Tipo de Publicación: Artículo Científico
Recibido: 22/04/2022
Aceptado: 17/06/2022
Autor: Cruz Enrique Díaz Aguilar
Profesor de Física
Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Caracas – Venezuela
Universidad de Las Américas - Campus Providencia: Santiago
Santiago de Chile - Chile
https://orcid.org/0000-0001-6216-6928
E-mail: cruzediaz@gmail.com
Autor: Alfredo Jiménez Eguizábal
Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación
Catedrático Departamento de Ciencias de la Educación
Facultad de Educación
Universidad de Burgos
España
https://orcid.org/0000-0001-8887-2652
REPRESENTACIONES E IMAGINARIOS SOCIALES EN EL PROCESO MIGRATORIO
Resumen
El migrante experimenta constantemente procesos de construcción de sentido compartido donde surgen figuras simbólicas, memorias colectivas, andamiaje y anclaje de pensamientos; generando, redibujando y transformando lo que se conoce como imaginario y representaciones sociales. Además, la migración es un fenómeno que responde a la necesidad humana, como el trabajo, la seguridad social, crecimiento personal, entre otras. A veces responde a necesidades de emergencia. La migración es la escapatoria de una suerte que parece todavía peor. Este fenómeno genera diversos planteamientos que dan lugar a debates académicos, donde inquieta ¿cómo cambian las representaciones y los imaginarios instituidos de los migrantes? O ¿Cómo surgen nuevas representaciones e imaginarios en los inmigrantes? ¿Cómo se contrastan las representaciones y los imaginarios? Para profundizar sobre estas inquietudes se realizó un estudio documental con el propósito de profundizar en el conocimiento sobre representaciones e imaginarios sociales en el proceso migratorio. Para ello, hubo la necesidad de realizar una revisión a los planteamientos sobre representaciones de Moscovici (2000), Jodelet (1992), Hall (1985); a los planteamientos sobre imaginarios de Durkheim (1968), Castoriadis (2003), Durand (1994), Maffesoli (1993) y los planteamientos sobre el proceso migratorio de Gómez (2010) y Arango (2003). Finalmente, se comprenden a los imaginarios y representaciones como herramientas teóricas útiles para cuestionar el orden social y lo que se asume como establecido, repintando las creencias socialmente compartidas. También, los imaginarios y las representaciones, permiten rastrear formas y mecanismos a partir de los cuales ciertas significaciones devienen hegemónicas y cómo se despliega la dinámica en torno a las disputas, conflictos, acuerdos y emergencia de sentidos, acciones, subjetividades y materializaciones en relación a diversos fenómenos sociales como por ejemplo el proceso migratorio.
Palabras clave: Representaciones, imaginarios, proceso migratorio
REPRESENTATIONS AND SOCIAL IMAGINARIES IN THE MIGRATION PROCESS
Abstract
The migrant constantly experiences processes of construction of shared meaning where symbolic figures, collective memories, scaffolding and anchoring of thoughts arise; generating, redrawing and transforming what is known as imaginary and social representations. In addition, migration is a phenomenon that responds to human need, such as work, social security, personal growth, among others. Sometimes responds to emergency needs. Migration is the escape from a fate that seems even worse. This phenomenon generates various approaches that give rise to academic debates, where it is of concern how do the representations and the instituted imaginaries of migrants’ change? Or how do new representations and imaginaries arise in immigrants? How are representations and imaginaries contrasted? To delve into these concerns, a documentary study was carried out with the purpose of deepening the knowledge about representations and social imaginaries in the migratory process. For this, there was a need to review the approaches on representations of Moscovici (2000), Jodelet (1992), Hall (1985); to the ideas about imaginaries of Durkheim (1968), Castoriadis (2003), Durand (1994), Maffesoli (1993) and the ideas about the migratory process of Gómez (2010) and Arango (2003). Finally, imaginaries and representations are understood as useful theoretical tools to question the social order and what is assumed to be established, repainting socially shared beliefs. Also, imaginaries and representations allow tracing forms and mechanisms from which certain meanings become hegemonic and how the dynamic unfolds around disputes, conflicts, agreements and the emergence of meanings, actions, subjectivities and materializations in relation to various social phenomena such as the migratory process.
