Introducción
Uno de los problemas sociales, que provocó
una crisis sanitaria sin precedentes, a nivel mundial
es aquel relacionado con la aparición del
coronavirus, identificada por los científicos como
COVID-19, afectando de manera significativa la
vida cotidiana de las personas, no solo a nivel
familiar, social, comunitario, sino también en el
aspecto laboral, pero en especial en su salud física.
Enfermedad que llevo a la muerte a un alto
porcentaje de personas en todo el mundo.
En este contexto emocional y social, uno de
los ámbitos que también se vio afectado por la
pandemia fue el educativo, en todos sus niveles y
modalidades, donde el docente como el estudiante,
fueron llevados a abandonar las aulas, pasando de
una educación presencial a una virtual, aunque, esta
última; ya se venía trabajando, pero no con la
intensidad con la que se desarrolló durante la etapa
crucial de la pandemia decretadas por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) (2020)
como una emergencia de salud pública de
preocupación internacional el 30 de enero de 2020,
esto significaba que se había extendido a diversos
países del mundo, afectando la vida cotidiana de las
instituciones educativas, que cerraron sus puertas
para darle mayor significado a la educación virtual.
En este contexto, Según la OMS (ob.cit), el
cierre masivo de las actividades educativas de
manera presencial, se desarrolló en más de ciento
noventa (190) países del mundo, para evitar que el
virus se propagase, con el propósito de disminuir
los riesgos de contagio, es decir, para mitigar su
impacto en la población mundial que fue mermada
por la muerte de miles de personas a causa del
COVID-19. En este sentido, la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO) (2020), reseñó que más de mil
doscientos (1.200) millones de estudiantes, en todo
el planeta, dejaron de tener clases presenciales, en
sus diferentes centros educativos. De este número
más de ciento sesenta (160) millones
correspondieron a países de América Latina y del
Caribe, ocasionando el incremento del deterioro
social y educacional, no solo a nivel educativo, sino
también de salud que ya venían presentando estos
países.
De acuerdo con esto, la Comisión Económica
para América Latina y del Caribe (CEPAL) (2020),
señaló que incluso antes de enfrentar la pandemia,
ya existía un deterioro en la situación social en las
regiones, todo esto, representado en el incremento
de la pobreza extrema, desigualdades y por un
creciente descontento social. Aumentando, de esta
manera la crisis educativa, pero también la
económica y política, que presentan estas regiones,
con efectos negativos en la salud, educación,
empleo, y el incremento de la pobreza extrema.
Aspectos que la UNESCO (ob.cit), identificó como
“grandes brechas en los resultados educativos”
(p.2), es decir, un quebrantamiento de la educación,