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INTELIGENCIA EMOCIONAL. UN COMPONENTE EN EL ESTILO DE PENSAMIENTO DE LOS
DOCENTES DE CIENCIAS DE LA SALUD
EMOTIONAL INTELLIGENCE, A COMPONENT OF THE THINKING STYLE OF SCIENCE
TEACHERS’ HEALTH
Resumen
Este ensayo argumentativo tiene como propósito comprender las vivencias
de los docentes de ciencias de la salud acerca de la inteligencia emocional
como componente del estilo de pensamiento, para lo cual se parte de la
realidad de los docentes que laboran en este contexto. Para su orientación
metodológica, se sigue un estudio cualitativo enmarcado en un estudio
descriptivo, en base a argumentación bibliográfica. La información
recolectada será dimensionada en cada uno de los elementos emergentes que
permitirían señalar a la inteligencia emocional como un constructo
bidimensional que se asume como un aspecto personal innato que se
desarrolla y fortalece a través de la interacción social, lo que conformaría
un componente del estilo de pensamiento que mediatiza por su carácter
afectivo, el control emocional, las habilidades para establecer relaciones
sociales y la empatía con elementos que permean el modo de comprender la
realidad, de interactuar con ella, .de interpretarla, por lo tanto, es más
preeminente como fundamento del estilo de pensamiento que las estrategias
de aprendizaje en el contexto académico por cuanto determina la
emocionalidad tanto del que se enseña como del que aprende,
condicionando su interacción académica.
Palabras Clave:
Inteligencia emocional, estilos de pensamiento,
docentes, Ciencias de la Salud.
Abstract
The objective of this argumentative essay is to understand the experiences
of health sciences teachers on emotional intelligence as a component of the
thinking style, for which it is based on the reality of teachers who work in
this context. Due to its methodological orientation, a qualitative study is fol-
lowed within a descriptive study, based on bibliographic argumentation.
The information collected will be sized in each of the emerging elements
that would identify emotional intelligence as a two-dimensional construct
that creates an innate personal aspect that is developed and strengthened
through social interaction, which would be part of the thinking style that
mediates. Through its affective nature, its emotional control, its abilities to
establish social relationships and its empathy with elements that permeate
the way of understanding reality, of interacting with it, of interpreting it, it
is therefore more preeminent as a foundation. of thinking style and learning
strategies in the academic context because it determines the emotionality of
both the teacher and the learner, conditioning their academic interaction.
Keywords:
Emotional intelligence, thinking styles, teachers, Health
Sciences.
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Revista Aula Virtual, ISSN: 2665-0398; Periodicidad: Continua
Volumen: 5, Número: 12, Año: 2024 (Continua -2024)
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1(25)
Introducción
En el contexto educativo actual la inteligencia
tal como se ha venido considerando tradicional-
mente ha dejado de tener predominancia, el cambio
en los modelos educativos y en las teorías que los
fundamentan han llevado desde esa tradición con-
ductista o cognitivista a una visión más humana más
centrada en aspectos sociales, personales que permi-
tan combinar las experiencias previas más las que se
facilitan en las aulas de clase en función de construir
el propio conocimiento.
Esta tendencia hacia la construcción del cono-
cimiento ha impregnado el desarrollo curricular en
los últimos treinta y cinco años por cuanto es en la
década de los ochenta según lo planteado por López
(2022) es cuando se comienza a hablar de aspectos
como la zona de desarrollo próximo, el andamiaje y
las experiencias previas como fundamento del pro-
ceso de aprendizaje, encontrándose así a un apren-
diz activo, participativo, que aporta su propia expe-
riencia para con apoyo y mediación del docente rea-
lizar su propia construcción tanto de la realidad
como de los contenidos que se facilitan en el entorno
académico.
