ISSN: 2665-0398
Periodicidad: Semestral
Volumen: 4, Número: 10, Año: 2023 (julio-2023 al diciembre-2023)
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Revista Aula Virtual, ISSN: 2665-0398, Periodicidad: Semestral, Volumen: 4, Número: 10, Año: 2023 (julio-2023 a diciembre-2023)
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Tipo de Publicación: Ensayo
Recibido: 15/03/2023
Aceptado: 30/05/2023
Páginas: 185-202
Autor:
Teresa Pacheco-Méndez
Licenciatura en Sociología (UNAM-México)
Doctorado en Pedagogía (UNAM-México)
Universidad Nacional Autónoma de México
CDMX, México
https://orcid.org/0000-0003-2498-7113
E-mail: kat@unam.mx
Afiliación:
Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad de México México
LA DOCENCIA Y LA INVESTIGACIÓN SOCIAL. LA INCIDENCIA DE LO TECNOLÓGICO
EN LA UNIVERSIDAD
Resumen
La constante penetración de los recursos tecnológicos en todos los niveles de la sociedad, y en especial en
el mundo académico de la docencia y la investigación universitarias, han paulatinamente desajustado la
habitual dinámica institucional enfrentándola a un inédito desdibujamiento de sus fronteras cognitivas y
operativas originarias. Visto en perspectiva histórica, este proceso de transformación social ha gradualmente
rebasado el alcance de los marcos interpretativos que habitualmente permitían explicar y reconducir los
desajustes sobrevenidos en el entorno universitario. En este trabajo interesa reflexionar acerca de la
problemática cognitiva involucrada en la generación de productos académicos universitarios mediados por
las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), así como sobre la incidencia que hoy en día
tiene lo tecnológico en actividades universitarias institucionalizadas tales como la docencia y la
investigación en ciencias sociales. Concluimos que las nuevas tecnologías, además de tender a desplazar la
autoridad institucional y académica hacia los actores, ejercen sobre la universidad una considerable presión
para convertirla en un espacio lo suficientemente habilitado tecnológicamente y facilitar con ello las
condiciones de producción de conocimiento y de aprendizaje con proyección social.
Palabras Clave: Docencia, investigación social, producción de conocimiento, TIC, universidad.
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TEACHING AND SOCIAL RESEARCH. THE INCIDENCE OF TECHNOLOGY IN THE
UNIVERSITY
Abstract
The constant penetration of technological resources at all levels of society, and especially in the academic
world of university teaching and research, has gradually misaligned the usual institutional dynamics,
confronting it with an unprecedented blurring of its original cognitive and operational borders. Seen in
historical perspective, this process of social transformation has gradually exceeded the scope of the
interpretative frameworks that usually allowed explaining and redirecting the imbalances that occurred in
the university environment. In this paper, it is interesting to reflect on the cognitive problems involved in
the generation of academic products mediated by the technologies of the information and communication
(ICT), as well as on the impact that technology has today on institutionalized university activities such as
teaching and research in the social sciences. We conclude that the new technologies, in addition to tending
to displace the institutional and academic authority to the actors, exert sufficient pressure on the university
to become a space technologically enabled to facilitate the conditions of knowledge production and learning
with social projection.
Keywords: Teaching, social research, knowledge production, ICT, university.
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Introducción
La transformación de la sociedad, de las
instituciones y de las relaciones sociales han dado
lugar a la configuración de escenarios cada vez más
complejos e inaccesibles a los tradicionales
mecanismos organizativos, administrativos, de
control y cognitivos regularmente utilizados para
atender los cambios en el entorno académico
universitario. Este proceso ha acrecentado las
asimetrías existentes en la vida institucional
académica en cuanto a: a) los márgenes de
adaptación/rigidez de las instituciones ante los
cambios, b) la pertinencia/incongruencia de las
políticas públicas en su relación con la demanda
social, cultural y científica, c) las
posibilidades/limitaciones tecnológicas de los
actores universitarios que intervienen en la
generación de conocimiento y en la gestión
universitaria y, por último, d) la condicionada
capacidad para modificar formas de generar y
aplicar de manera óptima el conocimiento
producido.
El principal desafío de hoy en día es analizar
y posicionarse frente a tales asimetrías de
constitución y profundidad difíciles de equiparar y
armonizar con lo antes conocido. En esta tarea, las
comunidades científicas universitarias
pertenecientes a todos los campos del conocimiento
y en especial a las humanidades y ciencias sociales
se enfrentan a la necesidad de rediseñar su condición
y objetivos frente al conocimiento en medio de un
entorno social sumergido en las tecnologías de la
información y de la comunicación (TIC); ello
supone revisar y hasta cierto punto desplazar las
habituales y anquilosadas estructuras cognitivas de
pensamiento. Si bien para las ciencias exactas y
naturales la experiencia digital ha alcanzado un
grado de asimilación considerable por parte de sus
respectivas comunidades, en el caso de las ciencias
sociales el ritmo de asimilación y de incorporación
de tales recursos no ha sido el mismo, ni las
asimetrías menos pronunciadas.