Keywords: Representations, imaginaries, migratory process
El presente artículo versa sobre un tema de dolorosa actualidad: la migración como fenómeno de la historia inmediata que, con sus manifestaciones empíricas de gruesos números de grupos poblacionales provenientes de países con economías deprimidas y habitantes de regiones afectadas por conflictos sociopolíticos y militares, hacen parte de lo que organismos de las Naciones Unidas (2019) suelen denominar “Migraciones Internacionales”, ya que realizan desplazamientos entre fronteras de países vecinos o de terceros, una vez logrado el paso de los segundos, cruzando tierras y mares en condiciones harto precarias; con esperanzas y dudas sobre su destino personal y familiar los migrantes se aferran a ciertas “construcciones de sentido” o “formas arquetípicas” atinentes a cuestiones simbólicas e idealizaciones acerca de que la emigración constituye una opción válida con fines de elevar las condiciones de vida.
Las nociones “Representaciones” e “Imaginarios Sociales” relativo a los procesos migratorios, asunto central en el presente artículo, remite a ciertas unidades de acción al interior de los actores sociales: su conciencia individual o dimensión psicológica, temores y esperanzas. Así como al interior de los movimientos sociales mismos, a partir de núcleos primarios: los ciudadanos como tales, las familias y las organizaciones autónomas de migrantes, por mínimas que éstas sean con fines operativos. Por ejemplo, distribuir tareas, proveer alimentos, hacer trámites legales; que realizan con otras organizaciones asistenciales que, a veces, dependen de congregaciones religiosas como las Vicarías para migrantes y refugiados de la Compañía de Jesús o Jesuitas, organismos multilaterales de las Naciones Unidas; como fuere, las migraciones son un indicador de las asimetrías en el actual “Sistema-Mundo” contemporáneo (Wallerstein, 2005).
Las migraciones han aumentado en las últimas décadas y de tal manera que hasta parecen poner en jaque el estado actual del “Estado de Bienestar” europeo y altera la geopolítica, sobre todo en el marco de las inicuas estructuras objetivas de la economía y la política a escala global o las subjetivas que se mueven en la mente de las personas: expectativas, ideologías, valores y modelos culturales locales, regionales-continentales que se ven confrontadas. Esto es, las construcciones simbólicas que se vinculan a elementos psicológicos discurren entre pares antagónicos de: motivaciones, esperanzas, ilusiones y decepciones.
Al respecto, una pléyade de autores de diversas disciplinas de las ciencias humanas y sociales, comenzando por la Sociología, Historia, Psicología Social, Antropología, Cultura, Etnografía y otras ciencias coordenadas coadyuvan a la descripción y comprensión de fenómenos como el que aquí ocupa, pero ya desde una perspectiva que corresponde a la orto praxis de los imaginarios y representaciones sociales; esto es, las creencias socialmente compartidas, los significados que devienen hegemónicos en contextos contemporáneos y actuales marcados por la movilidad poblacional, que generalmente tiene lugar desde zonas planetarias o continentales del sur global poco desarrolladas en todos los planos de la vida hacia aquellas de mayores posibilidades, representadas generalmente en países del norte desarrollados, o concretamente Europa.
En las comunidades antedichas parece que circula una miríada de lógicas de sentido, imágenes, prácticas sociales que denotan modos de vida reñidos con las condiciones mínimas de existencia dignas y se opta por otras más cónsonas con la modernidad, es decir: aquellas costumbres, autoridad y tradición que representan un modo de vida cuya conducta establece criterios o hábitos sociales que se consideran esenciales para el bienestar humano; porque también puede ser, de acuerdo con Carrillo (2015) la “Forma variable que puede recibir un ser sin que por ello se cambie o destruya su esencia” (p. 236); ergo, el ser humano tiene una esencia común, extensible a todo el universo y si bien recibe determinaciones del contexto geo histórico, ello no hace que modifique su esencia física, psicológica y mental, cuya condición es inalienable, lo que supone derechos y deberes universales; de donde se tiene que las representaciones e imaginarios sobre los procesos de emigraciones tiene como tronco común el asunto de la dignidad humana, por lo que gobiernos y otras entidades tendrían el deber común de respetar tal condición, sin importar el origen social y/o geográfico de ese congénere o que intermedien otros intereses de tipo económico o geopolítico.
