Tipo de Publicación: Ensayo
Recibido: 01/06/2022
Aceptado: 30/06/2022
Autor: Victoria Jiménez de Najul
Ingeniero Agrónomo
Magister en Gerencia Agraria
Doctora en Ciencias Gerenciales
Postdoctorado Filosofía e Investigación
Docente de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA)
Lara - Venezuela
https://orcid.org/0000-0002-3337-5437
E-mail: victoria.jimenez@ucla.edu.ve
Reflexiones sobre EL CONOCIMIENTO EN LA TRANSMODERNIDAD
Resumen
Se configuran estas reflexiones con la intención de sumar a la comprensión de la transmodernidad, paradigma configurado por la globalización y la virtualidad. Para desde allí, hacer algunas distinciones sobre el conocimiento en sus aspectos ontológicos, epistemológicos. El apoyo teórico viene de la mano de Rosa María Magda (2017) y Byung-Chul Han (2014), filósofos contemporáneos dedicados a pensar sobre el espíritu de los tiempos que corren, donde se gesta el nacimiento de una realidad que requiere ser comprendida. De allí, el interés en la naturaleza de la realidad y cómo se genera el conocimiento. Entre las reflexiones finales destaca el sugerir como alternativa para la investigación en nuestro contexto, el investigar críticamente lo que implica, sumirse en hacer ciencia orientada a la crítica, con interés cognitivo emancipatorio de limitaciones, dependencias e ideologías ajenas a los intereses colectivos. Además, se requiere de un hacer científico, metódico, transdisciplinar, pragmático, co-construido, alternativo que represente efectividad en la dinámica del mundo erigido nuestro, el hacer colectivo, tangible y/o virtual.
Palabras Clave: Transmodernidad, conocimiento, investigación.
REFLECTIONS ON KNOWLEDGE IN TRANSMODERNITY
Abstract
These reflections are configured with the intention of adding to the understanding of transmodernity, a paradigm configured by globalization and virtuality. From there, make some distinctions about knowledge in its ontological, epistemological aspects. Theoretical support comes from the hand of Rosa María Magda (2017) and Byung-Chul Han (2014), contemporary philosophers dedicated to thinking about the spirit of the times, where the birth of a reality that needs to be understood is gestated. Hence, the interest in the nature of reality and how knowledge is generated. Among the final reflections, the suggestion stands out as an alternative for research in our context, critically investigating what it implies, immersing oneself in doing critically oriented science, with emancipatory cognitive interest from limitations, dependencies and ideologies alien to collective interests. In addition, a scientific, methodical, transdisciplinary, pragmatic, co-constructed, alternative way of doing is required that represents effectiveness in the dynamics of our constructed world, the collective, tangible and/or virtual way of doing things.
Keywords: Transmodernity, knowledge, research.
La intencionalidad que mueve estas reflexiones se orienta a la comprensión de la transmodernidad, paradigma configurado por la globalización y la virtualidad. Además, un escenario mundial signado por la pandemia Covid-19, virtualidad creciente, economía mundial fracturada, pobreza, terrorismo, geopolítica en constante tensión, guerras, destrucción de la naturaleza, caos e incertidumbre. Estas son algunas de las circunstancias que configuran los tiempos que corren. Desde allí, pretendo generar algunas distinciones sobre el conocimiento en sus aspectos ontológicos, epistemológicos y metodológicos.
La transmodernidad, es la coexistencia, de viejas y nuevas realidades que requieren, nuevas miradas, con el apoyo del pensar y reflexionar continuo; para comprender, los tiempos y la cambiante configuración de la realidad desde la particularidad del contexto. Así, permitir, la emergencia co-construida de esta, dada su hipercomplejidad producto del entramado de conexiones, interconexiones, dependencias e interdependencias crecientes.
Es decir, buscar en ese conjunto de relaciones que definen nuestro tiempo, para comenzar a ver con nuevos lentes, lo reciente, lo viejo, lo solapado, lo profundamente oculto, lo redimensionado.
Implica, reconocer que estamos en una nueva configuración de la realidad que recoge el espíritu del tiempo y representa, una nueva episteme. Entendemos que estamos en ella, cuando los referentes teóricos pierden la posibilidad de dar pistas sobre la dinámica social, el conocimiento queda expuesto en sus dimensiones: ontológica, epistemológica. Sin olvidar, que el conocer no está separado del ser al estar ambos subsumidos en la episteme.