El uso y aplicación intensivos de las TIC ha
modificado en lapsos sensiblemente cortos
aprendizajes y formas de actuar frente al
conocimiento, dando con ello resultados
diferenciados en cada campo de especialidad. Cada
campo hace frente a retos muy particulares
estrechamente vinculados con la especificidad de
sus respectivos objetos de estudio, de los contextos,
de las experiencias, y de las interacciones que les
son propias. A ello se le suma el sentido dado al uso
de la tecnología, es decir -según Proulx (2001)-, a
un uso que describe la relación establecida entre el
agente humano y la tecnología en un marco social
más amplio que además de incluir las interacciones
entre los humanos y las maquinas, rescata la
trayectoria particular experimentada por un
individuo a lo largo de su biografía frente a objetos
y dispositivos técnicos. Algo a lo que Martín-
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Barbero (2009) se refiere cuando señala que
…la técnica -que fue durante siglos
considerada como mero instrumento o
utensilio, algo desprovisto de la
menor densidad cognitiva ve ahora
transformado su estatus radicalmente,
pasando a constituirse en dimensión
estructural de las sociedades
contemporáneas a la vez que se llena de
densidad simbólica y cultural (p. 22).
La abundante literatura producida sobre la
irrupción de las tecnologías de la información y dela
comunicación (TIC) en la sociedad, en el imaginario
y en la subjetividad involucrada en los procesos
sociales, ha apuntado en distintas direcciones entre
las que identificamos al menos tres (3): las TIC
consideradas como herramientas de investigación,
como un objeto más de estudio de las ciencias
sociales, y como un componente indisociable de una
realidad en permanente transformación que afecta a
los modos de ver y de reflexionar sobre la actual
constitución de los objetos de estudio de lo social.
(Pacheco 2018:227)
A pesar de la diversidad de literatura generada
sobre el tema, es aún incipiente el estudio de la
problemática cognitiva involucrada en la generación
de productos académicos universitarios mediados
por las TIC, así como sobre el peso y relevancia que
éstas adquieren en y para los procesos de
aprendizaje social. Ello incluye el escaso
conocimiento que aún se tiene sobre la incidencia
que hoy en día tiene lo tecnológico en actividades
universitarias institucionalizadas tales como la
docencia y la investigación, quehaceres que han
visto trastocados sus habituales modos de acceder,
usar, producir y aplicar el conocimiento en lo social
y educativo. No obstante, tales acercamientos
comienzan a ser ya considerados tanto como ejes de
reflexión y estudio, como referentes de política
educativa y de evaluación de la investigación -
principalmente en ciencias sociales-, iniciativas aún
distantes de las condiciones en que las comunidades
enfrentan los nuevos modos de acceso a la
información y el conocimiento.
El presente trabajo es producto de una
búsqueda, revisión, selección y sistematización de
material teórico y de reflexión preliminar -
disponible en línea -que da cuenta de la capacidad
de modificar formas de producir y aplicar el
conocimiento de lo social. Un material que
contempla a la digitalización no como un
instrumento técnico, sino como una condición que
media la actual configuración del objeto de
investigación de lo social, así como los mecanismos
para acceder a su estudio. La tarea efectuada se
centró en la selección de algunos ejes de análisis
enfocados al estudio sobre la influencia de lo
tecnológico en la dimensión de lo social, en la
subjetividad y en el cambio social e institucional,
procesos que atañen al conjunto de las denominadas
ciencias sociales.
De la subjetividad objetivada a la producción de
sentidos
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A diferencia de una mirada apegada a la
convulsa y compleja dinámica de los actuales
cambios sociales y educativos, la práctica
universitaria de la docencia y la investigación social
tiende a permanecer adherida a los parámetros
metodológicos tradicionales que marcaron en la
teoría y en la práctica, un conjunto de requisitos y
condiciones para delimitar en tiempo y espacio sus
respectivos fines de aprendizaje y objetos de
estudio.
Este funcionamiento se ha traducido en
prácticas centradas en segmentos y/o momentos
fijos de una realidad y de un conocimiento
formalizado, así como de fenómenos sociales
frecuentemente desarraigados de su condición en
permanente transformación y de su discurrir en lo
efímero y cambiante. Lo coyuntural e inmediato se
ha convertido en el centro de atención; el actor
social es reconocido en función de los papeles y
roles que sociedad e instituciones le han delineado;
su subjetividad y sus procesos de aprendizaje o
cognición son demarcados por la realidad instituida
a la que pertenece.
En la actualidad el mundo objetivado y del
cual formaron y forman parte grupos, comunidades
y vastos sectores sociales que le han dado vida,
experimentan un desajuste con respecto a las
condiciones y estructuras que les dieron origen.
Presenciamos el surgimiento de nuevos mecanismos
de interacción social que al desenvolverse de
manera colectiva lo hacen también promoviendo
una individualización cada vez más generalizada
que acota diferencias y propiedades específicas. Un
funcionamiento que no necesariamente se ajusta a
las pautas antes esperadas por el entorno
institucional y social que las contiene, su arraigo o
desarraigo al entorno establecido, ahora depende de
las posibilidades por las que el individuo opte por y
para sí mismo en un entorno donde lo digital propio
de las TIC es intrínseco a la experiencia diaria.
La presencia de las TIC en la vida cotidiana
ha dado lugar a numerosas interpretaciones sobre
cuál ha sido su impacto en la sociedad, y en qué ha
consistido; algunos estudios se han inclinado tanto
en el sentido de sus efectos perversos, como otros lo
han hecho decantándose por el estudio de sus
cualidades para reposicionar al conocimiento en la
relación pensamiento y realidad. Sea en un sentido
o en otro, autores como Gil, Vall y Feliu (2010)
coinciden en afirmar que:
…las TIC mediatizan la comunicación,
las relaciones, los afectos, las
experiencias, o las emociones; así como
las diferentes formas de consumo y
expresión cultural. Es por ello que,
como mediadora y moduladora, la
tecnología reconfigura nuestro modo de
pensar y también, por qué no, de sentir;
e incide en la formación de nuevas
subjetividades y en la reconfiguración
de nuestra identidad (en relación con
uno mismo y con los demás), en un fluir
continuo de lo presencial a lo virtual
indiferenciadamente (p. 22).
