ISSN: 2665-0398
Volumen: I. Número: 01. Año: 2020
Pp.: 42-52
http://www.aulavirtual.web.ve
Tipo de Publicación: Ensayo
Carlos Alberto Mejías
Postdoctorado en Filosofía (ULAC) y en Políticas Públicas y Educación (UNEY)
Doctor en Ciencias de la Educación (UFT)
Maestría en Educación Superior, mención Docencia Universitaria (UFT)
Economista (UC)
Barquisimeto - Lara
E-mail: chatiblue@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1224-9922
Recibido: 19/02/2020
Aceptado: 28/02/2020
TRANSDISCIPLINARIEDAD UNIVERSITARIA DEL SIGLO XXI
Resumen
El despliegue de una educación universitaria transdisciplinaria viene a ser una condición para la
transformación y fortalecimiento de la universidad en el siglo XXI. La transdisciplinariedad y la
educación universitaria tienen un principio y razón de ser similares, ambas han intentado corregir la
fragmentación del saber que induce la organización disciplinaria de la universidad, han ido más allá de las
disciplinas en su encargo con el desarrollo que necesita la sociedad actual. Es habitual que algunas
particularidades de educación que han tenido y tienen mucho peso en las estructuras universitarias han
postergado su vocación original y han tomado enfoques curriculares que ha implicado en sumar diversas
disciplinas sin integración o sin propagarse, lo que ha tenido un resultado negativo para el cabal
cumplimiento de la misión de la universidad. Desde sus orígenes, su misión ha sido el estudio de lo
universal y del ser humano integral, no parcelado y en su contexto. Por todo lo anterior, para fortalecer a
la universidad en nuestros días se precisa de una educación transdisciplinaria, por lo que este estudio tiene
como intención, examinar la Transdisciplinariedad en el contorno de la educación universitaria, como
proceso que admite descollar la visión fragmentaria que presentan actualmente las funciones principales
de la Universidad.
Palabras clave: Transdisciplinariedad, Educación Universitaria, Universidad
UNIVERSITY TRANSDISCIPLINARITY OF THE XXI CENTURY
Abstract
The deployment of a transdisciplinary university education becomes a condition for the transformation
and strengthening of the university in the 21st century. Transdisciplinarity and university education have a
similar principle and rationale, both have tried to correct the fragmentation of knowledge that induces the
disciplinary organization of the university, have gone beyond the disciplines in their order with the
development that today's society needs. It is common that some educational peculiarities that have had and
have a lot of weight in the university structures have postponed their original vocation and have taken
curricular approaches that have involved in adding various disciplines without integration or without
spreading, which has had a negative result for the thorough fulfillment of the mission of the university.
From its origins, its mission has been the study of the universal and of the integral human being, not
parceled and in context. For all the above, in order to strengthen the university in our day, a
transdisciplinary education is required, so this study has the intention of examining Transdisciplinarity in
the contour of university education, as a process that allows decollating the fragmentary vision they
present Currently the main functions of the University.
Keywords: Transdisciplinarity, University Education, University.
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Planteamiento introductorio
Desde finales del siglo XX y actualmente,
por la complejidad adquirida en el conocimiento
científico, se ha hecho ineludible la superación
de una visión tradicionalmente fragmentaria del
mismo, y que a la vez enlace las distintas
disciplinas para poder suministrar respuestas
apropiadas o ajustadas a problemáticas del
conocimiento.
Las instituciones Universitarias aportan
en gran medida a la propagación del
conocimiento; por tanto, la vinculación que se
pretende entre los diferentes campos del saber
científico comprometerá llegar hasta el
currículum, los sujetos de la educación y las
funciones de docencia, extensión e investigación
que debe consumar la Universidad.
La transdisciplinariedad en el quehacer
educativo e investigativo tributaría réplicas en
torno al aprendizaje y las estrategias dibujadas
para su logro, al desarrollo de una personalidad
más integral y versátil, preparada a dar
soluciones a problemas de la compleja realidad
que determina al mundo actual.