Eventos como este han quedado registrado en la historia, ellos muestran configuraciones de las dimensiones de la realidad social, tales como el poder, la política, la religión, la economía, el arte, gravitaron y se reconfiguraron en torno al pensamiento que generó un razonar condicionante del ser y convivir. En esta relación el pensamiento produce el ser y el convivir, pero en el ser y el convivir transforman el pensamiento. Entonces el pensar, el ser y hacer establecen relaciones de reciprocidad que gatillan cambios y transformaciones.
Un ejemplo de estos cambios lo podemos observar en el discurrir temporal entre el medioevo, la modernidad, postmodernidad y transmodernidad. El medioevo muestra una Europa bajo el poder de la iglesia cimentado en la máxima: Dios es la medida de todas las cosas. Al ser desplazada esta máxima y aparecer el humanismo, la ciencia y el conocimiento por el discernimiento forjado desde la razón, nace la modernidad.
Caracterizada, además por el idealismo, el pensar metafísico, la ciencia cimentada en la experimentación, el eurocentrismo, la exclusión de la mujer y de todo lo diferente al europeo. Estos son algunos aspectos fundantes del paradigma de la modernidad. Al nacer movimientos, dirigidos desde el razonar crítico con la sospecha puesta en el statu quo o estados de cosas que prevalecían, se inicia la gestación de un nuevo paradigma, el de la postmodernidad de la que tanto se habló como paradigma definitorio de nuestro tiempo, durante las décadas de los 70, 80 y 90 del siglo pasado.
Transmodernidad: globalización y virtualidad
Desde las décadas mencionadas hasta hoy, algo estuvo presente y es la turbulencia que generaban los constantes cambios sociales, científicos y tecnológicos de los últimos 30 años. Los acelerados y continuos cambios tecnológicos y comunicacionales nos ubican en una franja de la historia que será recordada como hibrida, mestiza, plural, eclética, hasta que florezca y se independice, la razón hegemónica que la direccionará. Esta franja de la historia, Rodríguez (1997) la denomina modelo Frankenstein con esta metáfora busca hacer alusión a dos tendencias que coexisten. La primera, “la pervivencia de los restos cadavéricos de nuestro pasado: teorías, estéticas, religiones que retornan en una contemporaneidad convulsa, que no compone sin más un mosaico de datación diversa, sino que lo integra en un dinamismo redivivo y mutante” (párr. 3).
Esta situación nos lleva a considerar lo viejo y lo nuevo. Así, hibridamos la investigación con posturas ontológica y epistemológicamente encontradas pero que hacen una unidad viva. En otros campos del saber, topamos con el eclecticismo y el sincretismo. La otra tendencia nos dice la autora tiene que ver con “plasmar la presencia y el horror de lo monstruoso en los límites de nuestra conciencia y nuestra geografía: el extranjero, el fanático, el violento, el marginal, las minorías diferentes y la diferencia en suma” (párr.3). A mi entender, la negación del otro y el debilitamiento del nosotros por el miedo a lo diferente que tiende a agravarse ante las amenazas reales o figuradas.
Entonces, la coexistencia de aspectos propios de la modernidad, postmodernidad y una nueva tendencia que evoluciona rápidamente constituye la transmodernidad. Término acuñado por Rosa Rodríguez Magda en el año 1989 con el que la autora demarca lo que, según ella “constituye un verdadero cambio de paradigma que puede alumbrar las relaciones gnoseológicas, sociológicas, éticas y estéticas de nuestro presente” (2011, p.1).
Ubicarnos en ella, implica comenzar a definir un fenómeno gestado al inicio de la modernidad, pero cristalizado y palpable desde hacer algo más de tres décadas, tal como lo conocemos; la globalización. Casi todos los documentos que percibimos, sean trabajos de investigación, libros, artículos hacen alusión a esta al justificar su ser como investigaciones, reflexiones, y/o críticas en muchos campos del saber y hacer.