La vía de acceso por excelencia a las actuales
tecnologías es la representada por la Internet, o red
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global de redes que conecta a otras redes y
dispositivos para incrementar la comunicación y
compartir información. A su vez, el estudio de la
Internet se ha efectuado desde distintos enfoques
como lo son el psicológico, humanístico, técnico,
sociológico, político, artístico, laboral, etc. Entre
los autores que han profundizado en el desarrollo de
los estudios sobre Internet (Meneses y Salazar,
2016; Rubira-García y Puebla-Martínez, 2017;
Rubira-García, 2017; De Rivera, 2011) figura Siles
(2008) quien describe y ordena a grandes rasgos esta
trayectoria de estudio en tres etapas:
La primera abarca la inicial mitad de la década
de los noventa donde los escritos producidos
reflejaron -según Siles (2008)-, “…la falta de
arraigo en el análisis histórico de la tecnología, la
falta de perspectivas comparativas con respecto al
desarrollo de otras tecnologías, y su poca
vinculación con contextos más amplios de uso” (p.
62).
La siguiente etapa correspondiente a la
segunda mitad de la misma década se caracteriza
según Hine (2000) por un cambio de concepción
acerca de la red, entendiéndola ahora: “…como un
espacio para poner en contexto relaciones
sociales…internet se convirtió en un contexto
cultural producido por medio de discursos y
prácticas dignas de explorarse analíticamente, a
partir de las cuales emergían relaciones sociales
significativas para sus usuarios” (Hine cit. por Siles,
2008, p. 64).
En una tercera y última etapa -situada por
Siles a finales de los 90´s- destaca una franca
atención sobre la influencia del contexto y su
presencia en la nueva forma de establecer relaciones
sociales.
Se exploran las interacciones sociales y
culturales que acontecen en línea. Se toman en
consideración los discursos que se producen al
respecto de dichas interacciones. Se analizan las
consideraciones contextuales de tipo social,
cultural, político y económico en las que se produce
el acceso y uso de internet. Se evalúan las
particularidades técnicas mediante las cuales se
diseña, produce y realiza la relación entre el usuario
y la red (2008, p. 66).
En esta última etapa, el autor destaca como
recurso metodológico más utilizado para el estudio
sobre internet a la etnografía, resaltando los trabajos
de Hine y su libro Etnografía virtual (Ob. Cit.). Una
herramienta metodológica considerada por ella
como la más idónea y recurrida para indagar
aspectos según Siles (Ob. Cit.):
…las articulaciones o conexiones entre
lo que acontece en línea y lo que se
produce fuera de internet, entre los
discursos que se generan sobre la
tecnología y los usos que se le dan en la
vida cotidiana, entre las prácticas
estructurales que se desarrollan a nivel
institucional y las apropiaciones de estas
que se ejecutan en el seno del www. (p.
69).
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Sin dejar de reconocer la afectación que
Internet y en sentido amplio las TIC ejercen en la
sociedad, así como de la importancia de su estudio,
Pérez-Tornero (2005, p. 253) advierte que la idea de
sociedad digital también se ha convertido en un
eslogan-mito por alcanzar, así como un referente
para reformular proyecciones y escenarios en todas
las direcciones de desarrollo político, económico y
social. Con ello pone de relieve la importancia de
conocer las consecuencias que este mito también ha
tenido en nuestras formas de pensar y actuar. Un
mito caracterizado por el autor en función de los
siguientes componentes: a) su condición de formar
parte relevante de un discurso más amplio sobre el
cambio social; b) su potencial para generar
trasformaciones antropológicas en la sociedad en
cuanto a formas de pensar y actuar, y c), su
capacidad para sentar las bases de un contra mito
que diera lugar a una educación actualizada en
medios. En contrapartida a tal visión, el autor se
pronuncia en el sentido de que el futuro debe más
bien para Pérez-Tornero (Ob. Cit.) a:
…inspirarse y basarse en los nuevos
valores y contravalores que surgen de la
desmitificación del concepto de
sociedad digital: acceso a lo real, la
austeridad, la imaginación productiva,
la reinvención de los espacios y
tiempos, la conciencia individual, la
memoria, la libertad de pensamiento, el
sentido solidario y comunitario, la
confianza en la persona humana y en su
valor trascendente, la constancia, la
coherencia, etc. (p. 255).
En su trayectoria sociohistórica el estudio
sobre la internet no ha dejado de plantear a las
ciencias sociales la necesidad de entender a la
sociedad sin mirar de lado que es la actual presencia
de las tecnologías actuales la que obliga a
replantearnos, entre otros, los mecanismos de
aprendizaje y de producción del cocimiento sobre la
sociedad. No basta reducir su análisis y mirarla sólo
como el contexto de uso de la tecnología sino por el
contrario, y como bien lo señala Siles (Ob. Cit.), “el
uso de internet debe interpretarse como parte de
redes políticas, sociales, culturales y económicas de
mayor amplitud (p. 68). Se trata de reflexionar
mo “las tecnologías de comunicación adquieren
vida social y cultural en una multiplicidad de
contextos” (p. 73).
