De la misma manera, las costumbres
alimenticias de los ricos romanos habían
desencadenado durante varios siglos, el caldo de
cultivo de un extenso proceso de intoxicación
alimentaria, que causaría cantidad de problemas
gastrointestinales y el envenenamiento paulatino de
la nobleza y de la casta dirigente romana, ya que,
por un lado existía el constante consumo de
alimentos contaminados con plomo, debido a que el
agua llegaba a Roma y otros importantes centros
urbanos del imperio, por medio de tuberías de
plomo y por otro lado, los alimentos eran cocinados
en ollas de este metal, lo cual pudo producirles
dolores de cabeza, pérdida de la memoria,
depresión, agresividad y hasta esterilidad (Fornieles
y Martos, 2023).
Otro problema era el exagerado consumo de
pimienta, junto con el uso de la adormidera y el opio
(comercializado exclusivamente por el emperador)
igualmente, la poca atención que se le daba al moho
que crecía en los depósitos de granos y la exagerada
maceración de las carnes consumidas que
generalmente provenían de animales muertos por
enfermedad o por vejez, ya que los bovinos
saludables, normalmente, se necesitaban para
labores de arado en la agricultura, todo esto junto
con otros elementos de poca salubridad alimentaria
que desgastarían, con los años, la salud de los
romanos pudientes (Fornieles y Martos, 2023;
García, 2023).
No obstante, esta intoxicación y falta de
higiene, paradójicamente, no afectó a las clases más
humildes, ni a los campesinos, quienes escasamente
consumían vino y no tenían suministro de agua por
tuberías de plomo, igualmente consumían alimentos
menos elaborados (sencillos) y más naturales
(Fornieles y Martos, 2023; Gastronomía, 2023).
Ahora bien, con respecto a la ingesta de posca y la
pasión de cristo se tiene que, en el Evangelio según
San Marcos, en el capítulo 15 se señala:
Las tres de la tarde, y a esa hora Jesús
gritó con voz fuerte: «Eloí, Eloí, ¿lamá
sabactani?», que quiere decir: «Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?» Entonces algunos de los
que estaban allí dijeron: «Está llamando
a Elías». Uno de ellos corrió a mojar una
esponja en vinagre, la puso en la punta
de una caña y le ofreció de beber,
diciendo: «Déjenme, a ver si viene Elías
a bajarlo». Pero Jesús, dando un fuerte
grito, expiró…
Lo cual se complementa con lo escrito en el
Salmo 69,22 que dice: “En mi comida me arrojaron
veneno, y para la sed me dieron vinagre” (Biblia
Latinoamericana, 1972; Alvarado y Santos, 2006;
Robles, 2022).
Algunos historiadores señalan que cómo en
Marcos cita “Uno de ellos” entonces el que le acercó
la esponja (con la ayuda de la punta de una caña o
una rama de hisopo) impregnada con el supuesto
“vinagre” pudo haber sido, simplemente, alguien
del pueblo de Jesús, no obstante, los crucificados
siempre estaban bajo la custodia de los soldados