo mismo ocurre con las circuns-
cripciones senatoriales, que eligen cinco escaños
cada una (Nohlen, 2017).
En segundo término, como ejemplo adicional
el análisis unidimensional y de mirar el conjunto de
los problemas actuales destacamos que, si además
de la fragmentación partidista existe un problema de
calidad que conduciría a terminar con las exigencias
de miles de firmas para constituir partidos.
Esto dificulta que los partidos sean efectiva-
mente filtros de militantes, cuadros y dirigentes,
buscando calidad política, técnica y ética, los ries-
gos de selección adversa como los que vemos ex-
presados en tantos aspectos: incapacidad, oportu-
nismo, cuando no falta de ética y corrupción. Dis-
minuir esta exigencia fortalecería - junto con la eli-
minación de los pactos electorales- la legitimidad de
exigir mínimos porcentuales para acceder a las
asambleas representativas, es decir: poner barreras
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legales para obtener escaños se legitimaría si fuera
un cambio que acompañara a otros.
En tercer término, otra medida que parece fun-
damental si se busca reducir la fragmentación, es
desincentivar el independentismo en todos los nive-
les del sistema político. La situación de “indepen-
dientes” dentro de pacto o fuera de pacto es mucho
más crítica en el nivel municipal (Chacón, 2024).
Así, al desanclaje social une su bajo desarrollo or-
ganizacional y su presencia descendente en el terri-
torio.
De esta forma, se hace urgente ver cómo se
enfrenta un problema presente en el sistema parti-
dista chileno desde hace más de una década. Nos re-
ferimos al proceso de desnacionalización del sis-
tema de partidos -la pérdida de homogeneidad terri-
torial en el apoyo a los partidos-. Este fenómeno hoy
está presente ya no solo en el norte del país, donde
es claro prácticamente hace dos décadas. Considé-
rese solamente el efecto de la influencia de la fami-
lia Soria en Iquique y toda la región de Tarapacá
prácticamente desde 1990.
En cuarto lugar, si se busca como objetivo for-
talecer los partidos, también es clave no insistir en
implementar mecanismos de democracia directa
cuando la urgencia es potenciar y mejorar la repre-
sentación política (Innerarity, 2020, p.109); no de-
bilitarla, hasta que este sistema de partidos de ato-
mización y desinstitucionalizado (de atomización,
básicamente porque como dijimos, se ha
desinstitucionalizado, ha perdido fuerza organiza-
cional, presencia territorial y se ha desanclado so-
cialmente), vuelva a estructurar mínimamente el
voto ciudadano.
Concluimos estas reflexiones sobre el tema de
la fragmentación del sistema de partidos, relevando
que ella no es el único elemento que dificulta la go-
bernanza, la gobernabilidad, la capacidad decisoria,
el logro de acuerdos y la toma de decisiones mayo-
ritarias.
También, debe preocupar lo que está ocu-
rriendo con la polarización, con la distancia ideoló-
gica entre los partidos extremos del espectro. Se
sabe desde el libro Partidos y Sistemas de Partidos
escrito por Sartori (2009), que polarización y frag-
mentación presentan relaciones complejas y que no
son unívocas. Por ello reducir la fragmentación par-
tidaria no va a resolver necesariamente la distancia
ideológica o el alto número en el índice de polariza-
ción. Su disminución depende de otros factores.
Asimismo, Sartori, junto con Giacomo Sani,
profundizan en algo que ya se había señalado en el
libro original. La fragmentación no evoluciona ne-
cesariamente existe por la posibilidad del biparti-
dismo polarizado ("otras posibilidades"), así como
también de un multipartidismo numéricamente frag-
mentado (“extremo”) y, sin embargo, ideológica-
mente moderado. Lo ocurrido entre las décadas de
1990 y 2010 mostró empíricamente lo certero de
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este último aserto (Wolinetz, 2006; Della Porta,
2009).
Como ya sabemos, lo polarizado -o sea de solo
dos partidos relevantes, pero con una enorme distan-
cia ideológica entre sí- es igual o más peligroso que
el del pluralismo polarizado. Así lo prueba en el pe-
riodo de entreguerras, que terminó con su anexión
por los nazis en Austria, así como en Venezuela y
Colombia (Ruiz y Otero, 2013; Ware 2004). El caso
actual de mayor relevancia, tal como es el biparti-
dismo vigente en países como Estados Unidos como
los señala Hofmeister (2021). De esta forma, pensar
que, al reducir la fragmentación, suponiendo que
ello sea posible, se resolverá inmediatamente el pro-
blema de la polarización es incurrir en un error.