Este reto pone al descubierto el ineludible
abordaje del imaginario social como vehículo y
reflejo del conjunto aspiraciones objetivas
perseguidas por las instituciones que dan cuerpo a la
sociedad. Un imaginario en el que también se pone
el juego la capacidad de la dimensión simbólica de
lo que los individuos experimentamos frente a los
actuales recursos digitales; un simbolismo que, así
como determina algunos aspectos de la vida y de la
sociedad, también está lleno de intersticios y de
grados de libertad (Castoriadis, 2008, p. 133). Es en
el marco de esta imaginación productiva creadora
que lo tecnológico trasciende la idea de consumo,
para posicionarse en la producción y gestión de la
información, incluidos sus efectos en los cambios de
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estructura y organización de los grupos y
movimientos sociales emplazados en torno a ella, es
decir, en la cultura.
Desde el momento en que la mediación
tecnológica deja de ser meramente instrumental, la
cultura y el lugar que ella ocupa en la sociedad
también cambia “…para espesarse, diversificarse y
convertirse en estructural, pues la tecnología remite
hoy no sólo a la novedad de unos aparatos sino a
nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas
sensibilidades y escrituras” (Martin-Barbero, 2003,
p. 12).
En ocasiones se llega incluso a hablar de dos
culturas que progresivamente, frente a la mediación
tecnológica actual, muestran un mayor número de
rasgos que las diferencian, pero que al mismo
tiempo las vinculan. Por un lado, la cultura objetiva
que perdura gracias a los depósitos fijos e
inalterables de un conocimiento acumulado por las
reconocidas artes visuales, pictóricas, plásticas,
literarias, etc.; una cultura en la que se dispone de
pautas claras de producción, tiempos y espacios de
innovación, creación y consumo. Por otro lado, una
cultura sin asideros estables, visibles y tangibles es
la cultura que se genera día con día sin requerir de
cimentaciones o receptáculos ya creados que la
contengan y la preserven de su temporalidad,
inestabilidad y circunstancialidad. Esta última, una
cultura perteneciente a una sociedad que Martin-
Barbero -en sus distintos trabajos- define como
descentrada culturalmente hablando, una cultura
que trasciende los espacios que tradicionalmente la
contenían y que le eran adjudicados como propios y
exclusivos.
En la llamada sociedad digital o del
conocimiento, cultura y técnica reafirman su
condición originaria. La cultura tiene que ver según
Galende (2008 cit. por Alcócer-Tocora, 2012) con:
los modos…en que todo agrupamiento
humano va construyendo significados
particulares, para hacer comprensivas y
entendibles las relaciones entre unos y
otros, y por otra parte de la realización
de ciertos valores que permiten
jerarquizar los elementos de la vida
social (p. 99).
Por su parte, para Quintanilla (2005 cit. por
Alcócer-Tocora, Ob. Cit.) las técnicas son:
…entidades culturales de carácter
abstracto… pueden tener distintas
realizaciones o aplicaciones y se pueden
formular o representar de diferentes
formas…el origen de una técnica muy
posiblemente tendrá su relación directa
con cierto tipo de subjetividades
construidas como resultado de
situaciones o necesidades vistas desde
diferentes perspectivas en forma
individual o colectiva” (p. 100).
Ambas precisiones apuntan al rescate tanto de
la intersubjetividad presente históricamente en los
procesos sociales y de construcción de
conocimiento, como de su potencial para incidir en
la sociedad, la cultura y el aprendizaje.
En concordancia con Alcócer-Tocora (Ob.
Cit.), Acciardi (2009, s/p) visualiza a las actuales
tecnologías como medio de construcción de la
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cultura y la subjetividad, pero además como espacio
donde cobra mayor relevancia un aprendizaje social
individualizado que deja progresivamente en
desventaja a la enseñanza formal, escolarizada e
individualista. Acciardi (Ob. Cit.) considera a:
…la tecnología como propicia para la
formación de metáforas, metáforas
mediante las cuales los sujetos intentan
comprender al mundo... [ya que] el uso
de artefactos, o instrumentos, va
transformando por un lado al mundo y
por otro lado al sujeto que lo utiliza. El
uso de determinados instrumentos
culturales no deja a su agente en el
mismo lugar que antes. Las tecnologías
producen transformaciones en las
manifestaciones culturales de los
sujetos que las utilizan y al mismo
tiempo, transformaciones culturales de
gran amplitud que afectan aún a quienes
no las utilizan (s/p).
La creación y la forma que adquieren estas
nuevas figuras simbólicas mediadas por la
digitalización del quehacer cotidiano, si bien
dependen de las reservas de sentido acumuladas por
la experiencia anterior, éstas gradualmente van
modificándose en cuanto a su constitución,
permanencia y estabilidad frente a las nuevas
situaciones. Al asentarse sobre la base del
aprendizaje social esta capacidad de cambio altera y
desestabiliza tanto la estructura del aprendizaje
escolarizado, las instituciones que lo contienen, así
como los papeles y roles estipulados para los actores
que forman parte de ellas. El desencuentro entre
mundo escolar y extraescolar, el manejo de códigos
diferenciados entre adultos y jóvenes, el desfase
entre los saberes certificados y con sentido, y los
generados del hacer y producir sentido, son sólo
algunas manifestaciones de ello.