Todo esto trajo como consecuencia, cambios
en el rol del docente el cual se ha transformado de
ese transmisor de información a un ser humanizado
facilitador y mediador de experiencias que tiene que
poner en juego para desarrollar su labor no sólo sus
conocimientos ni sus habilidades sino también sus
emociones, sus actitudes, su ser. Por tal motivo, y
desde esta perspectiva, Villalobos-Martínez et al.,
(2017) señalan que “el docente en la búsqueda de
ofrecer un aprendizaje significativo requiere de la
disposición del estudiante que posee la habilidad
para percibir, valorar y expresar emociones con
exactitud; la habilidad para acceder a sentimientos
que faciliten el pensamiento” (p. 20).
Al respecto, se plantea la necesidad de contar
con un docente que tenga un desarrollo integral en
todas sus dimensiones, las cuales según Casares
(2011) incluyen: el yo personal: relación con uno
mismo, capacidad de conocerse, aceptarse y amarse.
Es un compromiso con la propia unicidad y destino,
en este yo se generan las visiones positivas de
mismo y del mundo, se construye la forma de inter-
pretar la realidad, las respuestas a escoger, el destino
a elegir.
Tal desarrollo integral del docente se pondrá
al servicio del estudiante e implicará que él mismo,
en su propia formación pueda de acuerdo con Day
(2016) aprender a hacer, por cuanto el trabajo se ha
convertido en oportunidad de desarrollo y supera-
ción personal, es una fuente de supervivencia, segu-
ridad personal y autoestima. Saber hacer es dominar
con maestría un oficio, arte, profesión, habilidad y
continuar perfeccionándolos y enriqueciéndolos a la
par de los cambios que experimentamos continua-
mente. El autor precitado destaca que:
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El arma indispensable para conservar la
vida y la salud es el trabajo, es la opor-
tunidad de conseguir un lugar en la co-
munidad, estatus, la construcción de un
patrimonio económico que ofrezca me-
jores oportunidades de salud, educa-
ción, recreación, calidad de vida (p. 51).
Al enfatizar en los pilares fundamentales de la
educación es propicio parafrasear lo señalado por
Delors (1994) cuando destaca que el Aprender a
aprender: es indispensable desarrollar las habilida-
des de reflexión, análisis y aprendizaje de la propia
experiencia. El énfasis no está en la memoria sino
en el desarrollo de la inteligencia, creatividad, refle-
xión. Todos los días se resalta la originalidad, las
formas adecuadas para enfrentar un mundo en ace-
lerada carrera. Se debe aprender a definir los propios
conceptos y llegar a conclusiones propias. Significa
también valorar lo ético, lo que da plenitud, que en-
riquece la propia vida y la de los demás. Todo esto
tiene que ver con el estar abiertos a nuevos conoci-
mientos, seguir el proceso de crecimiento y los va-
lores que lo sustentan, aprender a convivir, aprender
a cambiar.
Otra competencia que debe demostrar el do-
cente en correspondencia con lo expresado por Ca-
sares (Ob. Cit.) es el dominio personal, por cuanto
la fuente del crecimiento y el desarrollo personal
está en mismo, la vocación y el sentido vital que
orienten a la propia vida dependen de cada persona.
La primera tarea de cada ser humano es conocerse a
sí mismo y dirigir su propio destino. Esta es la base
de la libertad, poder personal, felicidad y trascen-
dencia. Hoy se habla de inteligencia emocional o la
sabiduría de vivir y construir el propio destino.
Cabe destacar que la función docente para
adecuarse al entorno de cambios actuales requiere
redimensionarse y asumir un enfoque sustentado en
competencias de diversa índole, pero que se orien-
tan fundamentalmente a un enfoque integrado del
docente quien deja de ser un simple transmisor de
información para transformarse en un ser humano,
que impregna con su actuación y valores todo el pro-
ceso formativo, este último ya no implica sólo una
dimensión cognitiva sino también social, cultural,
ética, que permita crear en palabras de Casares (Ob.
Cit.) una nueva civilización.