Continuando con Rodríguez (2017) la globalización tiene sus cimientos en la internacionalización y la virtualidad. La primera está relacionada con la internacionalización de la economía, de las finanzas, el robustecimiento tenso de la geopolítica, la segunda con la construcción de una gran plataforma comunicacional que nos organiza en red. Todos los ámbitos de la sociedad buscan su acomodo en ellas. Constituye el soporte de la virtualidad. Esta última, filosóficamente definida como una simulourgia o metafísica de la simulación, una fenomenología de la ausencia. En otros términos, es el desplazamiento, intercambio, y presencia sin masa sólo información. Es un intercambio de bites en el basto ciberespacio.
Así, la teoría del conocimiento se redimensiona al ocuparse de cómo se generan los simulacros que se dan como verdaderos. Es el recurrir a lo “trans” como presente proyectado por saber que en un instante hay trasformaciones, al cambiar las condiciones iniciales de intercambio de información en la realidad simulada con correspondencia íntima o no, en el plano de lo concreto.
El mundo “tras” marca el fin de la postmodernidad que sostenía la no existencia de grandes relatos o el fin de la historia, esta premisa queda sin sentido frente al relato de la globalización que se caracteriza por ser abarcador, imponer pautas en el ámbito de lo relacional humano como la política, el poder y el consumo.
En cuanto a lo cultural todo está en todo, en riesgo ante el dominio vacuo de la masa digital que no razona desde objetivos comunes sino al predominio del mantener un perfil una identidad de la que no sabemos cuan simulada es. Al respecto Han (2014, p.22) sostiene, “vivimos en una transición crítica, de la cual parece ser responsable otra transformación radical: la revolución digital”. A la masa digital en el ciberespacio el filósofo la denomina, enjambre digital, formado por individuos aislados pero conectados su estructura con respecto a las masas tradicionales es diferente.
En la masa tradicional los individuos que la integran (Homo electronicus) son anónimos, mantiene su identidad privada. El hombre del enjambre (Homo digitalis) es anónimo, pero tiene un perfil y trabaja para mejorarlo, reclama atención, es un alguien anónimo, pero no nadie. A este, le falta la intimidad de la congregación con un objetivo común. La conexión es a la red, no a los otros del enjambre. Se sabe con vida finita y es en la mayoría de los casos totalmente acríticos con respecto a las relaciones de poder, sus objetivos son particularidades lo que las hace políticamente débiles.
En el enjambre, lo digital es presencia, es ya, ahora, por ser su emisión y consumo en el presente inmediato. No hay intermediarios ya que se consideran ineficientes. Hoy “no somos meros receptores y consumidores pasivos de informaciones, sino emisores y productores activos. Ya no nos basta consumir informaciones pasivamente, sino que queremos producirlas y comunicarlas de manera activa. Somos consumidores y productores a la vez” (Han, Ob. Cit. p.27). Esto lleva a la desmesurada producción de información. Cientos de ventas abiertas pero la misma pasividad. Vivimos en un mundo con ventanas y puertas virtuales en el interminable y reticular laberinto del mundo de la comunicación digital.
La especulación y la desinformación es el estigma que merma la confianza y promueve el desencanto. Asistimos al reciclaje de información, en algunos casos, exigimos la veracidad de la fuente ante la interminable difusión de noticias y opiniones falsas. De alguna manera hemos aprendido algunos modales dentro del mundo digital. Pero esto solo en reducidos espacios. La jungla sigue allí, llena de criaturas ciegas, sordas y mudas que solo siente que son en medio de este mundo, que los hace personajes vacuos, sin profundidad psicológica, solo caretas.
En definitiva y como nos dice Rodríguez (Ob. Cit.) la globalización trastoca las relaciones sociales y la noción de conocimiento. Esto ha dado paso a lo que la filosofía llama, un giro lingüístico. Debido a que la relación, ya no es entre las cosas y los signos, sino entre los significantes, es decir, entre signo y signo, que lleva a la hiperrealidad, la aumentada y las que son reales, aunque no existen. El mundo virtual visto así, configura una cosmovisión diferente cimentada sobre una nueva razón, la razón virtual. Aunado a ello, una metafísica de los seres reales y los virtuales, es decir una ciberontología, donde el criterio de verdad incluye el simulacro. El relato que deriva de esta realidad no es sistemático, es caótico, complejo e incierto. Para aproximarse a él, es decir, la realidad que alberga y busca ser revelada se recurre como ya mencioné a lo “trans” como redimensionador de categorías y conceptos. Lo “trans” que denota cambios y transformaciones aceleradas y sostenidas.