Este poder subjetivante y a la vez
socializatorio de la actual tecnología ha sido
abordado con mayor detenimiento en el campo de la
comunicación por autores (Francia, 2005; Azzolino,
2007; Balardini, 2006; Gil-Juárez, Vall-llovera y
Feliu, 2010, y otros) entre los que destaca Correa
(2004) quien lo explica de la siguiente manera:
En condiciones de fluidez, la palabra, el
signo es apenas una información
insensata, inaprensible, evanescente,
fugaz…ya no tenemos que vernos con la
ideología, el canon o los estereotipos
porque solo tenemos flujos de
información cuya velocidad impide
cualquier producción de sentido…ya no
se sufre por imposición de sentido sino
por su desvanecimiento. El pasaje de ser
receptor a ser “usuario hay que pensarlo
en el tránsito de la estabilidad propia de
la comunicación a la fluidez de la
información” (p. 60).
“…en tiempos de fluidez, toda recepción es
activa, o subjetiva, porque supone la producción de
operaciones que no están instituidas por ningún
dispositivo, que no están previstas por ningún
código (p. 61). Queda así formulada la inaplazable
tarea de abrirse a las posibilidades, aun cuando en
esta dirección sólo predomine la incertidumbre y la
inestabilidad más allá de lo asible en el presente.
Universidad y TIC. Formación profesional e
investigación social
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La trayectoria que las relaciones y la
interacción sociales han experimentado en su
relación cotidiana con las TIC ha impulsado nuevas
formas de acción social que, aunque no totalmente
generalizadas en el mismo grado, han
transformado en mayor o menor medida las
condiciones sobre las que se desenvuelve la
experiencia social y de aprendizaje. La
funcionalidad de lo institucionalizado como marco
de la acción social, además de verse disminuida por
una oferta diversificada de vías de acceso y
producción de información y conocimiento,
también ha sufrido un vuelco como consecuencia de
la transformación de los mecanismos de
comunicación en cuanto a su estructura, operación,
alcance e impacto.
Esto exige reflexionar sobre las condiciones y
consecuencias de los cambios originados por la
mediación de las TIC en la vida cotidiana en
procesos tales como: la formación de la
subjetividad, la producción simbólica y la
constitución de las identidades. Todas ellas
afectaciones que cuestionan la vigencia del
andamiaje conceptual y de procedimiento que ha
venido regulando el rumbo de la escuela, de la
docencia y de la investigación social en sus
respetivos principios y procedimientos de acceso al
conocimiento. Las bases de este replanteamiento se
encuentran en la toma de conciencia sobre las
nuevas condiciones de comunicación e interacción
a las que permanentemente se enfrentan individuos,
grupos, comunidades y sociedad en general;
requiriendo de todas y de cada una de ellas un
esfuerzo de reflexión para redefinir el sentido y los
puntos de partida de las metodologías de
aprendizaje y de producción de conocimiento.
Es bien conocido que la actual digitalización
de las prácticas culturales ha modificado y afectado
los parámetros conceptuales en los que
tradicionalmente descansaban los capitales teóricos
provenientes de los distintos campos del
conocimiento de lo social y educativo. Estructuras
conceptuales que se han visto rebasadas por el área
de influencia alcanzado por la pluralidad y
complejidad de prácticas cognitivas digitales que no
solo se deslindan de la estructura y de las reservas
de sentido aprehendidas, sino que también dan lugar
a nuevas configuraciones para la generación de
nuevos conocimientos.
Es el caso de las relaciones interpersonales
tradicionalmente fundadas en figuras tales como:
profesores y alumnos, padres e hijos, sacerdotes y
fieles, patrones y trabajadores, etc.; vínculos de
interacción social solidificados gracias al primado
de un conjunto preestablecido de patrones de acción
y reacción que, si bien aseguraron su
funcionamiento y permanencia, también encuentran
en la institución y la sociedad-estado su principal
respaldo. Instancias estas últimas que, en aras del
control y el poder se desempeñan como garantes de
procesos sociales más abarcadores y
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homogeneizadores de conductas y acciones
sociales.
Sin embargo, en la actualidad el grado de
presencia alcanzado en la vida cotidiana por las
actuales tecnologías ha instaurado nuevas
condiciones de interacción, intercambio y
socialización entre individuos, grupos y
comunidades que, ajenas a las conductas
institucionalmente enmarcadas y fijas, ahora se
delinean más bien como acciones libres y efímeras
elegidas por los individuos de entre una amplia
gama de posibilidades y capacidades. Es a lo que
Martín-Barbero (2002) se refiere cuando señala:
primero, como descentramiento “el saber se sale de
los libros y de la escuela, entendiendo por escuela
todo sistema educativo desde la primaria hasta la
universidad” (p. 178); segundo, la des-localización
que implica la diseminación del conocimiento
“...tanto de las fronteras entre las disciplinas del
saber académico como entre ese saber y los otros
que ni parten de la academia ni se imparten ya en
ella exclusivamente” (p. 178); Por último, el tercero
con el surgimiento de nuevas figuras de razón, es
decir, “No hay una sola racionalidad desde la que
sean pensables todas las dimensiones de la mutación
civilizatoria que atravesamos” (p. 179).
De este modo, el impulso tomado por esa vía
de entendimiento ha mostrado como “…la propia
presión tecnológica está suscitando la necesidad de
encontrar y desarrollar otras racionalidades, otros
ritmos de vida y de relaciones tanto con los objetos
como con las otras personas, relaciones en las que la
densidad física y el espesor sensorial son el valor
primordial” (Martin-Barbero, 2009, p. 25). Ejemplo
de tales racionalidades son: la búsqueda de
múltiples respuestas posibles a interrogantes de la
vida cotidiana (afectiva, familiar, laboral, etc.)
profesional, cultural, religiosa y social en general; la
duda como prerrequisito para la aceptación o no de
un conocimiento o de un conjunto de conocimientos
posibles; la renovada capacidad para plantearse
diversas opciones y/o elecciones en el los corto y
mediano plazos; el imperativo de contar con una
amplia gama de elementos e información para
otorgarle validez a un conocimiento, etc.