Por lo tanto, será objetivo de la educación ac-
tual y de los docentes en particular, de acuerdo con
Day (Ob. Cit.) enfocarse a fortalecer en los estudian-
tes lo único que les puede dar seguridad y garantía
de desarrollo humano y profesional: el desarrollo in-
tegral de las competencias de pensamiento, de rela-
ción humana, autoconocimiento, autocontrol, des-
cubrimiento y apropiación de la belleza y la bús-
queda de la verdad.
Todo docente, además, debe favorecer la ex-
periencia de conciencia, gozo, reflexión y asimila-
ción que ayuden a integrar los conocimientos y las
vivencias con la realidad existencial de los estudian-
tes, dentro de la etapa de desarrollo en que se en-
cuentren, asegurando enriquecer sus capacidades y
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habilidades. Otro desafío para el docente es que, en
cada encuentro con los estudiantes, él mismo sea
testigo y goce la vivencia única de los participantes
de redescubrir el conocimiento, crear arte, desarro-
llar las habilidades, vivir la sorpresa de lo nuevo,
forjar la voluntad a través de la disciplina e ir en-
samblando el rompecabezas de su propia construc-
ción vital.
La condición según Bisquerra (2018) para po-
der facilitar de esta manera el aprendizaje es que el
maestro en su vida privada sea una persona vital que
esté en constante investigación, reflexión y bús-
queda de respuestas a su propia existencia; es decir,
que posea una disposición permanente al aprendi-
zaje y al descubrimiento, que mantenga un diálogo
continuo consigo mismo, conocedor de que su vo-
cación y en el ejercicio de enriquecer sus capacida-
des de una manera integral para ser un miembro pro-
ductivo de la comunidad. Sin embargo, aún se ve en
las aulas de clase ese docente tradicional que le
cuesta asumir este nuevo modo de hacer docencia
vinculando su ser representado por su inteligencia
emocional con su modo de concebir la educación y
el proceso educativo que sería su estilo de pensa-
miento.
El asumir este nuevo enfoque de la inteligen-
cia emocional propuesto por Bisquerra (Ob. Cit.),
implica que el individuo puede sentir, entender, con-
trolar y modificar estados anímicos propios y aje-
nos, habilidades que indican sus potencialidades de
éxito o fracaso en el entorno. Estos aspectos definen
su inteligencia emocional y de ésta dependen sus re-
laciones interpersonales, su liderazgo, su toma de
decisiones y hasta sus habilidades de comunicarse
efectivamente.
Según el autor precitado, se encuentra así el
reto de la educación actual en cambiar el accionar
docente desde la perspectiva de incorporar al pro-
ceso de enseñanza su yo personal y social, lo que lo
llevará a asirse del aprender a aprender, a convivir y
a cambiar, basado en estos elementos el educador
estaría asumiendo tanto la consideración de la inte-
ligencia emocional como de los estilos de pensa-
miento en el desarrollo de su actividad laboral.
Al hacer referencia a los estilos de pensa-
miento, se encuentra que aun cuando se evidencien
constantes cambios y reorganizaciones para acomo-
darse de la red representacional de las personas éstas
mantienen un perfil cognitivo a lo largo de períodos
temporales más o menos largos lo que genera que en
cada individuo se establezcan ciertos rasgos comu-
nes aun cuando se modifiquen sus problemas de co-
nocimiento así como sus reconfiguraciones cogniti-
vas, caso contrario, puede ocurrir que el mismo pro-
blema de conocimiento sea procesado en forma di-
ferencial de acuerdo a las personas que busquen re-
solverlo.