El fenómeno de la polarización destacado por
Wolinetz (2006), Pasquino (2018), Della Porta
(2009) y Caramani (2020), es la importancia de las
interacciones de cooperación y/o de competencia
entre los partidos del sistema y qué tipo de interac-
ción predomina- como factor componente clave de
un sistema de partidos. La polarización normal-
mente tiende a producirse no sólo por distancia ideo-
lógica entre los partidos extremos del espectro.
También, la dinámica competitiva donde los
partidos enfatizan, y a veces absolutizan, las relacio-
nes de competencia llegando en el extremo a políti-
cas adversariales y de confrontación en una interac-
ción donde desaparece la mínima dinámica coope-
rativa. Por ello, se va a resolver vía la reducción del
índice de fragmentación. Aun cuando existan con-
ductas adaptativas y los comportamientos estratégi-
cos, dicho cambio puede ser más o menos rápido
(Cox, 2004).
Finalmente, una última reflexión direccionado
al voto obligatorio, quizás sería conveniente esperar
a la primera elección para ver las reformas graduales
que deben darse dando un paso hacia la búsqueda de
transformaciones, por la previsible relevancia que
implicará pasa el voto voluntario, donde participa el
40 o 42% de los votantes, donde esa cifra ha sido
significativamente mayor, que la votación promedió
una participación de 85%.
En efecto, la capacidad deliberativa y técnica
impide formular programas de gobierno consisten-
tes, que respondan a agendas pertinentes. Cierta-
mente, cuando los partidos están disminuidos sur-
gen dos conductas opuestas y extremas, pero igual-
mente negativas: se incurre en la demagogia y el di-
letantismo, promoviendo en el espacio público ini-
ciativas inviables, lo que permite el aumento de la
desafección, la desesperanza y la indignación contra
el sistema político de ex electores que se sienten en-
gañados
La segunda opción perjudicial es caer en el
tecnocratismo, que consiste simplemente en conver-
tir los partidos políticos en grupos de intereses o tec-
nócratas que muchas veces naturalizan los proble-
mas sociales al elevar a la categoría de inalterables
las restricciones y los límites. Con ello la política
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pierde importancia para ciudadanos y votantes,
quienes pueden optar por la abstención electoral y el
abandono del espacio público (Mair, 2015).
Estos comportamientos partidistas no logran
la dirección, entre las expectativas y necesidades del
demo y la consideración prudencial y pertinente de
los límites que impone la realidad a los decisores
públicos. Con ellos los partidos pierden aún más re-
levancia y los movimientos sociales asumen la pro-
puesta y los grupos de interés la propuesta.
Surge de lo dicho no solo de cambios a las le-
yes electorales, sino que también de las leyes de par-
tidos. El financiamiento público genera incentivos y
obligaciones más fuertes en materia y adecuada ase-
soría a los representantes de los distintos niveles del
sistema. El voto programático también afecta altos
porcentajes del financiamiento estatal a la obliga-
ción de tareas vinculadas con el desarrollo fino de
propuestas temáticas en materia de política pública
relevante, obligándolos a realizar algunos eventos
anuales como congresos programáticos donde se
formulen programas de gobierno pertinentes ade-
cuados, viables y realistas.
Destacamos que la situación del financia-
miento de los programas presidenciales ha termi-
nado haciendo crisis por la super oferta e inconsis-
tencia de las propuestas programáticas cuyo costo
de financiamiento alcanzaban el 18% del PIB chi-
leno. Continuar con esta situación no es sostenible.
Una alternativa estaría orientada a hacer un informe
controlando la rigurosidad, el financiamiento de los
programas de gobierno, estableciendo la consisten-
cia técnica de dichos supuestos de financiamiento de
esos programas. Con ello se podría avanzar en el
desincentivo de propuestas y estilos populistas, pues
seguir en esta lógica programática demagógica, no
contribuye a fortalecer la confianza en las institucio-
nes ni en los actores democráticos.