En cuanto a las funciones que redime la
Universidad, la transdisciplinariedad despunta la
parcelación de las actividades que en éstas se
desarrollan, salvaguardando un hilo conductor y
aportando soluciones que permitan relacionar a
las instituciones de educación universitaria con el
ecosistema sociocultural.
Los existentes desafíos de la educación
universitaria y el mundo muchas veces no dan
replicas a lógicas triviales, sino que exceden
consideraciones cuantitativas, estructurales y de
proyección lineal. Por tanto, los retos se ubican
en puntos de desviación cualitativos que
contemplan los procesos complejos de centinela
epistemológica en torno a la pertinencia de los
estándares de comunicación y la organización del
conocimiento que generan y proyectan.
Esto conlleva la necesidad de desdoblar
nuevas conveniencias de conocimiento, en un
tránsito de orden epistemológico-paradigmático
transversal a todos los dominios de
conocimiento. Una prospectiva hacia la
reintegración de saberes diseminados en distintas
disciplinas universitarias, con un énfasis no solo
en la acumulación, organización y comunicación
inter y transdisciplinaria.
De allí la necesidad de efectuar un
análisis que permita esclarecer el sentido que
debe tener la transdisciplinariedad en las
instituciones de educación universitaria y en el
contexto en el cual ellas despliegan su influencia.
Desarrollo Argumentativo
Hoy, en el cultivo de las ciencias, los
problemas ecológicos, ambientales, económicos
y sociales, entre otros, no pueden ser
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contemplados desde la óptica parcelada de una
disciplina científica, y es entonces cuando florece
la expresión transdisciplinariedad, definido en la
Declaración de Barcelona sobre
Transdisciplinariedad y Educación (Sanz y De la
Torre, 2007:16), se asevera que la
transdisciplinariedad es una mirada diferente de
la realidad y sus disímiles elevaciones, resultado
de la percepción y la conciencia.
Además, según dicha Declaración
(2007:21) se amplía:
Una visión transdisciplinar requiere
una intensificación de la conciencia,
pasando de la conciencia individual a
la conciencia colectiva, cósmica. Si
la conciencia es transpersonal,
despliega hacia niveles superiores,
emplazada hacia los sentimientos, la
autenticidad, la solidaridad, la
generosidad, la cooperación, el
sentirse miembro activo de una
colectividad universal.
Para Lanz (2010:207), la
transdisciplinariedad, más que una mirada
diferente viene a ser una nueva manera de
percibir, de situarnos en el corazón de una nueva
racionalidad y en el centro de otro talante de
pensar, el que se distancia de la racionalidad
moderna y atiende de lleno la complejidad.
Este atisbo globalizante o globalizadora
del conocimiento no es algo nuevo; ya en la
antigüedad, por la ambición de inquirir una
explicación racional acerca del porqué de las
cosas en el universo y en la naturaleza, se
progresa del mitologema al filosofema esto es,
desde el enfoque de la investigación científica,
un deseo exclusivo de explicar, fuera de los
designios de los dioses, lo que desfilaba en el
universo.
Filosofía y Ciencia estaban
inexplicablemente unidas. No existían entonces
disciplinas científicas como las conocemos
ahora, sino varios argumentos que pretendían dar
sentido a los fenómenos. Un ejemplo, entre
muchos tantos de esta visión universal del
mundo, fue Aristóteles, quien trazó sobre
política, física, biología, lógica, metafísica, por
citar unas cuantas.
No obstante, Gadamer (2004), explica
que la complejidad empieza a ser abandonada en
Grecia, justo cuando se enaltece la razón como
regente del conocimiento y aparecen la filosofía
y la ciencia, porque se suscita una fuerte tensión
entre mito y logos que reprime comprender toda
la complejidad del lenguaje, la palabra y el
concepto.