El docente cómo cada persona busca solucio-
nar sus problemas de conocimiento, se puede ir re-
forzando y mantenerse estable de acuerdo a la
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efectividad de las operaciones que realiza en resol-
ver la problemática que se le presenta. Cada repre-
sentación se configura de acuerdo a cierto orden que
se convierte en un patrón, que va más allá de los
contenidos de información que posee la persona de
manera individual. De esta manera, el estilo de pen-
samiento conlleva a este perfil cognitivo y se basa
en la relativa estabilidad de la secuencia estratégica
que se sigue preferentemente de acuerdo a la deci-
sión del sujeto o a su eficiencia en la utilización de
la misma. Por lo tanto, constituye una relación que
vincula los elementos que constituyen el proceso de
producción y validación de los conocimientos.
El estudio de esta realidad conlleva al desarro-
llo de este ensayo contextualizado en la Universidad
Nacional Pedro Henríquez Ureña y específicamente
en el Decanato de Ciencias de la Salud, donde se
destaca la desvinculación entre el modo de enseñar,
de concebir la realidad para ser explicada al estu-
diante y el ser del docente desde la perspectiva afec-
tiva su yo personal, espiritual y social si se asumen
las palabras de Casares (Ob. Cit.).
En este entorno, aun cuando se ha capacitado
a los docentes en cuanto a las nuevas propuestas cu-
rriculares desde los cambios surgidos con la apari-
ción del constructivismo en el eje curricular tal
como se establece en el Pacto Nacional para la Re-
forma Educativa en la República Dominicana
(2014-2030) se considera que la pertinencia de la
educación, en todos sus niveles, descansa en
aquellos contenidos curriculares capaces de dotar a
las personas de las competencias necesarias para en-
frentar los desafíos del mundo actual, de construir
ciudadanía plena para convivir en sociedad y de
atender las necesidades del desarrollo social, econó-
mico, científico, tecnológico y cultural del país, en
consonancia con la Estrategia Nacional de Desarro-
llo.
Esta realidad reflejada en el documento del
pacto antes mencionado conduce a reconocer que,
entre otros factores, la calidad profesional, la forta-
leza moral, la dignificación y la entrega de los edu-
cadores juegan un rol clave en la calidad de la edu-
cación. Por tanto, la formación profesional y peda-
gógica, inicial y continuada de los docentes es fun-
damental para transformar el desempeño y la cali-
dad de la educación dominicana, en la que no se deja
de lado el enfoque de la construcción del propio co-
nocimiento a través de los espacios de aprendizaje,
del compartir de experiencias y del diálogo de sabe-
res como estrategia para que tal construcción se dé;
continúa siendo evidente una desvinculación del ser
del docente con su hacer pedagógico.
Al estudiar el contexto del estudio de la uni-
versidad del país, se pudo observar que existe una
clara orientación hacia la enseñanza tradicional
donde el docente todo lo sabe y el estudiante es un
aprendiz, existe un predominio del saber teórico, el
cumplimiento de una planificación, hay poca inter-
acción docente-alumno y cuando ocurre, se basa en
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el contenido académico, las actividades a realizar,
existe escaso contacto y vinculación afectiva entre
estos actores educativos, por supuesto, se da preemi-
nencia a un estilo de pensamiento aparentemente
abstracto donde priva la razón, en este caso la de los
contenidos que se enseñan y la del docente que los
sabe por lo que se recurre sólo a un proceso básico
de pensamiento que es la memoria, descartando
otros que son los que definen el pensamiento abs-
tracto como la solución de problemas eje y origen
de los estilos de pensamiento.
Desarrollo
Una visión tradicional de la inteligencia la de-
fine como la habilidad general que se encuentra en
diferentes grados en todos los individuos. En la ac-
tualidad este término en esta acepción no logra ex-
plicar grandes áreas de la actividad humana, por
cuanto excluye una serie de habilidades mucho más
amplias que las inteligencias verbales, lógica-mate-
mática y espacial, aspectos éstos asociados mayor-
mente, con el desempeño académico y laboral.