Para fortalecer los partidos se hace necesario
fomentar una disciplina mínima en su actuación,
donde se evalué la posibilidad -pese a lo impopular
que ello puede ser en medio de dinámicas de perso-
nalización con listas electorales cerradas y bloquea-
das. En ellas existe la obligación de ejecutar el voto
no por candidatos individuales, resultandos electos
partidos según el porcentaje que la lista haya conse-
guido. No parece fácil compatibilizar el voto en lista
abierta con la pérdida del escaño por transfuguismo,
al ocupar un sistema donde el elector entiende que
está votando por personas y no por partidos.
Lo anterior supone procesos transparentes y
democráticos en la determinación de las listas. Di-
chos procesos debieran ser regulados por el Servel -
incluyendo las elecciones partidarias oligárquicas y
antidemocráticas definan la composición de las lis-
tas.
Poner en discusión lo que sucede puede llevar
a análisis unidimensionales y a propuestas erradas,
que, probablemente, ni siquiera resuelven proble-
mas que se quieren enfrentar, agravando los
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vigentes o agregando otros nuevos. Así ya ocurrió
con la reforma que aprobó el voto voluntario (Saffi-
rio, 2012).
Sin embargo, nadie ha propuesto -so pretexto
de reducir la fragmentación partidaria- el volver al
sistema que establecía la Constitución del 25, donde
solo bastaba la mayoría relativa para reducir la frag-
mentación en la magnitud de la legitimidad de un
gobierno que va a ejercer el mando de acuerdo al
tiempo establecido, en Chile 4 años.
El desajuste central del sistema político chi-
leno actual y que refuerza la reforma política, es la
contradicción que existe entre un modelo de demo-
cracia caracterizada más bien por rasgos consensua-
listas y las prácticas y los comportamientos de los
actores políticos disfuncionales a dichos rasgos e
instituciones vigentes, cuando no derechamente fac-
ciosos y adversariales.
Arend ha desarrollado dos tipos o modelos de
democracia que, aunque abstractos son orientadores
analíticamente (Lijphart, 2000), tal como se detalla
en la Tabla 4.
Institución
Democracia
mayoritaria
Democracia
consensual
Chile
Sistema electoral
Mayoritario
Proporcional
!
Multipartidista
!
Tipo de gobierno
Mayoría
monopartidista
Coalición/minoría
!
Federalismo
Unitario
Federal
Bicameralismo
Unicameral
Bicameral
!
Rigidez
constitucional
Constitución
basada en la
supremacía
parlamentaria
Constitución
considerada como una
ley superior
!
Tipo de régimen
Parlamentario
Presidencial
!
Relaciones entre
grupos de interés
Pluralismo
Corporativismo
Banco Central
Dependiente del
Ejecutivo
Autónomo
!
Control
Constitucional
Ausencia de
revisión judicial
Sí. Por un Tribunal
Constitucional
!
Tabla 4. Instituciones y dimensión mayoritaria-consensual
Fuente: Adaptado de Lijphart, Modelos de democracia
(2000)
Como, se observa, el sistema político chileno
posee ocho características que son propias del mo-
delo consensual de democracia y solo dos que ca-
racterizan al modelo mayoritario de esta: el Estado
unitario y la expresión pluralista y no corporativa de
los intereses sociales.
Conclusiones
Después de los fracasos relativos de estos pro-
cesos parece razonable buscar incentivos promo-
viendo conductas y prácticas políticas más coopera-
tivas y compatibles con las instituciones vigentes.
Acá lo central es no considerar como perversos los
acuerdos, la negociación, ni la moderación de las
posiciones propias.
La polarización ideológica se presenta en
Chile junto con la polarización relacional. Ello ocu-
rre porque los partidos consideran la competencia
como un juego de suma cero en la búsqueda del bo-
tín del Estado y sus interacciones interbloques, a ve-
ces también intrabloques, acentúan lo adversarial.
Debería ser claro que las conductas confronta-
cionales y “mayoritaristas” antagonizan con la con-
figuración de una democracia con instituciones y es-
tructuras más bien consensuales y solo consiguen
que se imponga el veto, la parálisis decisoria y la
radicalización de las agendas, no son solo retomar el
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crecimiento económico, enfrentar la corrupción.
También son necesarias nuevas políticas públicas
que suponen no solo cambios cualitativos a nivel de
sanidad, educación, vivienda, vejez y regulación
además de avanzar en la superación de una crisis de
décadas en la productividad. Constitucionalizar la
agenda o proponer reformar políticas asistémicas no
parece ayudar en la mejora de la democracia chilena
y solo aumenta el riesgo de reacciones anti políticas.
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