Metodología
Los autores que discurren sobre la noción de las representaciones e imaginarios sociales, como Castoriadis, destacan que las instituciones del Estado-Nación encarnan tales nociones sinónimas de mentalidad, cosmovisión, conciencia colectiva e ideología; tienen la función de ser parte del control social informal porque son sistema de creencias que denotan cohesión y controlan formas de ser y actuar, transmiten mensajes y constituyen recursos argumentativos.
Desde ese panorama, la metodología que se ha seguido es de tipo documental sobre un tema teórico, lo que implica recurrir, de acuerdo con Martínez-Miguelez (1996) “…a la tradición conceptual propia de las ciencias humanas, especialmente la psicología, la sociología y la educación” (p. 240); que construyen una imagen del ser humano en relación al contexto sociocultural en que actúa y es influenciado por este conjunto de acciones e interacciones mutuamente influyentes en las llamadas estructuras dadas de la economía y la política o las llamadas también estructuras objetivas, ya que la realidad social no es un agregado de elementos, sino un conjunto de dinámicas internas y externas, un sistema con entradas y salidas en un entorno con sus límites y componentes, como un todo integrado; que, a su vez, también comprende “… un sistema neuropsíquico o, si se quiere, como un sistema de sistemas” (Martínez-Miguelez, Ob. Cit. p. 81).
Con esto se tiene que el estudio de los imaginarios y representaciones en el proceso migratorio está especialmente vinculado a ciertos aspectos psicológicos que se expresan en conductas y “actos de habla” específicos, ya se trata de caracterizar las representaciones de cosas y situaciones de la realidad que puede ser concebida a través de figuras, formar de pensamiento y hasta sospechas atinentes al comportamiento individual y colectivo, ya que esas imaginerías vienen a ser socialmente compartidas; de donde se tiene que el adjetivo imaginario alude a algo que existe en la entelequia de individuos y grupos sociales, como las esferas sin cuerpo ni lugar ni vacío de Aristóteles (1995), sino que se refiere a la facultad de imaginar, simplemente, a modo de un constructo operativo que motiva ejecutar determinadas acciones.
Algunas Consideraciones Teóricas
Las representaciones sociales
Las representaciones sociales han sido motivo de amplia discusión en cuanto a las dimensiones que abarca, sin embargo, existe consenso en su sentido de inclusión de todo aquello interpretado y pensado por el ser humano sobre su realidad cotidiana. Para Moscovici (2000) describe a las representaciones sociales como un conjunto de explicaciones y descripciones que de alguna manera se conectan entre sí. Da a entender cierto carácter identitario de la representación.
Es decir, que en el proceso migratorio, la información que se tiene sobre las condiciones de vida que acontecen en el nuevo destino proviene de la comunicación que se establece con compañeros de trabajo o amigos y de las propias experiencias de vida en los distintos lugares que quien ha migrado ha conocido. De acuerdo con Moscovici (Ob. Cit.), se refiere a la función de saber de la representación social posible, durante el proceso de construcción de la representación los migrantes suelen hacer comparaciones entre su nuevo mundo y sus lugares de origen, lo cual los sitúa en el campo social creándoles una identidad de acuerdo con los valores históricamente determinados, es decir la función identitaria de la representación (Moscovici, Ob. Cit.).
Así mismo, Jodelet (1992) resalta que las representaciones se conforman a partir de un núcleo figurativo que define como una estructura de imagen que reproducirá visiblemente estructuras conceptuales. Es decir. Según Jodelet (Ob. Cit.), los migrantes reciben información de la cotidianidad, construyendo conocimiento espontaneo, natural, común, característico de las representaciones sociales.
Así que, Moscovici (Ob. Cit.) y Jodelet (Ob. Cit.) coinciden que las representaciones sociales son modalidades particulares del conocimiento, la cual tiene como función elaborar comportamientos y comunicación entre seres humanos. Es el conocimiento de sentido común que atina a comunicar, estar actualizado acoplándose a la dinámica social, originándose en la reciprocidad de comunicaciones del grupo social.
A partir de allí, Moscovici (Ob. Cit.) plantea tres formas para que se origine información acerca de una representación social:
1.-La información que se tiene nunca es suficiente y generalmente es desorganizada.
2.-Un individuo o un grupo se focalizan porque se implican en la interacción social como sucesos que conmueven las opiniones. Generalmente, la focalización será diversa y excluyente.