El conocimiento en la Transmodernidad
Es así, como la trandisciplinariedad, la transcomplejidad, el transhumanismo, entre otros, constituyen nuevos campos del hacer del investigador social con particulares enfoques onto-epistemológicos. En la investigación, lo “trans” es un determinante para el hacer. Es ir más allá, del para qué, los conceptos fueron creados. Esto da ubicación y perspectiva, que permite configurar argumentos en pos de la comprensión en el contexto actual, signado por la transformación de la figura clásica del conocimiento como lo es el binomio, sujeto-objeto, ubicado en el mundo de la globalización y la virtualidad como condicionantes de la transmodernidad.
El sujeto y objeto son reales, virtuales o ambos. Es así, que al teorizar las unidades conceptuales que emergen para la construcción del todo constituyen representaciones hechas por el investigador desde el compartir de discurso contextualizados, es decir, son concreciones pragmáticas. Dónde, los saberes comportan lo real y lo virtual. En el entramado relacional concreto lo virtual abre espacios donde el investigador y lo investigado tienen el sello de la globalización. Investigamos a un sujeto real reinventado en lo virtual que le imponen valores que traspala del mundo virtual al real, y del real al virtual, sin una frontera ubicable.
El investigador hacer frente a otra dualidad, realidad-teoría. En la Transmodernidad la realidad se cimienta en lo real y lo virtual sin límites definidos. Hay una co-producción de realidad y teoría, y en la realidad, una co-producción de lo real y lo virtual. El entramado relacional se hipercomplejiza, los límites de la realidad son difusos y esta crece plegada hacia su núcleo, sensible a los cambios en sus condiciones, situación que me hace pensar en el efecto mariposa y en las teorías del caos como vías para comprender el comportamiento integral en términos físicos y sociales. Además, la realidad se puede ubicar en el plano de una recursividad autorregulada. Esta situación, se pone frente al investigador recordándole sus límites perceptuales y cognitivos.
La realidad en la transmodernidad enfatiza en un conocimiento que derive de ella y que más que nuca obedece a significados producto del ordenar, contrastar, destacar, interpretar del investigador dado que la realidad es mutante, sea real y/o simulada. El dialogo que establece el investigador no es con ella, es con su propio eco. Los resultados y el proceso lograrán validez intersubjetiva, dependiendo de los interlocutores o pares en academias y centros de investigación.
Otro aspecto a considerar, es la complementariedad de los saberes. Se hacen palpables, las disciplinas como dominios específicos del saber. Los tiempos que corren, les exige pensarse a sí mismas, pero también, pensarse en los contextos, campos de su acción. Los bemoles de obrar apuntando hacia lo disciplinar según Morín (2008) lleva a la hiperespecialización del investigador y la cosificación de lo estudiado. Este enquistamiento representa un retraso por excluyente. La realidad en la transmodernidad constituye la representación sabida de la confluencia de saberes que deben abrirse a otras disciplinas. Continuando con Morín (Ob. Cit.), algunas concepciones científicas que no se han negado a permanecer cerradas a investigadores de otros campos mantienen su vitalidad. Llevándolos a esquemas cognitivos reorganizados, la base sobre la cual, la ciencia puede crecer al aportar acertados elementos para la comprensión y transformación de la realidad.
Esto representa la democratización del saber, que aparte del quedarse cortos al no alinearse con otros investigadores, el riesgo es a aislarse, al no representar los intereses de la comunidad a la que pertenecen y a la aldea global que reclama su inserción en las redes, como organizadoras y soporte que garantiza su visibilidad en lo local y más allá de este.
Conocimiento que no se comparte, no es conocimiento, es así, como la transdisciplinariedad, es una necesidad fáctica. Con la intención de ampliar lo dicho, recurro a Rodríguez (2020) quien con respecto a la transdiciplinariedad sostiene “Queremos dejar establecido y clarificado que el barrido filosófico, epistemológico de la indagación disciplinaria no es posible” (p.6). Ello, dado que implica la negación de la trasdiciplinariedad que solo es posible desde lo disciplinar. Es decir, cada disciplina debe fortalecer lo que es, para poder aportar desde su campo posibilidades de conocer lo que se estudia. En la realidad, difícilmente encontramos problemas por bloques de conocimiento.