Como formación institucional altamente
estructurada, la universidad pública en México ha
tenido históricamente encomendada la tarea de
garantizar las bases para la producción y circulación
de conocimiento ya sea a través de la investigación
como de la formación de profesionistas en los
diversos campos del conocimiento. La histórica
defensa del pensamiento clásico humanista en la
universidad ha prevalecido a pesar de los embates
sufridos por la institución a raíz del surgimiento y
expansión de las nuevas plataformas de
conocimiento. Una base sobre la que hoy en día se
finca la innovación, el futuro, y lo que en términos
globales se define como el desarrollo de la sociedad.
En contrapartida, al mantenerse ligada y
afectada por las coyunturas económicas de todos los
tiempos, la universidad de hoy se ve apremiada por
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las complejas hibridaciones producidas en el terreno
del conocimiento, como también por la expansión
de una diversidad de formas para acceder, producir,
hacer circular y aplicar socialmente de manera
eficaz dicho conocimiento: “…las implicaciones de
las TIC no se encuentran únicamente en la reflexión
a la que nos abocan sobre nuestros métodos, sino en
la misma transformación que introducen en la
producción de conocimiento científico” (Ardévol,
Estalella y Domínguez, 2008, p. 22).
Durante las últimas dos décadas los esfuerzos
promovidos por la universidad para recolocarse en
un escenario incierto que la desencaja de su
condición originaria poco han incidido en la
materialización de sus condiciones de
funcionamiento, así como en sus mecanismos de
intervención y acción ante la diversidad de
racionalidades que en la actualidad intervienen en
torno a la producción y circulación de conocimiento.
Ambas condiciones indispensables para
reestablecer su competitividad institucional y
responder a las exigencias planteadas por la
transformación global de la sociedad, de la
economía, de la cultura, de la política, y de la
educación.
Ante este escenario la universidad pública
tiene en el corto plazo dos alternativas: replantar de
manera radical su misión ante la sociedad, o bien,
buscar su adaptación como espacio y componente
del sistema educativo tanto físico como ciberfísico,
no sin antes someterse a una profunda
transformación en la forma de enseñar y aprender.
Esto último significaría entre otros, integrarse a
plataformas hoy precursoras de grandes
innovaciones educativas, así como de generación de
valor en forma de conocimientos. (Delgado, 2019).
En sus términos, Martín-Barbero (2005) se
refiere a este reto como sigue:
…la asunción de la tecnicidad mediática
como dimensión estratégica de la
cultura contemporánea representa para
la escuela un desafío estratégico para
reinsertarse en los procesos de cambio
que atraviesa nuestra sociedad, e
interactuar con los campos de
experiencia en que hoy se procesan las
transformaciones claves:
desterritorialización /relocalización de
las identidades, hibridaciones de la
ciencia y el arte; y también la
reorganización de los saberes en su
articulación a la del mapa de los oficios
y las profesiones por la incidencia de los
flujos y redes de información (p. 80).
La cantidad, velocidad, diversificación y el
alcance bajo los cuales se produce y circula la
información a través de medios electrónicos,
discurre hasta cierto punto de manera ajena a la
tradicional dinámica y operación de la estructura
universitaria; lejos de mantenerse como pieza clave
para la producción y gestión de conocimiento, la
misión de origen de la universidad se ha ido
desvaneciendo para colocarse más bien como una
beneficiaria de los resultados ahora provenientes del
núcleo generador de la innovación: internet y las
tecnologías digitales.
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A diferencia del peso e importancia que
históricamente se le ha otorgado a la docencia y a la
formación de profesionales como dos de las
principales funciones universitarias, la
investigación y la formación de investigadores han
logrado gradualmente hacerse presentes en la vida y
misión universitarias, conquistando espacios y
condiciones institucionales para consolidar grupos e
incluso, destacadas comunidades en algunos
campos del conocimiento especializado.
Su avance y logros han dependido de varios
factores: la trayectoria experimentada por cada
centro universitario, la conformación de sus
diversas comunidades, así como de las pautas
establecidas por las correspondientes políticas
públicas. Sin embargo, en las condiciones actuales
la expansión y penetración adquiridas por los
medios y procesos tecnológicos, difícilmente son
proporcionales con las condiciones y capacidades
de los establecimientos universitarios para
incorporarlas; lejos de alcanzarlo, dejan, en
contrapartida, expuestos los límites del actual
sistema universitario.
Algunas alternativas ya son exploradas en el
terreno de la formación, es el caso de la
proliferación de formaciones en línea y a distancia
que ofrecen el acceso a numerosas posibilidades de
elección compatibles con los proyectos personales y
profesionales de cada sujeto en formación. No
obstante, habrá que evaluar en qué medida tales
iniciativas de corto plazo centradas en los procesos
formativos, cumplen con lo apuntado por Mallet
(2000) en cuanto a buscar evidencias sobre si éstas
promueven un cambio de lógica que desplaza las
iniciativas y los poderes de control y de regulación
que antes habían sido propios de las instituciones y
de sus enseñantes, para ahora decantarse éstos a los
usuarios, es decir el alumno. Esto sin duda tendría
que analizarse -siguiendo al autor- con el apoyo de
un enfoque constructivista del aprendizaje que
privilegie una individualización de trayectorias,
aprendizajes y caminos propios a través de opciones
pedagógicas considerablemente amplificadas por el
uso de redes y favorecidas por interacciones
múltiples.