3.-Dentro de la sociedad se proporciona una presión que requiere opiniones, tendencias y acciones acerca de los acontecimientos en que se focaliza el interés público. En la vida corriente, las circunstancias y las relaciones sociales exigen del individuo o del grupo social que sean capaces, en todo momento, de estar en situación de responder (p. 178).
Al unir estas formas hacen posible un esquema de las representaciones sociales. Donde Moscovici (Ob. Cit.) distingue dos procesos básicos: la objetivación y el anclaje, donde se evidencia como lo social puede transformar una idea en representación y como está a su vez transforma lo social.
Estos elementos atinan a la elaboración y el funcionamiento de la representación social, exponiendo la dependencia entre las condiciones sociales y lo sicológico. Para Jodelet (Ob. Cit.) la objetivación es el proceso de transformación de conceptos abstractos en experiencias concretas. La objetivación permite que lo invisible se torne en perceptible. Esto es posible dado que el discurso se estructura y objetiviza en un esquema de pensamiento, sintético, condensado, simple, concreto, formado con imágenes vividas y claras, es decir, lo abstracto se convierte en formas icónicas. Una imagen nuclear concentrada, con forma gráfica y coherente que captura la esencia del concepto, teoría o idea que se trate de objetivar. Además, la transformación de un concepto en imagen, significa que esta pierda su carácter simbólico convirtiéndose en una realidad con existencia autónoma.
Para Moscovici (Ob. Cit.) el proceso de anclaje permite incorporar lo extraño, lo que crea problemas, en una red de categorías y significaciones, por medio de dos modalidades: (a) Inserción del objeto de representación en un marco de referencia conocido y preexistente y (b) Instrumentalización social del objeto representado, es decir, inserción de las representaciones en la dinámica social, haciéndolas instrumentos útiles de comunicación y comprensión.
Las representaciones sociales son un proceso porque implican una forma particular de adquirir y comunicar conocimientos. Además, son un contenido porque brinda una forma particular de conocimiento, que constituye un universo de creencias en el que se distinguen tres dimensiones: (a) la actitud; (b) la información y (c) el campo de representación.
Para Moscovici (Ob. Cit.), conocer o establecer una representación social implica determinar: (a) qué se sabe (información); (b) qué se cree; (c) cómo se interpreta (campo de la representación) y (d) qué se hace o cómo se actúa (actitud). Este panorama de las representaciones sociales puede ser útil para reflexionar sobre el cambio social que se está gestando de manera silenciosa en el proceso migratorio experimentado por humanidad.
Por otro lado, Hall (1990) entiende las representaciones desde el uso de signos y símbolos, bajo la forma de sonidos, palabras escritas, imágenes producidas electrónicamente, notas musicales u objetos para considerar el significado de una palabra o imagen como verdadero.
Este autor plantea que las representaciones poseen una perspectiva constructivista determinada tanto por el lenguaje como por el discurso. Para Hall (Ob. Cit.) la representación constructivista forma parte de la significación. Hace estudios comparativos entre aspectos semióticos como el significado y el significante, la lengua y la palabra, y retoma la subjetividad en el campo de la representación.
En este sentido, Hall (Ob. Cit.) muestra las diferentes concepciones sobre el sujeto y la identidad en una línea histórica partiendo del sujeto de la ilustración para desembocar en la configuración del sujeto posmoderno. Estas inversiones conceptuales que analiza, posibilitan una interpretación más profunda del sentido que adquiere el cambio en la perspectiva del sujeto y la identidad, y a su vez, permiten visibilizar las marcas identitarias que provoca un contexto de creciente globalización que amalgama diferentes procesos y desarrollos teóricos en el campo de la cultura, ciencias sociales y humanas.
Hall (Ob. Cit.) propone pensar la identidad a partir del reconocimiento de diferentes fenómenos que se vienen gestando a nivel mundial, como por ejemplo el proceso migratorio que ha transformado a las sociedades modernas con implicaciones profundas en la producción identitaria y que han desembocado en lo que él denomina una situación general de “identity crisis” (p.11). Los individuos pierden a partir de esta crisis el anclaje que alguna vez tuvieron en torno a diferentes categorías que hoy se presentan como inestables. Pueden incluirse principalmente las ideas de sujeto, clase, género, sexualidad, nacionalidad, etnicidad, raza, cultura.
