deseo de desarrollo personal, (Elton Mayo y Fritz
Roethlisberger, 1933), (Abraham Maslow 1943) y
(Douglas McGregor, 1960).
Por su parte, la UNESCO (2011), destaca que
el objetivo del nuevo humanismo debe ser la
creación de un clima impregnado de la sensibilidad
hacia el otro, de un sentimiento de pertenencia y de
una comprensión mutua. El humanismo en
consecuencia, es un comportamiento o una actitud
que destaca al género humano, donde el hombre es
la medida de todas las cosas, reconociendo sus
valores. Las organizaciones, por lo tanto, deben
desarrollarse a partir del bienestar humano. Bajo
este marco referencial, se enuncia que la gerencia
humanista es una nueva representación de gestión
de las organizaciones, centrada en el bienestar del
personal, de su crecimiento y desarrollo,
mejorando las relaciones interpersonales y creando
un ambiente agradable de trabajo, esto desde el
reconocimiento de otro, como verdadero y legitimo
otro.
Desde esta afirmación, emerge la alteridad, la
cual deviene del latín alter que significa "otro", y
por tanto se puede traducir de un modo menos
opaco como otredad. La relación con el otro no es
de conocimiento, es primeramente ética. Sin
embargo, que sea ética no significa la práctica del
reconocimiento del otro. No representa que
automáticamente lo otro adquiera el lugar
prioritario con el sólo hecho de deponer la primacía
del yo. Todo conocimiento, aunque sea
reconocimiento es una destrucción de la alteridad
del otro.
En consonancia con lo narrado, el concepto
es propio de la filosofía de Emmanuel Lévinas y su
significación tiene relación con la experiencia de la
otredad: la presencia del Otro humano, de su
rostro, es clave en el seno de una subjetividad
ética. La perspectiva levinasiana es absolutamente
rupturista con la mayor parte de la tradición
filosófica occidental pues supone una
deconstrucción radical de la noción tradicional del
yo (cogito) y de todas sus determinaciones como
identidad, autonomía y poder. En su lugar,
reformula el significado de “sujeto” o
“subjetividad” para reescribirla en clave ética. El
sujeto levinasiano implica procesos de
subjetivación complejos y articulados, en los que el
momento “heterónomo” del impacto del otro es
constitutivo y primero. La filosofía de Lévinas
(2000), es una filosofía de la intersubjetividad. Ella
significa un abandono de la centralidad de la
categoría del Mismo (ego, mónada, conciencia,
Dasein) y la reivindicación o preponderancia del
Otro (alteridad, prójimo, infinito) que, lejos de
suprimir la subjetividad, la reorienta y la reescribe,
como ya se ha dicho, en clave ética.
Desde este punto de vista, la gerencia
humanista es definida como la gerencia que
enfatiza en la condición humana y está orientada al
desarrollo de las virtudes humanas, en todas sus
formas, en toda su extensión, (Melé, 2003). Las