Esta forma abarcadora de anhelar
comprender el mundo prevaleció por mucho
tiempo en la historia del pensamiento humano.
Así, durante la Edad Media, el Renacimiento e
incluso, en parte de la Edad Moderna, la
exploración de la sabiduría y del entendimiento
tomo numerosas rutas simultáneamente, e
incluso, en la misma persona, desde los saberes
teológicos, hasta los estudios de magia y de
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filosofía natural, cruzando por los estudios de
derecho y política. No ha de extrañarnos
entonces, que un monje como Mendel se
interesara en la forma como se transmiten los
caracteres hereditarios, o que un artista plástico
como Da Vinci se inclinara a la invención de
artefactos de ingeniería.
Las distintas disciplinas científicas, como
las conocemos hoy en día, como ramas del
conocimiento que se exteriorizan con cierta
autonomía, son más bien modernas. Las
disciplinas intentan tomar forma a raíz de la
disgregación entre Ciencia y Filosofía por la gran
pluralidad de objetos de estudio retoñados luego
de la Revolución Científica, cuando fueron
descollados muchos de los límites imputados por
los dogmatismos religiosos y culturales.
Así, cada ciencia se aleja en una arista
según su objeto de estudio específico, así se tiene
que la Física se dedica al estudio de las
relaciones entre los cuerpos, la Biología a las
expresiones del hecho viviente, la Química a los
vínculos internos de la materia, la Matemática a
las interconexiones formales de los números y las
figuras geométricas, por citar unas cuantas
disciplinas.
Sin embargo, el exponencial crecimiento
de los datos e información en el mundo del
sistema como interpretación del mundo de la
vida plantea un reto importante al atisbo
disciplinar, puesto que instituye la necesidad de
fundar conexiones con otros saberes que le
consientan establecer puntos de referencia y
curadurías para hacer frente a los actuales
tiempos de crisis del conocimiento, parte de ese
esfuerzo se corresponde, mas no está limitado a
la incursión en lo interdisciplinar (Gianella,
2006).
De esta forma, la división del universo en
numerosas parcelas de análisis retoñó, como un
camino promisorio para que los humanos
consiguiesen acceder a la “verdad” elemental del
mundo, y de mismos. Llevada a su máxima
expresión, esta división cada vez mayor de un
determinado campo de la ciencia transportó a lo
que conocemos como la híper-especialización.
Cada vez, los objetos de estudio se fueron
haciendo más disímiles y definidos, de manera
tal que había mucho por investigar sobre un
objeto en particular. La masa de conocimientos
se ha ido acrecentando rápida, y colateralmente,
la posibilidad de subscribir a una visión global
del universo, se fue haciendo cada vez más ardua
y lejana. Los investigadores se convirtieron cada
vez más en versados sumergidos en ese
micromundo de su campo, a tal punto, que se
sentían poco cautivados por la idea de percibir
las globalidades del cosmos.
A mediados del siglo XX, cuando los
niveles de especialización de las disciplinas
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científicas eran muy perspicaces, comienzan a
surgir objetos de estudio difíciles de examinar y
vislumbrar a través de una sola especialidad. Uno
de estos, fue el sistema de interrelaciones
evidentes de los medios naturales. Ni los
matemáticos, biólogos, geólogos, estadísticos,
entre otros, consiguieron dar cuenta de forma
completa de este sistema de interrelaciones,
desde la representación única de su disciplina. Se
hacía ineludible sumar puntos de vista e
informaciones para poder dar una visión de
conjunto de este objeto de estudio.
En adelante, el acoplar varios puntos de
vista para cultivarse un hecho, no implica
esencialmente la instauración de un diálogo de
disciplinas, es decir, que un punto de vista
disciplinar acalore o influencie a otro, en el
sentido de que cada disciplina puede fundar su
trascripción del objeto, sin que perturbe la
versión de las otras. Por ejemplo, en el estudio de
las interrelaciones en el medio natural, el
biólogo, al proporcionar su perspectiva sobre los
procesos de transformación de la energía en un
ser vivo, no influencia necesariamente la
perspectiva del geólogo con relación a los
procesos energéticos del planeta.
