educativas. Esa realidad, comporta nuevos
requerimientos y prácticas de gestión para el
docente, respondiendo de forma eficiente y efectiva
a los cambios que se experimentan hoy día.
En tal sentido, las instituciones de educación
básica como organizaciones, no escapan a esa
situación, esencialmente cuando se exige calidad
educativa o eficacia y eficiencia. Sin embargo, en
relación con el liderazgo, las evidencias
investigativas indican claramente que no hay un
solo estilo de liderazgo que se adecúe a todas las
circunstancias, se debe ahondar en diversas teorías,
modelos o paradigmas que logren inferir en la
génesis de un verdadero líder. Por tanto, escudriñar
en un sistema rígido sobre la actuación de sus
protagonistas es sumergirse en un mar profundo que
puede presentar adversidades que dejaran en un
entramado complejo la concepción ontológica,
epistemológica y axiológica del objeto de estudio.
Por ello, explorar sobre la actitud que asume
una persona que tiene poder dentro de un espacio y
tiempo, conlleva analizar las estrategias, recursos y
decisiones que este estipula, con el fin de orientar o
guiar a un grupo, de manipularlo, subestimarlo y
reprimirlo. De tal manera, que el liderazgo
constituye un elemento fundamental dentro de la
envestidura que debe tener un docente, por su
función y misión en la consolidación de promover
la verdadera transformación de la sociedad. Las
investigaciones señalan que los líderes que logran
éxito son aquellos que pueden adaptar su conducta
a las situaciones particulares que deben enfrentar
para satisfacer las demandas del colectivo que
dirigen, en ambientes cargados de complejidad.
Bajo esa perspectiva, Kotter (2006), señala:
Un fuerte liderazgo sólido es necesario
para un eficaz desempeño
organizacional; esta acción permite al
docente evidenciar los conocimientos
técnicos como sus aptitudes para influir
y motivar al personal, con lo cual se
potencie la autonomía, responsabilidad,
solidaridad, creatividad y una gran
confianza en el éxito de sus proyectos,
que satisfagan la realización personal de
los individuos y los grupos sociales (p.
144).
Por consiguiente, el docente como mediador
debe estar dotado de cualidades personales y
profesionales que faciliten la conducción del
proceso académico, adaptadas a las exigencias del
momento, tener habilidades en cuanto, manejo de
técnicas, instrumentos, recursos, estrategias,
métodos entre otras herramientas didácticas,
encargadas de llevarlo a responder con éxito el reto
de una verdadera calidad educativa, mediante
competencias administrativas. En este estudio se
pretende acentuar el papel clave que juega el
liderazgo en el docente universitario tratando de
volver a hacer consciente al educador de asumir ser
líder en cualquier espacio donde se encuentre.
En este contexto, la gestión del docente
comprende una serie de funciones en la
organización de la unidad educativa, con el fin de
dirigir y guiar al ser humano, como el análisis y