oportunidad para las personas que son partícipes en
ella (Caiceo, 2018).
Es así como los postulados de la pedagogía
social de John Dewey pueden ser aplicables dentro
de los centros para el aprendizaje, no solo como lo
que tradicionalmente es concebido en forma de una
estrategia para fijar conocimientos, sino como una
manera de lograr que, en medio de la superación de
la crisis por coronavirus, se promueva que los niños
logren asimilar nuevamente su desenvolvimiento
social como una actividad natural dentro de su día a
día. Dicha afirmación se realiza especialmente en el
contexto de una era postpandemia en la cual se
deben resguardar los intereses de los estudiantes,
especialmente cuando son niños, porque:
Retomando la presencialidad, en plena
post pandemia, se hace igual de urgente
y necesaria esa capacidad de acomodo y
conciliación de las comunidades
educativas para poner en marcha
nuevamente estrategias e innovaciones
que permitan la adaptación de la
escuela, tanto al contexto general de
post pandemia, como a la situación
particular de efectos que ésta ha tenido
en sus niños, niñas (Figueroa, 2022).
Esto, sería de especial relevancia si para la
consecución de este propósito se cuenta con la
implementación de las políticas públicas estatales
que se adhieran a lo aducido previamente, puesto
que la participación del Estado es requerida para
generar las directrices que sean necesarias en pro de
garantizar una educación de calidad.
Consecuentemente, la implementación de los
postulados de Dewey pudiese ser perfectamente
considerados para que los órganos de gobierno
destaquen dentro del currículo lo que sea pertinente
para lograr la socialización y consecución de
experiencias, trabajo colaborativo, así como el
aprendizaje democrático, primordialmente en la
búsqueda de que los estudiantes más jóvenes
obtengan un óptimo desenvolvimiento de las
comunidades educativas.
El planteamiento supra, se manifiesta porque
tal como planteó Prieto Figueroa (2006) dentro de
su ideario sobre la educación, en los diferentes
subsistemas educativos se podría concebir que el
Estado debe velar por el desarrollo de las
actividades educativas, con supervisión y vigilancia
puesto que con ellas se promueve el desarrollo de la
nación y al mismo tiempo, porque la construcción
de las bases curriculares se establecen con el
propósito de desarrollar las políticas públicas
construidas por el país. Así, se considera que la
educación debe tener un carácter liberador, en el
sentido de constituir una herramienta contra la
opresión y en la búsqueda de una verdadera justicia
social. De hecho, esta noción se adhiere a la postura
de John Dewey en cuando al impacto educacional
desde su incidencia en la sociedad porque “nuestra
educación, por imperativos sociales debe ser
progresiva, entendido el término en el sentido de
una educación para la formación del hombre
integral en su postura de miembro de una
comunidad” (Prieto Figueroa, 2006, p. 4).