Por su parte, Luna (2009:115) manifiesta
que “tanto la educación, enseñanza y aprendizaje
son procesos complejos que envuelven las
dimensiones biológica, cognitiva, social, afectiva
de los sujetos”, por tanto los docentes no deben
desligar su praxis de las diversas situaciones que
emergen, porque la sociedad actual es compleja,
comprendida por eventos, interacciones, acciones
que reconocen que la vida no es una sustancia,
sino un fenómeno de auto-organización, siendo
necesario el dialogar de las disciplinas como una
posibilidad muy latente cuando éstas se ponen en
relación a un fenómeno.
Gradualmente, teorías y conceptos
comienzan a trasladarse de una disciplina a otra,
causando transformaciones en éstas. Así pues, el
diálogo instaurado entre disciplinas de distinta
índole para el estudio de las dinámicas de los
medios naturales, permitió a los geólogos
empezar a tomar más en consideración los
constituyentes biológicos del planeta, como
elementos primordiales que inquietan la
dinámica terrestre surgiendo así, el concepto de
biósfera en los estudios geológicos. Lo cual
desencadena el diálogo de disciplinas y más allá
de ellas como transdisciplinariedad, significando
ello un trabajo armónico y combinado sobre un
mismo objeto, las áreas del saber comienzan a
influenciarse mutuamente.
La educación universitaria de calidad ha
de saber sacar partido de la incertidumbre, el
asombro y lo nuevo; y por ello deberá ser
estratégica, abierta a posibilidades aún
desconocidas, pero significativa para los que la
reciben. Es significativo que el docente sea el
principal motor que ponga en práctica este tipo
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de pensamiento, que reconoce la individualidad,
que se preocupa por abordar los factores que
afectan, en búsqueda de una educación más
dilatada, inclusiva, humanista y de calidad.
Por ello, pareciera que estamos a las
puertas de un florecimiento del pensamiento
globalizante o globalizador en el campo del
conocimiento de las ciencias ante la penuria de
las explicaciones del conocimiento disciplinar, el
cual deja por fuera muchas categorizaciones que
favorecen a comprender determinados
problemas.
La propagación del conocimiento
científico tradicionalmente ha estado a cargo de
las instituciones educativas; por lo tanto, si
suceden cambios en ese campo, necesariamente
deben trasladarse al contorno educativo, a través
de la fijación de políticas que emplacen su
funcionamiento en todos los niveles del sistema.
De esta forma, la innovación que
simboliza la transdisciplinariedad en el campo
del conocimiento científico tiene que ser llevada
al espacio educativo, por cuanto, la educación, en
su sentido más dilatado, juega un papel
predominante: es la fuerza del futuro, porque
instituye uno de los instrumentos más vigorosos
para perpetrar las transformaciones necesarias
congruentes con los nuevos tiempos, y así alterar
el pensamiento humano de manera que éste
enfrente la complejidad creciente, la rapidez de
los cambios y lo imprevisto de nuestro mundo.
El cambio más inaplazable tiene que ver
con la cimentación del conocimiento; no en vano,
ha florecido lo que se llama la sociedad de la
información y del conocimiento. Vilar (1997:29),
quien al hacer una cavilación sobre el papel que
desempeñan las instituciones universitarias en la
actualidad, demarca críticamente:
La sociedad en la que habitamos,
esencialmente sus centros de
enseñanza y en general los centros de
difusión cultural, se hallan varados
en una vieja racionalidad: la que
procede de la lógica aristotélica, la de
las divisiones metodológicas
planteadas por Descartes y la del
determinismo newtoniano. Además,
nutridas organizaciones e
instituciones persisten anquilosadas
en esos planteamientos, propios del
industrialismo, que hoy resultan
simplistas y rígidos, cuando hemos
abordado la construcción de la
sociedad post-industrial: la sociedad
de la información y del
conocimiento.