Contrario a este planteamiento, Goleman
(2003) señala que existe la inteligencia emocional
ubicándola dentro de la denominada inteligencia in-
terpersonal, subdividiendo esta última en cuatro ha-
bilidades, a saber: liderazgo, capacidad de cultivar
relaciones (mantener amistades), resolver conflictos
y destrezas en el análisis social. En general, la inte-
ligencia emocional es aquella que permite interac-
tuar con los demás, trabajar en grupo, tolerar
situaciones difíciles y de conflicto, fortalecer víncu-
los afectivos, establecer empatía social, controlar
los impulsos y mantener niveles adecuados de hu-
mor.
Más específicamente, la inteligencia emocio-
nal (IE) es un término acuñado por Peter Mayer y
John Salovey en 1983 y difundido por Goleman en
1995, al cual se le considera como la capacidad de
sentir, entender, controlar y modificar estados
anímicos propios y ajenos. Este término surge como
resultado del papel que se le atribuye al conoci-
miento de mismo y a la sensibilidad frente a los
otros como componentes esenciales de la inteligen-
cia.
Tales elementos se encuentran presentes en el
ejercicio de la función docente porque se concibe
desde la perspectiva humanista antes referenciada
como un ser bueno, en continuo cambio, orientado
a la autorrealización que puede y debe ser capaz de
controlar sus emociones y comprender las ajenas
manifestando empatía ante los otros. Igualmente,
Salovey y Mayer citados por Martín y Boeck (2003)
concretaron qué es lo que de hecho integra la com-
petencia emocional e identificaron cinco capacida-
des parciales diferentes, entre las que se consideran:
reconocer las propias emociones, saber manejar las
propias emociones, utilizar el potencial existente,
saber ponerse en el lugar de los demás, crear rela-
ciones sociales.
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Estos cinco componentes se ponen en eviden-
cia al desarrollar la función docente la cual debe es-
tar orientada hacia la comprensión de mismo y del
otro para poder enseñar, el control de sus emociones
y la comprensión de las de los otros, así como sus
habilidades para comunicar y para ser empático le
permitirán crear las relaciones sociales con sus estu-
diantes, colegas, padres, representantes, otros acto-
res educativos y con el entorno en el que se encuen-
tra enmarcada la institución educativa en la que la-
bora, favoreciendo la interacción y el desarrollo de
un proceso de trabajo que implique la cooperación,
apoyo, intercambio y sinergia en los esfuerzos como
el que se demanda en la educación universitaria.
Así mismo, Salovey y Mayer, citados por
Martín y Boeck (Ob. Cit.) defienden la tesis que las
cualidades emocionales por ellos descritas pueden
aprenderse, desarrollarse y esto se consigue, me-
diante el esfuerzo por percibir de manera consciente
las propias emociones y las de los demás; así mismo,
consideran que la atención es la base para una mejor
gestión de las propias emociones y un trato más
consciente con las otras personas. Señalando, ade-
más, que la competencia emocional influye en todos
los ámbitos claves de la vida; incluyendo el trabajo,
la vida personal y social.
Simmons y Simmons (1998) profundizando
en las denominadas capacidades establecidas por
Mayer y Salovey las definen como habilidades prác-
ticas y las clasifican en dos áreas: las que pertenecen
a la inteligencia intrapersonal, que son internas e im-
plican el autoconocimiento. En cuanto a las que se
engloban dentro de la Inteligencia Interpersonal, se
consideran externas y de relación, contemplan dos
habilidades, a saber: la empatía (entender qué están
sintiendo otras personas desde su perspectiva) y las
habilidades sociales (incluyen la popularidad, el li-
derazgo y la eficacia interpersonal, las cuales pue-
den ser utilizadas para persuadir y dirigir, negociar
y resolver conflictos, pedir cooperación y trabajar en
equipo).