Otra dimensión de la vida universitaria
afectada es la definida por Martin-Barbero (2002)
como la que se manifiesta a través de la denominada
“la crisis de la identidad profesional”, resultado de
“la transformación de los saberes y el conocimiento
y los lugares tradicionales que éstos ocupaban y ante
las varias crisis en la identidad y la práctica
profesional” (p. 177). En esta crisis de identidad en
la sociedad del conocimiento -y que el autor define
más bien como una sociedad de mercado-, el papel
de la universidad debiera traducirse en una eficaz
mediación “… entre la crisis de identidad
profesional y las mutaciones de sociedad…” (p.
178).
A modo de grandes interrogantes, el autor
expone las principales tareas que la universidad
debe atender, a saber: a) explorar, reflexionar e
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investigar “…la complejidad de las relaciones entre:
los cambios del saber en la sociedad del
conocimiento y los cambios del trabajo en una
sociedad de mercado” (p. 181); b) tomar como
punto de referencia el estudio de las tendencias del
mercado de la globalización y desarrollo
tecnológico, para de ahí buscar y establecer las
estrategias para adaptarse a ellas, o bien, pensar
caminos alternativos al modelo de mercado; y c)
establecer como indispensables ciertos saberes que
pueden o no ser rentables pero sin los cuales un
profesional no puede sobrevivir en una sociedad
donde se lucha se libra por contar con un puesto de
trabajo. Para el autor mencionado, es en el cruce de
saberes indispensables y rentables donde se dirime
el sentido y el futuro de la universidad, ya no para
enseñar sino para formar ciudadanos.
Hacer viable este principio requiere cumplir
previamente con una condición de carácter general
pero indispensable para dar sentido y dirección a la
nueva misión social de la Universidad en la sociedad
del conocimiento. Tal condición es desarrollada por
Tíscar Lara (2009) en el sentido de que la
Universidad debiera constituirse en una especie de
“comisariado” con la encomienda de construir y
promover contextos flexibles que permitan el
trabajo colaborativo en red y, además, atraer la
innovación creativa desde fuera de sus límites
organizativos tradicionales. Este posicionamiento
de la Universidad tiene que ver con la identificación
que la propia institución hace de sí misma dentro de
la cultura digital y con la postura que sea capaz de
definir, apoyar, mantener y proyectar con respecto a
su forma de relacionarse con las personas, con los
contenidos y con las estructuras de producción y
divulgación de conocimiento (Lara, 2009, p. 17).
Para Lara (Ob. Cit.) considera que la
responsabilidad de la Universidad es hoy en día
“…definir su identidad digital a partir de las
decisiones que tome con respecto a los procesos de
identidad de sus miembros, su relación con el
conocimiento abierto y su capacidad para
flexibilizar sus estructuras internas” (p. 19). La
Universidad ya no se concibe como el lugar donde
se accede al conocimiento en el sentido clásico y
universal, “…sino como un espacio de experiencia
de aprendizaje y construcción colaborativa del
mismo” (p. 19). El reto de la Universidad consiste
en interiorizar, practicar y divulgar el conocimiento
abierto y la cultura digital como una forma de
diferenciarse en una economía del conocimiento;
sólo por este camino será posible construir un
modelo de formación y de investigación coherentes
con su misión y función social.
Las consideraciones efectuadas por Martín-
Barbero y Lara no representan para la institución
universitaria ver contrarrestado su peso e
importancia en y para la sociedad, el mercado y la
producción de conocimiento; por el contrario, su
papel en la hoy llamada sociedad del conocimiento
o digital se plantea decisivo por constituirse como el
espacio más idóneo para garantizar el óptimo
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aprovechamiento de los recursos tecnológicos y
humanos actualmente disponibles. Su intervención
de facto ya no se limitaría a la tarea de proveer los
discursos políticos y académicos, así como los
insumos requeridos en el plano técnico e
instrumental, sino más bien a sentar las bases para
reconfigurar de manera amplia, participativa y
colaborativa formas y modelos de relación entre, por
un lado, las actuales condiciones y posibilidades de
producción e innovación de conocimiento y, por
otro, la acción de los distintos actores, comunidades,
instituciones, mercado y sociedad.
En esta búsqueda por redefinir
estructuralmente la condición y el rumbo de la
universidad, un espacio en juego a rediseñar es la
materia y sentido de la investigación y de la
formación de investigadores en ciencias sociales. La
complejidad del actual sistema de investigación y de
formación se caracteriza por tres condicionantes: el
desarrollo desigual de campos de conocimiento
especializados, el sentido de la formación en cuanto
al origen de las iniciativas y de los poderes de
control y regulación que la impulsan y, por último,
las asimetrías del conocimiento y de áreas de
aplicación posibles a las que se enfrentan los actores
y sujetos de la investigación y la formación.
Si bien la injerencia de las tecnologías
digitales en los procesos de producción de
conocimiento afecta a todos los campos
disciplinarios, en ciencias sociales una
incorporación de esta naturaleza altera de manera
importante las tradicionales prácticas epistémicas.