Hay que cambiar tajantemente la manera
de razonar manifestada del pasado, su
memorismo normativo, su reproducción simple.
El mundo de hoy precisa una racionalidad
diferente, entrelazada por las iniciativas, la
cooperación, el sentido de la responsabilidad, la
capacidad de relacionar cosas y fenómenos;
descubriendo así en todo instante los brotes
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emergente de lo nuevo. En ello, el sistema
educativo juega un papel esencial en este proceso
de cambios, fundamentalmente en el sector
universitario.
Para alcanzar este propósito, debemos
deliberar la organización del conocimiento,
reformular políticas y programas educativos,
conservando la mirada fija hacia el largo plazo,
hacia el mundo de las generaciones futuras frente
a las cuales se tiene una monumental
responsabilidad.
En ese peregrinar, las nuevas
generaciones deberán estar preparadas con otras
competencias, conocimientos e ideales; hacer
frente a los desafíos y a las nuevas oportunidades
que abren las tecnologías, las cuales, optimizan
la forma de producir, organizar, divulgar y
controlar el saber, y asentir al mismo.
Es por esto, que el origen y destino de la
Universidad se trenza en la compleja trama del
lienzo social, porque la educación universitaria
es producto de fuerzas trascendentes que excitan
al desarrollo, así como a la propulsión intelectual
y volitiva de transformación social. Las
instituciones universitarias germinan a la vida
con el signo del cambio, lo cual las implica
asumir una nueva misión conforme con las
grandes invenciones de nuestro tiempo.
En efecto, las transformaciones sociales y
económicas que algunos identifican con una
segunda ola de globalización y la “revolución”
en las telecomunicaciones (Cremer, 2007:3) ha
estimulado la necesidad de una mayor
capacitación de los estudiantes en destrezas
integradoras y contextuales, para que no disipen
la totalidad en la que se inscriben los procesos en
los que interactúan los seres humanos. Además,
exhorta que se estimule la responsabilidad social
en los estudiantes y la capacidad de comunicarse
en diversos medios y culturas, ya que el traspaso
de fronteras, de todo tipo, se torna parte de
nuestra vida laborar.
Debido a la trayectoria y acento de las
transformaciones, la sociedad cada vez tiende
más a fundarse en el conocimiento, razón para
que la educación universitaria y la investigación
constituyan hoy en día parte esencial del
desarrollo cultural, socioeconómico y
ecológicamente sostenible de los individuos, las
comunidades y las naciones. Por consiguiente, la
Universidad tiene que hacer frente a grandes
desafíos; ha de iniciar la transformación y
renovación más sustancial, de forma tal, que la
sociedad contemporánea pueda trascender de las
circunspecciones puramente materialistas para
posesionarse dimensiones de sensibilidades
éticas, estéticas y afectivas que le den un nuevo
sentido a la vida.
Para consumar nuevos derroteros, la
Universidad debe desplegar un nuevo tipo de
investigación, de enseñanza y aprendizaje
asentado en los paradigmas de la Revolución
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Científica actualmente en proceso que atiende la
llamada educación holística, cuya primordial
característica es la transdisciplinariedad.
Esta visión sistemática global nos accede
discutir el papel y la estructura de la Universidad
en términos significativos, y expresar conceptos
operacionales tales como la transdisciplinariedad,
como nociones claves para la Universidad del
siglo XXI al pretender una aproximación a la
educación y a la innovación.