La dislocación del sujeto, la crisis del análisis clasista, la expansión de la idea de género, el trasvasamiento de la nacionalidad por configuraciones globales y los cambios en la dinámica estatal trascendida por otras lógicas hacen que esta crisis de identidad se presente a través de un desplazamiento doble “…que descentra a los individuos de su lugar en el mundo cultural y social, así como de sí mismos” (p. 364).
Imaginarios sociales
Para Pérez (2017) la noción de imaginario o más recientemente, imaginarios sociales ha sido ampliamente utilizada desde diversos enfoques y disciplinas a lo largo de la historia. Cada especialidad cuenta con sus propios desarrollos teóricos y metodológicos de lo imaginario. Así, desde la comunicación, filosofía, filología, historia, antropología, psicología, sociología, educación, entre otros campos de estudio, se ha empleado este concepto en tan diversos contextos y significados que, enumerados uno tras otro, podría decirse que se configuran, en ocasiones, como divergentes ya que las referencias de las que se emana son bien distintas, fruto de pensamientos heterogéneos.
El autor antes citado, plantea que tratar de comprender el proceso migratorio desde la perspectiva de la teoría de los imaginarios conlleva reconocer la acción práctica del ser humano (con otros y sobre sí mismo) en la dinámica de lo instituido y lo instituyente, como una dialéctica poética de la autocreación. Toda nuestra realidad humana es, esencialmente, social.
De manera similar, Durkheim (1968) integró en el concepto de conciencia colectiva la explicación de los fenómenos sociales de más alto nivel de abstracción, estableciendo la existencia de la sociedad en la medida que esta, se representa en las mentes de los individuos. El esfuerzo de elaboración teórica de este fenómeno por Durkheim (Ob. Cit.) dio el impulso al desarrollo de la idea de imaginario social en ciencias sociales y a la construcción de un cierto acervo de saber, consolidado en las dos últimas décadas por la conceptualización de la institución imaginaria de la sociedad elaborada por Castoriadis (2003).
Dentro de este contexto, Oliva (2017) plantea que al hacer una revisión crítica de la obra de Castoriadis (Ob. Cit.), se hace arduo el proceso de comprensión de qué es lo imaginario. Es impreciso; él se refiere no sólo a un espacio ideal, de ficción, a un ámbito mental, sino que también se refiere a la realidad efectiva social, a la acción, a la praxis social. Ello me invita a revisar la noción de lo imaginario y sus alcances para interpretar y comprender si lo imaginario refiere a la praxis social que elaboran los moradores de los pueblos mediante sus acciones (que alude a una ficción vivida por ellos) y no a un espacio ideal, de mera ficción o a un ámbito mental creado por un discurso oficial.
Desde sus primeras ideas sobre imaginario, Castoriadis (Ob. Cit.) explica que la palabra imaginario no es un reflejo o imagen de, tal como lo hace la concepción heredada de la ciencia. Al respecto afirma:
Lo imaginario no es a partir de la imagen en el espejo o en la mirada del otro. Más bien, el “espejo” mismo y su posibilidad, y el otro como espejo, son obras de lo imaginario…Los que hablan de “imaginario”, entendiendo por ello lo “especular”, el reflejo o lo “ficticio”, no hacen más que repetir, las más de las veces sin saberlo, la afirmación que les encadenó para siempre a un subsuelo cualquiera de la famosa caverna: es necesario que este mundo sea imagen de alguna cosa (p.12).
Posteriormente, Castoriadis (Ob. Cit.), plantea que el imaginario sería un magma de significaciones sociales que se sitúa en un espacio instituyente. Dicho de otro modo, el imaginario se emplaza en un plano colectivo y no individual, pues este último es el lugar propio de la imaginación.
Por ello, el autor citado en su conceptualización en el terreno de lo histórico social considera la noción de imaginario-social como producción de un conjunto de significaciones que se precipitan en cada situación. Se trata de significaciones en diversos órdenes tales como, económico, familiar, comunitario o nacional, que tienen aspectos cerrados en tensión con un continuo devenir.
Desde esta visión, Gómez (2010) plantea que en la vida de un sujeto migrante el cambio de radicación no deja de hacer mella en su imaginario social. Es más, apunta a un crucial desafío de adaptación crítica a la nueva realidad. Se trata, ni más ni menos, de un cambio de conjunto identitario. Una herida en su imaginario radical que lo fue constituyendo en el país de crianza y en las expresiones del imaginario colectivo de todo un acervo cultural. Devenires mucho más complejos que el propio acto de pasar de un país a otro.