Para Estalella y Ardévol (2011, p. 94) esta
afectación es resultado de la acción de tres aspectos
particulares: primero, que la dimensión transversal
de un fenómeno no afecta a una disciplina particular
sino que implica a todas las ciencias sociales y se
refiere además a todo tipo de tecnologías (no
únicamente las digitales); segundo, que reconocer
esta variación implica una intervención en las
prácticas epistémicas de los científicos, lo que
conlleva su modificación, reformulación o
sustitución por otras; y finalmente, que a través de
las tecnologías es posible intensificar las prácticas
epistémicas de los científicos sociales. Un ejemplo
de esto último lo ofrece Acciardi (Ob. Cit. s/p.) al
precisar que el sujeto establece un entramado entre
su capacidad cognoscitiva y las capacidades
operatorias de los instrumentos con los que conoce:
Cualquiera que haya utilizado
mínimamente instrumentos
informáticos para cálculo matemático,
puede comprobar que efectivamente en
lugar de restringirse la capacidad de uso
del número se extiende a veces de modo
inimaginado, permitiendo no solo
mayor eficacia sino también mayor
eficiencia de los recursos intelectuales
(s/p.).
Se trata de un proceso en el que bien puede o
no intervenir el interés y la motivación propia o
inducida desde el exterior (la escuela, el maestro, el
tutor), de lo que dependerá si es posible esperar un
cambio de estructuras y habilidades cognitivas, o
bien, mantenerse en un uso mecánico y estándar de
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la información y de los recursos tecnológicos
disponibles. “En tanto estas tecnologías le sean
útiles y significativas [al sujeto], permitirán la
ampliación y recombinación de las capacidades
cognoscitivas subjetivas” (s/p). De ahí que la
tecnología no es precisamente el factor de cambio,
sino lo es el sujeto que interacciona con estos
medios y da sentido a su uso.
Conclusiones
El ritmo de avance y penetración del
componente tecnológico en la sociedad ha venido
planteando la urgente revisión y transformación de
la dinámica social y cultural de instituciones y
grupos sociales. La complejidad ahora ya no radica
en ajustar las constantes disfuncionalidades
acontecidas en la vida social al modo habitual de
proceder de la estructura institucional y cultural; se
trata más bien de remover las bases bajo las cuales
estas últimas han operado, reformulando en primer
término su condición y misión social, cultural y
educativa. Toda resistencia en este sentido solo
acarreará aún mayores desfases y asimetrías entre
desarrollo tecnológico y aprendizaje social.
La transformación de la universidad, así como
de las actividades de investigación y docencia
presupone una revisión total de principios y
objetivos, e incluso de estrategias de operación en
todos sus niveles de autoridad -administrativos y
financieros- y espacios académicos. En la
actualidad, con escasos cambios estructurales por
parte de la institución, la educación y la formación
universitaria se desenvuelven más allá del espacio y
de las prácticas habituales sobre las que antes
descansaban, una tendencia que, sin esclarecimiento
ni regulación alguna, arroja resultados mixtos que
no aseguran la pertinencia y la congruencia de los
resultados obtenidos.
Situadas en el centro del conocimiento y de
los procesos de aprendizaje, las nuevas tecnologías,
además de desplazar la autoridad institucional y
académica a los actores -sujetos de tales procesos (el
estudiante, el investigador y el trabajador)-, ejercen
sobre la universidad la presión de convertirse -en el
corto plazo- en un espacio lo suficientemente
habilitado tecnológicamente para facilitar las
condiciones de producción de conocimiento y de
aprendizaje con proyección social. Esto significa
que la universidad pasaría a formar parte de un
entorno más amplio de competencia, es decir, de
capacidad innovadora donde predomina la
intervención de otras instituciones más o menos
ligadas a mercados tanto de conocimiento, como de
producción económica y ocupacional.
La vida académica cotidiana, sus estrategias
de funcionamiento, su capital de conocimiento, su
regulación, su certificación externa y validación
institucional, son sólo algunos factores que
obedecerán al cumplimiento de otro tipo de metas y
objetivos; su logro sólo podrá ser presenciado en su
uso, puesta en práctica e impacto en el mundo
exterior a la institución. Esto deja sujeta a la
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universidad a los embates de los cambios locales y
globales, lo que le plantea la necesidad de
asegurarse y contar tanto con una estructura flexible,
como con de una capacidad altamente adaptativa y
de procesamiento frente a los nuevos escenarios.
La planeación de tales cambios tendría que
visualizarse en etapas y plazos que gradualmente, y
en la medida que reportaran resultados preliminares,
dieran lugar al paso de una siguiente fase o etapa ya
sea reprogramando y/o estableciendo ajustes en la
marcha. En esta empresa, la implicación de los
actores resulta esencial teniendo en cuenta y a
grandes rasgos tres condiciones.
1. La disponibilidad para apreciar la distancia
existente entre, por un lado, sus habituales
conocimientos y puntos de partida para el
desempeño de su respectiva tarea
(autoridades, profesores, investigadores,
trabajadores), y por otra, la amplitud del
horizonte de posibilidades de acción y de
conocimiento disponible.
2. La capacidad para conocer, habilitarse y
potenciar el alcance de los recursos
tecnológicos disponibles especialmente
aquéllos vinculados con la experiencia y
actividad principal desempeñada.
3. Proyectar el alcance e inserción de la
actividad que se desarrolla y del
conocimiento que se produce más allá del
logro de fines personales, de grupo e
institucionales.
Se trata de impulsar una transformación
cultural, es decir, de revertir los tradicionales modos
de hacer y pensar para en su lugar, establecer nuevas
formas de vinculación con un conocimiento que se
expande sin ritmo ni límites, con unas instituciones
sujetas a reconfigurarse, con una sociedad en
permanente transformación, y con relaciones
sociales que van imprimiendo sentidos y dirección a
futuros posibles.
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