Desde mediados del siglo XX encontrar
los términos disciplina, interdisciplinariedad,
pluridisciplinariedad o multidisciplinariedad, en
documentos de organismos internacionales de
educación, en planes y programas de estudio y
proyectos de investigación de numerosos países,
sobre todo en el nivel universitario. Un poco más
reciente resulta el vocablo transdisciplinariedad
que según Nicolescu (2009:54-55), en uno de sus
contribuciones escribe:
La transdisciplinariedad puede hacer
significativas contribuciones al
acaecimiento de un nuevo tipo de
educación que se refiere a la totalidad
abierta del ser humano y no sólo a
uno de sus componentes, que da
énfasis a cuatro pilares aprender a
conocer, aprender a hacer, aprender a
vivir juntos y aprender a ser. No se
trata de la asimilación de una
monumental masa de conocimiento
científico. No es ello lo que permite
la vereda al espíritu científico, sino la
calidad de lo que se enseña. Aprender
a conocer es ser capaz de establecer
pasarelas entre los diferentes saberes,
entre esos saberes y sus
significaciones para nuestra vida de
cada día y nuestras capacidades
interiores.
Pero la transdisciplinariedad también puede
ser concebida como la trasgresión de paradigmas
dominantes. El diálogo interdisciplinario abre las
puertas a estas rebeliones. Los Investigadores
toman el riesgo de salir de cánones instaurados.
Es evidente que impregnar con esta visión
el quehacer educativo e investigativo podría
aportar réplicas al problema de aproximar lo que
se enseña y aprende y el cómo hacerlo, al avance
de una personalidad más integral y versátil,
robusta para dar soluciones a problemas del
entorno.
Así pues, la transdisciplinariedad en la
Universidad, se puede concebir en su función de
investigación y de extensión académica, a través
del desarrollo de planes y programas que atenúen
el aprendizaje indeleble, que aprueben el
intercambio de los roles de docente-investigador
y en la consumación de talleres y cursos que
resguarden expectativas y necesidades de la
población en general.
La propuesta transdisciplinaria parte de la
base que la estructura rígida disciplinar que
posee actualmente la educación, nos impide
comprender los problemas cardinales y globales,
incitando una visión reduccionista, o lo que
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Morín llama ceguera (2011:17), así pues, limita a
un conocimiento abierto, interconectado a los
grandes retos de la sociedad actual y así
verdaderamente conocer los grandes problemas
que presenta. Esto lo evidencia la necesidad de
encontrar rutas de conocimiento como una
totalidad sin fragmentación disciplinar, con una
visión globalizadora que permita efectuar
vinculaciones tan variadas y ricas.
Esta educación se dibuja en la lógica de
las prácticas profesionales actuales y emergentes,
identificando los problemas de la ciencia y la
sociedad, los grupos de conceptos
globalizadores, o los objetos de estudio que
edifican el puente de paso de las disciplinas a
conceptos integradores de la actividad humana,
de procesos de conocimiento, pensamiento y
acciones que se irradien en la transformación de
la realidad.
Encontrarse globalmente el enfoque
pedagógico y tecnológico en aplicaciones de las
nuevas tecnologías para la educación, ofrece una
oportunidad para dirigir con intencionalidad la
transdisciplinariedad, desarrollando habilidades y
disposiciones generales que permitirán al sujeto
desempeñarse en los diferentes espacios de la
vida y en una profesión en particular, para
manifestar respuestas eficaces ante las
situaciones que enfrente.
De esta manera se reflexione a la
transdisciplinariedad como una práctica mediante
la cual se establecen formas de enseñar y
aprender, presente siempre en todo proceso
educativo, que articulen la integralidad entre el
método y el contenido, para actuar de forma
consciente o inconsciente en los dos actores
educativos: el sujeto que aprende y el que
enseña, donde se puedan generar y consolidar
estrategias y modos de actuación en el mundo, a
través del contenido disciplinar que se asista.
Los enfoques transdisciplinarios según
Lanz (2005), se concreta esencialmente por una
crítica radical al estatuto epistemológico de la
lógica disciplinaria; por un cuestionamiento a los
epítomes de la ciencia moderna; por una toma de
distancia de las metodologías que están en la
base de la taxonomía epistémica del mando
académico.