En el mismo orden de ideas, generar conocimiento en la transmodernidad desde la realidad latinoamericana, particularmente la venezolana, exige respuesta a dos realidades relacionadas dependientes y co-dependientes; lo virtual y lo real. Más aún, hoy, que sabemos con certeza que aparte del mundo virtual, que requiere conexión, la pandemia del Covid-19 nos recuerda la otra conexión y es a la dimensión biológica de nuestro ser que nos confinó y exige distanciamiento.
Por ello, el mundo virtual y la necesidad de darle curso en todo el hacer no ha empujado al consumo de más virtualidad, al desarrollo y profundización de nuestras vidas en el ciberespacio. Estamos al filo de más cambio donde no podemos perder de vista al pensar críticamente, al contrario, hacer ejercicio consiente y pleno de esta forma de pensar, dado que es acción inmediata y efectiva.
Consideraciones Finales
A manera de cierre, en coordinación con todo lo dicho, junto a mi convicción y comprometida con un hacer científico orientado a los cambios necesarios, sentidos y reales. Como alternativa para la investigación en nuestro contexto sugiero el investigar críticamente que implica, sumirse en hacer ciencia orientada al análisis, con interés cognitivo emancipatorio de limitaciones, dependencias e ideologías ajenas a los intereses colectivos. La reflexión y la co-reflexión, es el camino para la validez intersubjetiva. Rompiendo así, a las posturas axiológicas y cognitivas dominantes y de la razón instrumental.
De allí, que el conocimiento alternativo emanado del pensamiento crítico tiene como meta la construcción de conocimiento humanizado, sin la sombra de la cosificación de lo real. Junto a una simetría generada por el binomio investigación y acción como vía para transformar. Considera la unidad y la pluralidad, como unidad plural, donde no se niega una, ni la otra. Es decir, no pretende ser universal ni radicalmente plural.
Otro apoyo, en este hacer viene dado por la razón transversal como forma de entender la razón, que respeta la unidad y la pluralidad potencializadas al exponer la complejidad relacional de la realidad que se quiere conocer, y que constituye una red pluridimensional y plurinodal constituida por diferentes complejos en relación transitiva. Sin olvidar lo metodológico, que remite a la elaboración conceptual lógica de lo real, sincronizado con una visión ontológica y epistemológica.
La acción dentro del recorrido metodológico que ofrece mayor desafío para el investigador es la construcción de estrategias de cambios factibles de ser ejecutadas. Elaboradas en el marco de un hacer científico, metódico, transdisciplinar, pragmático, co-contruido, alternativo que represente efectividad en la dinámica de un mundo construido por nuestro hacer colectivo, tangible y/o virtual, pero sumando siempre, al bien común como norte del pensar, ser y actuar.
Referencias
Han Byung-Chul (2014). En el Enjambre. 1ra edición digital. Editorial Herder. Madrid, España.
Morín, E. (2008). Con la cabeza bien puesta. Ediciones Nueva Visón. Buenos Aires Argentina.
Rodríguez, M (2020). La investigación transdisciplinar crítica: Un transmétodo rizomático en la Transmodernidad. Perspectivas Metodológicas Vol. 21, / Año 2020, e3165/. [Documento en línea]. Disponible: http://revistas.unla.edu.ar/epistemologia/article/view/3226
Rodríguez, M. (2017). [UCundinamarca]. (2020, 08,10). Conversatorio Translocalidad. [Documento en línea]. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=Mnu0SjL4H9g
Rodríguez, R (2011). Transmodernidad: un nuevo paradigma. Open Access Publications from the Universito of California. [Documento en línea]. Disponible: https://escholarship.org/uc/item/57c8s9gr
Rodríguez, R (1997). El Modelo Frankenstein (de la diferencia a la cultura post). En Rosa María Rodríguez Magda (2009) Blog Personal Sobre Cuestiones Filosóficas y Literarias [Documento en línea]. Disponible: http://rodriguezmagda.blogspot.com/2009/01/el-modelo-frankenstein-de-la-diferencia.html