apreciación del mundo que le rodea, construyendo
modelos de coexistencia; y normas implícitas de
convivencia, por supuesto, arropados de la
tecnología, sus alcances y procesos de dependencia
y con el valor agregado del sueño de la migración,
como oportunidad inmediata de progreso y única
salida de impulso para la superación personal y
profesional.
Pero, además, esta realidad revela una
generación con modismos enigmáticos, afianzados
en las redes y usos tecnológicos, como recursos casi
exclusivos, de socialización y humanización, ante el
mundo. De allí que se desestima la necesidad de
comunicarse de manera interpersonal, como un
proceso adecuado de interrelación; al contrario, se
llama a un dialogo, rápido, directo y poco
personalizado; donde pareciera que el pretender
extender una conversación se convierte en un asunto
agonizante, que exaspera y no va al grano por su
rapidez; perdiendo la total atención sobre el tema, si
no es de su contexto habitual; por lo que limita las
muestras de interacción física y afectiva, a menos
que tengan motivación sexual.
Más bien, se observa a una generación de
jóvenes sumergidos en un silencio aislado, con
incipientes costumbres noctámbulas, ansiosos de
excusarse para evadir el día y sus responsabilidades,
pero con una gran disposición a construir lo atípico
y destacar sin razones consistentes o sólidas en sus
argumentos, pero con un ingenio impresionante para
hacer valer su léxico básico, corto, y sus habilidades
de movimiento dentro de la clandestinidad.
Curiosamente, se muestran especializados y
conocedores de la cibernética y su submundo, con
estructuras mentales complejas pero prácticas,
avaladas en sus decisiones extraordinarias desde
muchos aspectos y maneras posibles, donde lo
contrario al pensamiento del joven, se convierte en
controversia y contraposición; produciendo
respuestas inesperadas, desarrolladas con actitudes
inestables o de introspección, pero siempre desde la
rebeldía, hacia lo que se considera cuestionado o
censurado por el común de la sociedad.
Las peculiaridades descritas se hayan unidas a
la profunda necesidad impuesta por el grupo
familiar de cumplir las expectativas, de acuerdo con
los patrones de comportamiento del núcleo,
convirtiéndose en una carga pesada para el
adolescente, hasta el punto de sentir el peso de
cumplir con la responsabilidad de contribuir con el
bienestar integral familiar; sin dejar de acariciar el
sueño migratorio como una salida ineludible.
El panorama descrito, impele a la juventud a
inscribirse en carreras a nivel de Educación
Superior, sin interés ni creencia en que pueda
concretar un futuro profesional, simplemente
cumpliendo las expectativas familiares, en algunos
casos; de allí surge la gran responsabilidad que
tienen las instituciones universitarias. En este
sentido, cobra relevancia lo manifestado por el
Ministro del Poder Popular para la Cultura, Dr.
Pedro Calzadilla, en el Foro Educación, Cultura y