De igual manera, cada una de estas habilida-
des prácticas fueron subdivididas por Goleman
(2003) en diferentes competencias entre las cuales
incluyó: Autoconciencia, Autorregulación y Moti-
vación. Además, el educador requiere cumplir con
las metas personales, institucionales, curriculares,
propias del estudiante y de la comunidad con res-
pecto a la labor que realiza para ello debe estar
orientado al logro, asumir un compromiso con su la-
bor, persistir hasta alcanzar los objetivos propuestos
y aprovechar las oportunidades de desarrollo para el
alcance de los propósitos establecidos en los proyec-
tos educativos que formula.
Empatía
Implica tener conciencia de los sentimientos,
necesidades y preocupaciones de los otros. Contem-
pla los siguientes aspectos: comprensión de los
otros. Desarrollar a los otros (estar atento a las ne-
cesidades de los demás y reforzar sus habilidades).
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Servicio de Orientación (anticipar, reconocer y sa-
tisfacer las necesidades reales de los demás). Poten-
ciar la diversidad (cultivar las oportunidades labo-
rales o académicas a través de los distintos tipos
de personas). Conciencia política (ser capaz de leer
las corrientes emocionales del grupo, así como el
poder de las relaciones con sus miembros).
Destrezas sociales
Implica ser un experto para inducir respuestas
deseadas en los otros. Estas destrezas dependen de
las siguientes capacidades emocionales: influencia,
comunicación, manejo de conflictos, liderazgo, ca-
talizador del cambio, constructor de lazos, colabo-
ración y cooperación, capacidades de equipo.
Aunado a lo anterior, Segal (2003) establece
que la IE tiene beneficios para el desempeño perso-
nal, entre los cuales incluye: incrementa la autocon-
ciencia, favorece el equilibrio emocional, fomenta
las relaciones armoniosas , potencia el rendimiento
laboral o académico, aumenta la motivación y el en-
tusiasmo, otorga capacidad de influencia y lide-
razgo, mejora la empatía y las habilidades de análi-
sis social, aumenta el bienestar psicológico, facilita
una buena salud y brinda defensas para la reacción
positiva.
Así mismo, el autor antes citado, establece
diez criterios para alcanzar la sabiduría emocional
los cuales permiten mantenerse consciente de
mismo y sentirse realizado. El primero de estos cri-
terios hace referencia a convertir el cuidado del
cuerpo en una prioridad, señalando que debe des-
cansarse lo suficiente, hacer ejercicio y comer de
modo balanceado; esto ayudará a estimular la con-
ciencia emocional y a despertar la percepción. Un
segundo criterio implica buscar el sentimiento en el
cuerpo y no en la cabeza, ya que las emociones ha-
blan a través de las vísceras y de la musculatura.
Un tercer criterio, establece que debe desarro-
llarse el músculo emocional cada día dedicando
tiempo a concentrarse en la experiencia emocional,
viviendo el momento, manteniendo la conciencia
emocional en su vida cotidiana. El cuarto criterio, se
refiere a la aceptación de lo que se siente, siendo ca-
paz de tolerar sentimientos que no necesariamente
producen placer. En quinto lugar, estableció que
debe abrirse el corazón a los demás, introduciendo
la capacidad de sentir en el amor, el trabajo, los es-
tudios y la familia.
En cuanto al sexto criterio, Segal (Ob. Cit.)
hace referencia a la necesidad de actuar, de hacer
cosas que le hagan sentir útil e importante, dejando
que los sentimientos influyan en las elecciones e ins-
piren las acciones. En séptimo lugar considera que
debe escucharse con empatía, buscando descubrir
los sentimientos que se encuentran bajo las palabras.
Un octavo criterio implica decir cómo se siente. El
noveno aspecto reflexiona la utilización del cambio
como una oportunidad para madurar y finalmente,
el décimo aspecto contemplado por esta autora, hace
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referencia a la necesidad de llevar una dosis de hu-
mor adonde quiera que se vaya.