Para Durand (1994) “…el imaginario es la poderosa facultad creadora inmanente al ser humano que permite simbolizar y es ese conector obligado por el cual se constituye toda representación humana” (p. 60). Esta facultad, que fluye incesantemente en el ser humano, se levanta con una potestad creadora irreductible que permite conjeturar y viajar más allá de los límites geográficos y culturales instituidos en una sociedad Maffesoli (1993).
La capacidad imaginativa del ser humano actúa como mediadora entre el sujeto y su entorno. Esta facultad no se considera como ambigua u oscura, ni como una mera fantasía. Así que Maffesoli (Ob. Cit.) indica que “No olvidemos, durante mucho tiempo, que así desde Malebranche se consideraba a la imaginación como la 'loca de la casa', es decir la que no permitía el buen funcionamiento de la razón” (p 78).
Desde este panorama Oliva (Ob. Cit.) plantea que toda comunidad, en un espacio y tiempo determinado, tiene sus imágenes con las cuales ofrece significaciones de la realidad. El discurso oral de los pueblos revela ese fenómeno y, al hacerlo, revela el sentido del hombre en su cotidianidad respecto a la manifestación racional y/o pasional que acompañan toda aventura humana.
En síntesis, Castoriadis (Ob. Cit.) concibe lo imaginario como un por hacer, por construir, el imaginario está allí, por organizar y moldear, es la realidad efectiva social y sólo los hombres con su potencia creadora, materializada en acciones, son los que darán forma a este campo: allí la praxis social genera las significaciones que darán sentido al hacer cotidiano.
Conclusiones
Los instrumentos teóricos que ofrecen los estudios sobre imaginarios sociales y representaciones constituyen amplios portafolios para atender la necesidad de abordar dimensiones de la realidad social, donde los grupos humanos interactúan según ciertas lógicas, racionalidades e involucran, además, aspectos vinculados al mundo simbólico o, propiamente enunciados con significados en el plano de las subjetividades en diversos órdenes del mundo de la vida: prácticas culturales, valores de identidad y pertenencia, memorias que recuperan las subcapas del pasado con nuevas significaciones en el presente. Ya que como señala Arango (2003): “los contornos de la realidad” referida a los procesos migratorios suelen estar enmarcadas en los modelos neoclásicos del llamado “equilibrios” estructurales-funcionales que se apoyan siempre en las nociones de la modernidad, lo cual supone alcanzar amplios consensos sociales y aumentar los desarrollos a lo interno de los estados nacionales, como una forma de atenuar las migraciones internacionales.
Los procesos migratorios abordados por los teóricos estudiados comprenden aspectos sobre expectativas en torno a salarios, condiciones y medio ambiente de trabajo, mejorar condiciones de vida, involucrados en el comportamiento humano, con movimientos no sujetas a mediciones cuantitativas solamente, sino que tienen atributos vinculados a motivaciones de orden subjetivo, concepciones y fines atribuidos a la vida.
Los aportes de todos los autores citados en este estudio exploratorio se pueden aplicar en estudios concretos, ello como un imperativo necesario en las claves de la razón práctica de la ética, la estética y la política como disciplina que aborda las mejores formas de gobernanza en el mundo contemporáneo cada vez más diversificado y fragmentado o de micro procesos disolventes, de fronteras cada vez más porosas, ello por los flujos e intercambios que se suscitan y que a veces constituyen zonas de sombra, con regiones donde no llegan las formas reguladas de control formal de los estados modernos, sino que se tornan espacios donde predomina el darwinismo social, la depredación del más fuerte sobre el débil, eso que en sociología es conocido como anomia social, conductas bizarras harto deleznables y cosificación de las personas y las relaciones sociales; develar todo ese mundo demanda de las nuevas formas de intervención social y humana.
El proceso migratorio, representaciones e imaginarios sociales poseen una gran relevancia social que contribuye a comprender los mecanismos de producción de sentido de una sociedad y, con ello, la clave para imaginar nuevos caminos, otras formas de hacer, pensar y desear que pueden conducir a transformar la dinámica cotidiana del ser humano.
Referencias
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