La visión transdisciplinaria en la
cimentación de un nuevo conocimiento en el
contexto de la investigación, presume destacar
los limítrofes estructurales y estructuradores de
todo conocimiento en construcción, así como
extender la carga semántica que aleja una
disciplina de otra. Esta visión amplificadora
envuelve un giro lingüístico desde la ontología
transversal del lenguaje, que envía al
investigador a involucrarse en el diálogo
multinivel de alcance intercultural y
transcontextual.
Es decir, que un modo de asegurar una
educación relevante y útil, es a través de una
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enseñanza y aprendizaje transdisciplinar, para lo
cual las nuevas tecnologías de la información y
las comunicaciones, pueden romper horizontes
inéditos, por permitir primero tocarse nuevos
métodos y medios, que indican nuevas maneras
de hacer las cosas y, segundo, por todo lo
referente al tratamiento y uso de la información
como puntal universal del conocimiento en la
superación profesional, ante las suplicas
múltiples y versátiles de las sociedades actuales.
Conclusiones
Ya emprendida la segunda década del
siglo XXI se hace innegable que el pensamiento
fragmentado se hace cada vez más incapaz de
plantarse los problemas de nuestro tiempo, ya
sean económicos, medio ambientales o
espirituales. Nos enfrentamos a un mundo cada
vez más complejo en el que se hace improbable
investigar cualquier asunto haciendo abstracción
de su contexto y estrecho nexos con todo lo
demás. Es decir, estamos constreñidos a
transformar las líneas de nuestro propio
pensamiento.
Para remozar el pensamiento hace falta
que incitemos la evolución transdisciplinaria de
la propia universidad, como espacio predilecto,
aunque, ciertamente, no único, de reflexión y
producción de conocimientos. La universidad
debe convertirse en el primordial lugar de
aprendizaje de una actitud transcultural,
transreligiosa, transpolítica y transnacional, y de
la plática entre el arte y la ciencia, lo que
simboliza el eje de una reunificación entre la
cultura científica y la cultura artística. Una
universidad transformada, debe convertirse en el
lugar más conveniente para dar la bienvenida a
un nuevo tipo de pensamiento y de acción social.
La educación transdisciplinaria es la que
mejor nos podrá ayudar, a los profesores,
estudiantes y otros universitarios, a situarnos
como actores sociales en todo el coliseo de la
vida, y a asumir colmadamente nuestra
ciudadanía, de manera libre. La
transdisciplinariedad expresa que la naturaleza
no puede ser conocida fuera de sus relaciones
con el hombre, concierne a lo que está a la vez
entre las disciplinas, a través de las disciplinas y
más allá de toda disciplina. Se interesa en la
dinámica procreada por la acción de muchos
niveles de realidad a una sola y misma vez; el
develamiento de dicha dinámica pasa
obligatoriamente por el conocimiento disciplinar.
Dentro de esta reflexión, la mirada
transdisciplinaria de la realidad establece una
elección epistemológica emergente puesto que se
define a misma como una crítica radical a los
compendios epistemológicos de lógica
disciplinaria, en tanto organiza un tránsito mental
del investigador para hacer uso de un
pensamiento interrogador y transcendente que se
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impulsa en la genealogía de una inteligencia de
orden superior que examina nuevos patrones de
descubrimiento y afronta estructuras de
razonamiento emergentes en la cimentación del
conocimiento.
La educación transdisciplinaria
desenmaraña de una forma nueva la necesidad
cada vez más sentida en la actualidad de una
educación indeleble. Su propósito es la
perspicacia del mundo presente, en el cual uno de
sus imperativos es el conocimiento; la
disciplinariedad, la pluridisciplinariedad, la
interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad
son las cuatro flechas de un sólo y mismo arco:
el del conocimiento cada vez más complejo de la
realidad subyacente.
Las universidades creadas como médulas
de propagación del saber científico, deben
visionarse desde la transdisciplinariedad con
miras a la formación holística de profesionales
con competencias que les permitan encontrarse y
plantarse la compleja realidad social en la que se
desenvuelven.
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