De lo cual puede inferirse, que gran parte de
la IE tiene relación con el autoconocimiento, auto-
control, autocuidado y el intercambio con los de-
más. De allí la consideración de la IE como una
meta habilidad, es decir, la habilidad para adquirir
nuevas habilidades; por esto, determina en qué me-
dida se podrán utilizar correctamente otras habilida-
des incluyendo la inteligencia general.
En palabras de Goleman (2003) el Coeficiente
Emocional (CE) puede sustituir en el futuro al Coe-
ficiente Intelectual (CI), señalando al CI como un
mal predictor del éxito en la vida, ya que el 80% de
éste depende de otras causas, muchas de ellas de ca-
rácter emocional, llegando inclusive a afirmar que
ni el CI ni el rendimiento académico son buenos pre-
dictores de la productividad en el trabajo y por lo
tanto, la inteligencia emocional es independiente de
la inteligencia académica, existiendo una baja e in-
clusive nula correlación entre el CI y el bienestar
emocional.
Conclusiones
La inteligencia emocional contribuye al
desempeño laboral del docente de educación univer-
sitaria potencializando sus habilidades para las rela-
ciones interpersonales, la toma de decisiones, la me-
diación en el proceso de aprendizaje, el ejercicio del
liderazgo, el trabajo colaborativo y cooperativo, así
como el desarrollo de la iniciativa, comprensión, au-
tocontrol, empatía. Por lo tanto, es posible destacar
algunos elementos diferenciadores de lo que hasta
ahora se ha concebido como inteligencia emocional
y estilos de pensamiento, que permiten atender a la
intencionalidad con la que se desarrolló este ensayo.
En tal sentido, es importante destacar que la
inteligencia emocional es un proceso constructivo,
reconstructivo y recursivo en el que se conjugan la
emocionalidad propia y el control sobre ella, así
como la comprensión del otro como sujeto emocio-
nal, no hay emoción propia sino es el contexto social
y en contacto con el otro, por esto, la emocionalidad
del docente impregna su quehacer y condiciona su
relación con otros seres, en este caso, sus estudian-
tes.
Tal emocionalidad permite una vinculación,
una reflexión y un quehacer impregnado como una
habilidad social que le permite comprender al estu-
diante en un marco de reconocimiento y de respeto,
el docente no deja de ser el mediador del conoci-
miento, pero se transforma en un ser humano que se
expresa y que actúa como modelo del control emo-
cional, de la necesaria convivencia, así como de la
relación interpersonal caracterizada por valores de
intercambio que permitan el desarrollo de sí mismo
y de sus estudiantes.
Además, es un docente que comprende y que
se acerca al estudiante desde esa comprensión que
tiene de y del otro, busca una relación dialógica
ISSN: 2665-0398
Revista Aula Virtual, ISSN: 2665-0398; Periodicidad: Continua
Volumen: 5, Número: 12, Año: 2024 (Continua -2024)
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de a y de nosotros, el aula es así un medio de
innovación, de transformación, de libertad, de libre
pensamiento, de ser libre y hacerse libre. Se está
ante un docente humano y humanizado, libre de pre-
juicios de dogmas que es un agente formador real-
mente porque parte de la realidad emocional propia
y del estudiante para asumir el proceso de enseñanza
y para que el estudiante aprenda desde su propia
concepción del mundo.
Los estilos de pensamiento en este contexto
son una vía para estructurar la realidad que siempre
va a estar inmersa, impregnada de emociones sin las
cuales es imposible aprender afectiva, efectiva y
productivamente, son creadores de su aprendizaje a
través de un adecuado manejo emocional, que les
permita interactuar eficientemente y compartir lo
que son, quiénes son y lo que saben en una relación
entre iguales.
Se tiene así una educación viva, ajustada a la
realidad, un docente vivo con emociones, sin prejui-
cios, sin limitaciones, hay flexibilidad, creatividad
en su quehacer y eso mismo ofrece a sus estudiantes
por lo tanto promueve un estilo de pensamiento
abierto, fluido, eficaz, eficiente y creativo.
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